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Esclavitud y Racismo

Saturday, November 8, 2008

La adaptación al entorno y las circunstancias variantes, es la mayor capacidad de evolución múltiple que el ser humano adquiere, a lo largo de su existencia. El humano se va modificando a través de sus contactos, experiencias, medios, conocimientos y cualquier circunstancia que le proporcione nuevas experiencias y habilidades. Para el desarrollo del individuo, es imprescindible contar con la capacidad de contactarse a los mejores de su grupo, adquiriendo y asimilando conocimientos que se suman a las experiencias previas.

La esclavitud es una consecuencia del racismo. Quienes se sienten diferentes y superiores, tienden a creer que los demás deben servirles. No depende tanto del color, nacionalidad y clase social, como de la impresión de superioridad.

Si la situación se consolida, como pasa frecuentemente, a lo largo de la historia, adquieren derechos consuetudinarios que, pasando a ser leyes, el resto debe adoptar.

Si estos hechos no fuesen refrendados y bendecidos por las organizaciones religiosas de todo el mundo, su pervivencia resultaría imposible. La mayor parte de diferencias sociales instituidas, tienen una base justificativa religiosa. La misma que obliga a respetar y considerar personas especiales, superiores, a quienes dedican su vida a ejercer profesiones religiosas. La autoprotección es básica. Las distintas categorías sociales de la aristocracia están basadas en sus clasificaciones como ‘defensores de la fe´. Los demás son el pueblo llano. Es decir, aunque, aparentemente, la vida cambie, lo sociedad sigue teniendo sus rigideces, basadas en creencias instituidas, no en excelencias.

La evolución de la sociedad no puede prescindir del progreso de las costumbres que se van formando en su núcleo. Influenciadas, en muchos casos, por cambios en su entorno. La suma de circunstancias, externas e internas, que el individuo vive, es lo que va alterando su vida y el concepto que de la misma tenga.

La mayor parte de los cambios evolutivos son lentos y sucesivos, pero no todos, ni siempre. También en la evolución de los individuos, como en la sociedad, hay revoluciones, cambios bruscos, mutaciones, debido a la intervención de circunstancias extraordinarias, a veces únicas, que interrumpen la rutina, alterando el orden de las sucesos, produciendo con ello saltos sociales o genéticos, que complican la rutina.

La verdad es que la esclavitud, fruto de una época, persiste en el tiempo, sin ser ni siquiera discutida como ilegítima, en las páginas bíblicas o coránicas, sino, más bien, justificada. En cuanto al racismo y la estratificación de la sociedad humana, la impresión general que captamos es, que los dioses fueron creados para su específico pueblo elegido, en cada caso, por encima de cualquier otra consideración. Sólo la evolución moderna de las doctrinas, con nuevos conceptos sociales, al pretender universalizarse, debió eliminar barreras entre los hombres. Las concepciones de pueblos escogidos, aíslan demasiado, en un mundo sin fronteras.

En cuanto al racismo y la estratificación de la sociedad humana, la impresión general que captamos es, que los dioses no razonan, eligen. Fueron creados para sus específicos pueblos elegidos, en cada caso, por encima de cualquier otra consideración razonable

En el mundo de las ideas, no hay revoluciones. La evolución lo es todo. Siempre hay antecedentes. Nada nace sin generadores. El progreso de la vida está en esa evolución constante. Que permite adaptarse a las circunstancias todo lo viviente, para asentir su existencia. El hombre actual no es el de las cavernas. Sus miembros, su cerebro, su sistema inmunológico, han ido adquiriendo unos trazos y dejando otros. Sólo algunas cosas pretenden ser inamovibles, para ser consideradas auténticas. Entre ellas la fe. La fe en lo que sea. En sí mismo, en el propio Dios, en la nación, en el destino,…la fe es la atadura más poderosa con la que los caudillos pueden paralizar la mente de los pueblos, o arrastrarlos en la dirección que deseen.

Conociendo mínimamente la historia de la Humanidad, vemos la reiteración de los casos. El patriotismo, el nacionalismo, el amor a sí mismos y la fe en un destino propiciado por Dios, pueden crear adhesiones inquebrantables en su momento, pero que resultan inexplicables pasado el tiempo. Cuando asumimos una creencia, sea cual fuere, tendemos a irla afianzando en nosotros, hasta convertirla en algo consubstancial.

El común de los humanos preferimos creer ciegamente, antes que probar la consistencia de nuestra fe. Analizar no es renunciar. No es un error equivocarse. Sí es un error pensar que no podemos equivocarnos. La tendencia a creer que nuestra verdad, nuestra sociedad, nuestra forma de ser y conducirnos es la mejor, nos hace inflexibles. Quisiéramos que los demás tuviesen las mismas convicciones que nosotros.

Así nos sentiríamos más afianzados. Ante lo diferente, sentimos inseguridad. Cuando quien piensa con tanta seguridad en la inamovilidad de sus creencias es un hombre poderoso, la inflexibilidad de su fe puede resultar peligrosa para su entorno. Querrá que todos lo acepten, que piensen como él, que lo tomen como jefe. Y, si ese hombre es el dirigente de una nación poderosa, la más poderosa entre las naciones, no se conformará con menos que la sumisión de todas las otras. Debida a quien se cree investido directamente con el poder de Dios. In God we trust. En Dios confiamos, dice su lema, y se lo creen. Nosotros también. Esperemos que nuestros dioses sean el mismo Dios. Con los imperios nunca se sabe, siempre han impuesto el suyo, el que más les favorece.

La base del poder terrenal es la creencia en poderes celestiales, que nos prefieren, cono nosotros los preferimos. La autosugestión es básica, para poder sostener cualquier organización de gobierno que trascienda lo puramente razonable. Para potenciar nuestras ideas, no necesitamos fuerzas externas, sino, simplemente, organización, concentración y afianzamiento. El método es básico. Sin el previo convencimiento de que podemos organizar nuestros pensamientos, fracasaremos.

No hay que crear mundos de fantasía, sino profundizar el conocimiento de nuestra existencia y motivaciones. Si nos basáramos en el pensamiento científico, el pensamiento matemático y su sentido de la abstracción, no nos perderíamos tan fácilmente entre las nebulosas del etéreo pensamiento místico.