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Al César lo suyo, nada más

Saturday, November 29, 2008

Para avanzar hay que escoger, dudar. Quien crea haber alcanzado la meta, ya no avanza. Las dudas son creativas, sirven para mejorar lo existente. Sin búsqueda no hay hallazgos, descubrimientos. La ciencia no podría existir sin tener dudas, sobre todo. Como las religiones organizadas no podrían subsistir sin certezas, sin creencias, sin fe. Lo que significa creer sin dudar, sin investigar, sin comprobar. Quien llega a esas verdades últimas, intocables, ya alcanzó el final de su camino.

En ciencia no hay nada intocable. Todo se revisa, constantemente. En ella, las verdades no son eternas, tienen siempre algo de provisional. Se mantienen como certezas, hasta que se encuentra algo mejor.

Las verdades de tipo religioso, que pretenden ser absolutas, convierten a las religiones en conjuntos estáticos. Mientras la ciencia avanza, día a día. De ahí surgen las principales diferencias entre hombres de ciencia, de verdades trabajadas, y hombres de conciencia, de verdades reveladas. Las creencias son privadas, la fe se siente de forma personal. Mientras, la ciencia es pública, transmisible, universal, demostrable. De ahí, de esa diversidad de las verdades, parte la habitual reticencia a la aplicación de nuevas técnicas y conocimientos científicos, que muestran la mayoría de grupos religiosos. Pues, al derivar sus reglas de vida de principios que estiman básicos en sus creencias, se resisten a flexibilizar mandatos, que consideran divinos, cuando los nuevos conocimientos puedan presentar el peligro de relegar sus principios.

Por eso, aún cuando la religión tenga mucho de política, pues asienta las bases de convivencia de las personas, también la política tiene mucho de religión, puesto que se basa en creencias aplicables al buen gobierno de los pueblos. No olvidemos que, en el comienzo de las civilizaciones, no hubo diferencias entre reglas políticas o religiosas, todas tuvieron un mismo principio: la reglamentación de la convivencia en la tribu.

En la actualidad, hay matices ineludibles, la religión está más dirigida al individuo, a su conciencia. La política, si se dirigiese al individuo, lo hace más considerándolo un miembro de la sociedad, refiriéndose a su convivencia dentro del grupo.

En ciencia no hay nada intocable. Todo se revisa, constantemente. En ella, las verdades no son eternas, tienen siempre algo de provisional. Se mantienen como certezas, hasta que se encuentra algo mejor.

Babilonia, o los del Sacro Imperio, pasaron a la historia, afortunadamente.

Cielos Imposibles

Thursday, November 27, 2008

Se nota que las religiones han sido concebidas por hombres. Incluso en las relaciones de pareja paradisíacas se pide a la mujer sumisión. No acaban de comprender que, antes que hombres y mujeres, somos seres humanos. En los cielos, supongo que, sin cuerpo, seremos sólo el recuerdo que de nosotros quede.

Las religiones dan forma a las culturas y sus leyes. Si encontramos defectos en la pirámide social, busquemos su origen organizativo en las viejas creencias heredadas. Donde la mujer tiene reservado un papel de servidora del hombre. Hay que abolir directrices arcaicas. Que vayan buscando teorías nuevas a “la costilla de Adán”. La sumisión no puede ser eterna. La obediencia debida en la pareja, atañe a ambos, por igual.

En el Corán, también se da cabida en la vida eterna del Paraíso a los animales. Base para ello, es el párrafo siguiente: ‘ No hay bestia sobre la tierra, ni pájaro en el aire, que no forme comunidades semejantes a las humanas. No hemos descuidado nada en el Libro. Luego, junto a su Señor, serán reunidos.’ Se piensa que tal creencia la pudo recoger Mahoma del antiguo Mazdeísmo, aún vivo en su época.

El Cielo debió ser concebido por ángeles, seres andróginos, al fin y al cabo, que no deben tener muy claro lo que prefieren: si carne o pescado. Según sea la religión de que tratemos, los cielos difieren. Entre paraísos, llenos de mancebos y huríes, potros retozones y frutas aromáticas, aguas frescas y flores fragantes, o quietud y paz suma.

En fin, cada soñador lo ha concebido a imagen de sus sueños. Parece imposible que puedan contentar a todos los soñadores de buena voluntad, que vayan a reunirse en su cielo prometido. Seguro que están divididos por zonas, como los parques temáticos.

