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Extinción de lo Perfecto

Tuesday, November 25, 2008

Hay una simetría subyacente entre el problema palestino–israelí y el que afecta a las relaciones sionismo-islamismo. Paralelismo que los acerca tanto, como crea rechazo entre ellos. Una característica de las religiones con un solo Dios, es la de considerar su variante como la única alternativa válida. Con lo que, implícitamente, descartan la validez de todas las demás. El monoteísmo, en cualquiera de sus variantes, produce el mayor porcentaje de intolerantes. Es la intolerancia en estado puro.

El antisionismo (no antisemitismo o antijudaísmo) que pueda detectarse en la actualidad, es una reacción intolerante a otra acción intolerable: el trato inhumano que los sucesivos gobiernos israelíes han proporcionado al pueblo palestino. Su represión incesante, parece claramente dirigida a provocar la expulsión, empobrecimiento y exterminio. Y eso es censurable. Si los ejecutores de tales despropósitos son judíos, tanto peor. Pues ellos deberían saber, por experiencia y sentido histórico, lo que eso significa.

Tan semitas son los palestinos como los judíos. Y sus derechos ancestrales a permanecer en los territorios palestino-israelíes son totalmente homologables. La condena del mundo no es a la raza, sino a la conducta.

Se trata de gobiernos, democráticamente elegidos, que van acercando su ideología a la de los exterminadores terroristas de cualquier creencia. Hay otras formas de gobernar: desde la humanidad. Pero Isaac Rabin fue asesinado por ello. Los fanáticos no perdonan a quien perdona.

La gran mayoría del pueblo israelí no se identifica con esas acciones execrables. Buscan y quieren una paz estable. Pero, con jefes de gobierno incapaces de dar amor, no se es amado.

En Europa tampoco habría tanta prevención sobre el mundo islámico, si no fuese tan evidente la relación directa entre diversos movimientos religiosos islamistas con organizaciones terroristas. La pervivencia de la sharia (ley islámica) en el tiempo, es tan negativa para la aceptación de su cultura como las arcaicas leyes del talión y pureza racial, que hacen retroceder a la historia hasta su origen. No se pueden invocar derechos divinos exclusivos. Pretendiendo, al tiempo, ser parte del mundo actual, regido por la razón y la ciencia. La Humanidad ha evolucionado. Quien crea que ya llegó a la perfección, es el peor enemigo de sí mismo. Ahora sólo le queda extinguirse. La Humanidad es Una.

Esto afecta a todos los dogmáticos de cualquier otra creencia. Entre la verdad y la mentira se encuentra la hipocresía. Participa de sus colaterales, sin igualarse a ninguna de ellas. Su característica es ser, siempre, algo distinto de lo que aparenta. Lo más cercano, es el engaño simulado.

Como los líderes religiosos que dicen no intervenir en política, aún cuando juegan con sus declaraciones doctrinales, en clave política. También empiezan a cultivarse los gobernantes que dirigen su país, según afirman, con el consejo especial, privado y directo de la divinidad. Si me permiten, empiezo a dudar: ¿es todo verdad, hipocresía o mentira? Los políticos que mienten al pueblo soberano, deberían ser inhabilitados como administradores de lo público.

Se puede mentir al enemigo, no al pueblo que lo alzó. La mentira a su pueblo lo convierte en traidor. El político es sólo administrador temporal del poder que le confían los ciudadanos. Puesto que el único titular de la soberanía es el conjunto de ciudadanos: el pueblo soberano. Cuando un gobernante transforma la mentira en su característica de gobierno, no merece la confianza que le fue otorgada. Verdad y lealtad van juntas. Mentira y deslealtad también.