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Ahora sí

Wednesday, December 3, 2008

Ya empiezo a fiarme. Aunque no seamos santos, al menos nos queda algo de ingenuidad. La suficiente como para soñar con la unión equitativa de los pueblos. La Unión Europea está viviendo un sueño: queremos crear un mundo nuevo, aunque esté compuesto de materiales viejos, desechables casi, pretendemos reciclarlo. No será genial, pero puede ser práctico. Aprovechando lo mucho bueno que todas las viejas culturas atesoran, al mezclarlo todo, se ve mejor qué es lo que va sobrando. Sobran, sobre todo, quienes se crean infalibles y tengan vocación de dominio exclusivo. Los errores siempre son individuales, los pueblos no se equivocan. Son conducidos al error, que es otra cosa. Las personas pueden transformar las instrucciones recibidas, usándolas para fines distintos a los indicados. Acoplando cosas dispares, terminan por hacerlas servir a un fin común.

El progreso es hijo de la duda. No podemos aferrarnos a la memoria histórica. Hay que tener también capacidad de olvido y trasformación. No se puede sacralizar todo el pasado. La mayor parte del pasado humano, es prescindible. Ha sido un errar entre errores encadenados. Todos se reconocen progenitores de sus propios aciertos, mientras a los errores se los mira como hijos ilegítimos.

Quien cree a un dirigente, por el hecho de serlo, no suele ser crítico. Se lo prohíben las propias reglas impuestas por la tradición. Si le surgieran dudas, se sentiría culpable; lo achaca a su falta de fidelidad al dirigente. Eso es lo que ha aprendido. A no dudar de los superiores y a no dudar sobre la doctrina asimilada, aunque pueda ser inconsistente. No se admite la duda. Quien dudase, caería fuera del sistema, quedando excluido :Al dudar se incurre en pecado. Todo esto es la antitesis del pensamiento científico, que conduce al progreso, al conocimiento. En él todo es duda, razonamiento, estudio, análisis, comprobación. Concluyendo, sin certezas no hay religión, sin dudas no hay ciencia. La historia de la humanidad no es más que un relato sobre la adaptación del hombre al medio. Como hace todo ser vivo. Se experimenta y se aprende constantemente. Una parte de estas experiencias y conocimientos derivados, se transmiten a generaciones herederas. Los inadaptados desaparecen. El progreso científico y económico, la acumulación de conocimientos y bienestar por la Humanidad, comenzó cuando los científicos pudieron liberar a la ciencia de sus ataduras mágicas y la dictadura religiosa. Es bueno que Europa sea una amalgama de pueblos, donde no prevalezca, dominantemente, una creencia unificada. Los problemas del mundo se solucionan científicamente, no con especulaciones angélicas.

Quien busca que los espíritus permanezcan quietos, sin avanzar en la evolución de sus pensamientos, es como si pretendiera encontrar la quietud definitiva del Universo. Ni el espíritu humano permanece quieto, ni el Universo fue creado en un día. Desde el principio, evoluciona, y seguirá evolucionando. El espíritu no tiene fronteras, ni reposo. Abrir arcanos, investigar, dudar, es la principal misión del laico. Para saber lo más posible, se ha de creer lo menos posible. El principal defecto de nuestro sistema de enseñanzas, no es lo que se enseña, sino lo que no se aprende. No se enseña a pensar, a investigar, a deducir, a dudar. Se nos enseñan demasiadas ‘verdades’ indiscutibles, porque pensar conduce a la duda, y ésta a la falta de fe.

Quien impone creencias preconcebidas, impide ejercitar el derecho a investigar, mutilando la personalidad del humano. Incluso los animales menos inteligentes quieren saber. Los seres irracionales, clasificando como tales a los no humanos, mueven la investigación, probablemente, dentro de límites que sirven para mejorar su existencia animal. ¿Hemos de limitarnos los humanos a comer, creer, reproducirnos y morir?

Los gobernantes, cuando legislan, probablemente lo hacen pensando que su aplicación está destinada a ser cumplida por otros, no por ellos mismos.

Quienes viven de meter miedo a la gente pobre de espíritu, atribuyéndose poderes supra mundanos, deberían ser más prudentes en la asunción de tales atributos. Las llaves del cielo no pueden tener un dispensador único, que las distribuya, a su antojo, a quienes les sean gratos. Todos somos portadores de nuestras propias claves para la posteridad. Toda felicidad futura reside en saber liberar nuestra mente de esclavitudes pasadas. Eso sólo se puede ir conquistando con la acumulación cotidiana de más conocimiento, para ir perdiendo el miedo a lo desconocido.

Las épocas de dogmatismos coinciden con la decadencia científica de los pueblos. Los principios religiosos siempre contienen la orden de obediencia ciega, sin permitir cuestionarse lo ordenado. La legitimidad siempre se le supone al mandamás, sin excepción, un hombre. Pero, quien no investiga, no conoce. El ignorante siempre es más manejable que el sabio. Quienes mandan, consideran nocivo todo lo que sea pensamiento libre. La educación dogmática no sólo castra al hombre, a la mujer la convierte en una disminuida psíquica, mutilando su capacidad de análisis.

“No seréis como dioses”, dice la Biblia. Querer saber algo más, es considerado, religiosamente, pecado de soberbia y vanidad, la tentación de Belfegor, demonio del orgullo, que tienta a los científicos. La cúpula del poder, pretende monopolizar la potestad de tener iniciativas y pensamientos innovadores. Derechos que se niegan al resto. Con lo que se llega a la masificación del ‘no-pensar’, para no pecar. En ese sistema, el mayor mérito es la obediencia al superior jerárquico. Todo hombre poderoso llega a serlo, tras haber planificado, uno a uno, los escalones que debía subir, para escalar al poder. Cuando se arriba a lo alto de cualquier escala, ya se ha perdido toda inocencia.