¿Se figuran que todas las almas benditas fueran a parar al mismo cielo? Budistas y musulmanes, inuis y maoríes. Unos buscando paz y otros dando la lata a sus huríes, caballos y ballenas. Creo que sería un caos, más o menos como en la Tierra. Aficiones y pretensiones polivalentes, multicolores. Debe ser complicado eso de intentar proporcionar felicidad continuada, excelsa, a millones de personas, o espíritus personales. Simultáneamente, eternamente. Quienes concibieran los cielos paradisíacos, en las distintas religiones, debieron ponerse de acuerdo, al menos, en esto: ¿Qué entretenimiento ofreceremos a las almas benditas, durante toda la eternidad, que es larguísima, para que no se aburran del mismo espectáculo, durante miles de años? Yo, personalmente, preferiría que mi cielo, tras la muerte, fuese la Nada. Apagón total. Fin. La verdad es que, la Eternidad, me resulta un poco demasiado larga, para aguantarla. Me salgo.

A la serpiente se la condiciona como reprobada por Dios, sin cabida en el Paraíso. Representa a Satanás, se peca al tocarla. Esta clasificación, puramente moral, no natural, de las serpientes, las ha convertido en objeto de numerosas leyendas de maldad. Y esto ya a partir del poema de Guilgamesh, antecedente babilonio del relato bíblico sobre el Paraíso.

Extinción de lo Perfecto

Tuesday, November 25, 2008

Hay una simetría subyacente entre el problema palestino–israelí y el que afecta a las relaciones sionismo-islamismo. Paralelismo que los acerca tanto, como crea rechazo entre ellos. Una característica de las religiones con un solo Dios, es la de considerar su variante como la única alternativa válida. Con lo que, implícitamente, descartan la validez de todas las demás. El monoteísmo, en cualquiera de sus variantes, produce el mayor porcentaje de intolerantes. Es la intolerancia en estado puro.

El antisionismo (no antisemitismo o antijudaísmo) que pueda detectarse en la actualidad, es una reacción intolerante a otra acción intolerable: el trato inhumano que los sucesivos gobiernos israelíes han proporcionado al pueblo palestino. Su represión incesante, parece claramente dirigida a provocar la expulsión, empobrecimiento y exterminio. Y eso es censurable. Si los ejecutores de tales despropósitos son judíos, tanto peor. Pues ellos deberían saber, por experiencia y sentido histórico, lo que eso significa.

Tan semitas son los palestinos como los judíos. Y sus derechos ancestrales a permanecer en los territorios palestino-israelíes son totalmente homologables. La condena del mundo no es a la raza, sino a la conducta.

Se trata de gobiernos, democráticamente elegidos, que van acercando su ideología a la de los exterminadores terroristas de cualquier creencia. Hay otras formas de gobernar: desde la humanidad. Pero Isaac Rabin fue asesinado por ello. Los fanáticos no perdonan a quien perdona.

La gran mayoría del pueblo israelí no se identifica con esas acciones execrables. Buscan y quieren una paz estable. Pero, con jefes de gobierno incapaces de dar amor, no se es amado.

En Europa tampoco habría tanta prevención sobre el mundo islámico, si no fuese tan evidente la relación directa entre diversos movimientos religiosos islamistas con organizaciones terroristas. La pervivencia de la sharia (ley islámica) en el tiempo, es tan negativa para la aceptación de su cultura como las arcaicas leyes del talión y pureza racial, que hacen retroceder a la historia hasta su origen. No se pueden invocar derechos divinos exclusivos. Pretendiendo, al tiempo, ser parte del mundo actual, regido por la razón y la ciencia. La Humanidad ha evolucionado. Quien crea que ya llegó a la perfección, es el peor enemigo de sí mismo. Ahora sólo le queda extinguirse. La Humanidad es Una.

Esto afecta a todos los dogmáticos de cualquier otra creencia. Entre la verdad y la mentira se encuentra la hipocresía. Participa de sus colaterales, sin igualarse a ninguna de ellas. Su característica es ser, siempre, algo distinto de lo que aparenta. Lo más cercano, es el engaño simulado.

Como los líderes religiosos que dicen no intervenir en política, aún cuando juegan con sus declaraciones doctrinales, en clave política. También empiezan a cultivarse los gobernantes que dirigen su país, según afirman, con el consejo especial, privado y directo de la divinidad. Si me permiten, empiezo a dudar: ¿es todo verdad, hipocresía o mentira? Los políticos que mienten al pueblo soberano, deberían ser inhabilitados como administradores de lo público.

Se puede mentir al enemigo, no al pueblo que lo alzó. La mentira a su pueblo lo convierte en traidor. El político es sólo administrador temporal del poder que le confían los ciudadanos. Puesto que el único titular de la soberanía es el conjunto de ciudadanos: el pueblo soberano. Cuando un gobernante transforma la mentira en su característica de gobierno, no merece la confianza que le fue otorgada. Verdad y lealtad van juntas. Mentira y deslealtad también.

Armas del Alma

Sunday, November 23, 2008

En religión, como en magia y brujería, han sido utilizados los sueños, visiones y pesadillas, como fuentes de interpretación del saber. Pero, más que relacionándolos con la personalidad del soñador, como suele hacerse en psicología o psiquiatría, se le da un significado exterior al individuo. De forma que, a cualquier amalgama de imágenes visionadas durante el sueño, se le confiere una interpretación acorde con las creencias o conveniencias de quien las traduce.

El poder de las creencias, anula la racionalidad de la mente. Dado que los desórdenes mentales de cualquier tipo fueron considerados, hasta tiempos muy recientes, por las autoridades eclesiásticas, como posesiones diabólicas, se oficiaban rituales de exorcismo, para los que usaban gemas tales como el jacinto almandino. Junto con un pan bendito y una cruz, a ser posible, de plata. El pan y la cruz representando a Cristo, y el jacinto almandino a la sangre de los mártires. El poder de la ciencia se arrodillaba a los pies de la cruz. En los hospitales psiquiátricos, ejercía más autoridad el capellán que los médicos. El ‘alma’ era terreno reservado al clero. En un tiempo no tan lejano, pretendían curar las crisis psicóticas con bendiciones, conjuros, oraciones y aspersiones de agua bendita.

Tales ceremonias fueron muy frecuentes en tiempos pasados, antes de alcanzarse la difusión actual de la psicología y psiquiatría modernas. Así como la investigación farmacológica. Pues, en muchos casos, los ‘poseídos’ no sufrían más que un ataque epiléptico o una crisis nerviosa.

Los sueños tienen, muchas veces, el carácter de representaciones teatrales, donde vemos nuestros deseos cumplidos. Otras veces, se manifiestan nuestros temores. El pensamiento positivo, creador, estimulante, ha de regir nuestra actitud ante la vida. Estamos acostumbrados a demasiadas prohibiciones, limitaciones, fronteras. Tantas, que nuestra expansión personal se frena.

Los grandes logros de la Humanidad se han conseguido, todos, llevando el pensamiento más allá de los límites habituales. No hay avance sin transgresión. Cuando la lógica habitual no resuelve nuestros problemas, debemos estar entrenados para buscar fuera de los caminos trillados. El pensamiento es ilimitado. Y así debe permanecer. No podemos ser nosotros mismos quienes pongamos fin a lo infinito. Si pensamos positivamente, la creatividad no se acaba nunca.

Médicos, psiquiatras, sacerdotes, magos, curanderos, políticos, artistas, saben que la fe lo puede casi todo. Fe en uno mismo y en la legitimidad de sus fines. Cuando alguien cree en la bondad de sus actos, no puede detenerse. Quien crea en los milagros y en sí mismo, los realiza. Quien cree en los demás, permite que otros los hagan. Lo que no crea la realidad, lo construye la fantasía.

La educación, la formación, del individuo, no puede estar basada en la cotidianeidad, si queremos formar individuos extraordinarios. Las metas han de estar, siempre, más allá de nuestra frontera habitual, para conocer, realmente, dónde poner nuestro límite. Si anhelamos llegar a lo cotidiano, nos quedaremos en el suelo. Los creadores, los pioneros, los transformadores, los inventores, los taumaturgos, primero creyeron en sí mismos, antes de que otros creyesen en ellos. El carisma se crea. Los ídolos se moldean. La grandeza del pensamiento creador, lleva a la grandeza de lo creado.

Si las ciencias sirven a la Humanidad, las creencias se sirven a sí mismas. Cuando la razón habla, la sinrazón enmudece.

Principiantes somos todos. Los que pretendemos aprender algo, estamos en el introito del conocimiento. En el vestíbulo de las verdades. A ser maestros, no llegaremos nunca. Todo lo más, aprendices aventajados. La evolución de un conocimiento, no puede entenderse de forma aislada, sino en relación con la comprensión de los cambios habidos en su medio. Se habla de reconquistar, para las creencias europeas, el terreno espiritual perdido tras la descolonización y las sucesivas revoluciones habidas. Quienes esperen una masiva reconversión en el ámbito del Caribe, pueden seguir esperando. El Animismo llegado de África y Oriente ha estado omnipresente durante estos siglos.

Intuimos que esto es, en gran parte, así, más por la composición étnica de los oficiantes que por su base doctrinal. Cuba, Haití, Puerto Rico, ya han sido católicas, oficialmente, durante quinientos años. Siempre de una forma muy especial. Mezclando una apariencia exterior cristiana, que actúa, más que nada, como capa de pintura protectora ante la sociedad. Gente que va a misa los domingos, mantiene en su casa altares a los ’santos’. Meras caretas cristianas de fuerzas africanas, a quienes realmente van dirigidos los cultos.

Durante el período colonial, los negros esclavizados, y posteriormente los orientales, fueron autorizados a fundar cofradías religiosas. Siempre que estuvieran bajo la advocación de algún santo cristiano. Esto constituyó la única oportunidad de reunirse con sus compañeros de cautiverio, sin despertar las sospechas de sus señores europeos.

Lo que, en principio, estuvo permitido, para fomentar la fe cristiana entre los esclavos, derivó en la conservación de sus creencias animistas. Los espíritus africanos cambiaron de nombre externamente, pero eso fue casi todo. Se pusieron figuras de santos católicos en los lugares de culto y a ellos iban dirigidos los ritos y oraciones. Pero los esclavos sabían íntimamente que, tras la estampa del santo, se escondía la energía venerada en África por sus ancestros.

¿Cómo podría el misionero blanco convencer a un negro esclavizado de su sinrazón?
¿Cómo podría éste creer que el Dios del Amor estaba de parte de los negreros? ¿Cómo podía confiar un indígena americano en que la doctrina de los conquistadores, que los exterminaban y explotaban, eran las que representan a un Dios justo, magnánimo y bondadoso? Podían simular creer. Agachar la cabeza y asentir a cuanto dijesen sus nuevos señores cristianos, pero las creencias ancestrales las siguieron guardando en su corazón. La pervivencia del Animismo de África en América, es como el resto del tesoro identificativo de su propia cultura, que lograron salvar estos pueblos de la agresividad y rapiña de los bárbaros caballeros cristianos. Quienes no sólo se creían con derecho a robar sus tierras y bienes, apropiándose incluso de sus cuerpos para explotarlos, sino que también querían sustraerles sus dioses y espíritus. A esto se resistieron. Y siguen haciéndolo. Ahora, no todos los rostros de políticos son blancos. Ni sus creencias.

Psicología Fanatizada

Thursday, November 20, 2008

Gran hombre es, quien ha logrado superar su propia pequeñez. Cuando aprendemos a pensar por nosotros mismos, trazamos nuestro camino. No seguimos, matemáticamente, las huellas de quienes nos precedieron. No somos mejores, ni peores. Sólo distintos. El progreso está en la individualización de lo colectivo. Quien piensa por sí mismo, progresa y destaca, quien cifra sus aspiraciones en ser parte del grupo, desaparece en la masa. Los preceptos están para romperlos. Todas las reglas pueden ser alteradas, cuando las circunstancias, para las que fueron concebidas, cambian.

Quien se desborda, hasta inundar con sus irradiaciones a quienes lo admiran, crea escuela. La voluntad unida de muchos, forma la gran voluntad común. El gran hombre, sabe servir de centro aglutinante. Captar vibraciones de diversas fuentes, que luego sean emitidas en un solo pensamiento concentrado, sincrético, resumen y extracto de lo percibido. La unión de saberes de diversa procedencia, prescindiendo de lo accesorio, da como resultado un nuevo sistema.

La psicología de masas, que tan bien dominan los grupos de poder, crea, y mantiene en su sitio, sirviéndose de ellos, a los grupos de opinión uniformes, sustentadores de sus enseñanzas. Los grupos de poder, todos aquellos que convierten sus afirmaciones en dogmas ineludibles, dominan el uso de la psicología como arma. Adueñándose, en exclusiva, de la verdad universal, arrojan a los demás al pozo de las tinieblas. La humillación religiosa sistemática sirve para la anulación de la personalidad, crear incertidumbres y presentar la propia verdad como la única aceptable. Lo que conduce a la obediencia ciega y la apropiación de la mente de los seguidores. El poder de las creencias, anula la racionalidad, impidiendo el desarrollo fluido y natural de las ciencias. La sociedad humana, condicionada por las creencias previas, queda mutilada. La evolución social nunca está aislada de las creencias en las que se basa, o a las que sirve.

El fanatismo se inculca en la niñez. Eso lo saben bien los responsables de propaganda doctrinal de las organizaciones de poder milenarias, dedicadas a crear adeptos, atemorizados de por vida. Los miedos ancestrales, las dudas ante la eternidad de los castigos anunciados, la limitación de nuestros conocimientos, la sensación de pequeñez, ante la inmensidad del Universo, nos aplasta. Ese conjunto de sensaciones dudosas, forma el campo ideal, donde cultivan las teorías, que dan base al fanatismo fomentado, reverdecido, direccionado, exigente, de leyes limitadoras, esclavizantes, que apuntan, todas, en la misma dirección: la inculcación, de por vida, de los miedos ancestrales, que incluyen, principalmente, el deber jerárquico de obediencia y la aceptación, indiscutida e indiscutible, de la autoridad máxima del jefe del grupo. El objetivo no es más que uno: la creación de robots humanos, fieles. Que han sido formados, principalmente, para no pensar por sí mismos. Su misión principal es la obediencia. La inteligencia individual deriva en uniformidad colectiva. Dedicada, en su conjunto, a la búsqueda del triunfo del colectivo al que se pertenece.

La inteligencia racional, crea futuro. La fe, desde la irracionalidad, eterniza el pasado.

No hay religión que no se haya ocupado del sexo. Unas veces para ensalzarlo, en algunos aspectos, y, las más, para denostarlo. La represión de los instintos, es el arma más eficaz de todo código religioso.

En la antigua Mesopotamia, el rito de la fecundidad se celebraba, durante la noche del año nuevo. En su transcurso, yacía el rey con la sacerdotisa de Astarté, diosa de la Tierra. También protectora de la fecundidad, el amor, y la maternidad. Su propósito era engendrar al futuro rey. Con ello, se conjuraba a las energías naturales, en favor del país. El rey lo hacía en representación del dios Tammuz, la sacerdotisa, como personificación de la diosa.

En el Budismo, cuando se pide al creyente que no haga mal uso de los sentidos, no se le está exigiendo castidad, ni la abstención total del uso de sus sentidos, sino que no los use de forma abusiva, o para hacer daño a nadie.

Para que el sexo sea lícito, en el Budismo, se requiere, como condición previa, el respeto mutuo. Sin necesidad de imponer para ello condicionamientos sociales, tales como el matrimonio. Para su legitimidad moral, sólo se pide que el ser humano deje de hacer el mal, aprenda a hacer el bien y purifique su mente. Esto, en todos los campos de la vida. Dar amor, y entregarse a él, no puede ser malo en sí mismo, ya que no sólo incluye la propia satisfacción, sino la actitud de transferir bienestar a otros, rompiendo con ello las barreras entre uno mismo y el resto de la Humanidad.

El ejercicio del amor a los otros, implica, más que caridad, compasión, misericordia, respeto. Ningún rito, o ceremonia, puede reemplazar a las buenas intenciones. Se recomienda no llevar una vida licenciosa, entendiendo como tal la que pueda perjudicar a uno mismo, a la familia, o a un tercero. Se pide que todos nuestros actos partan de una actitud generosa, moral, paciente, voluntariosa, meditada y sabia.

Los textos cristianos sobre el sexo, difieren. Se admite el acto sexual, sólo dentro del matrimonio, exclusivamente para procrear. Por supuesto, evitando toda manipulación colateral, que pudiera convertir dicho acto reproductor en algo placentero. Todo lo que se salga de esto, es pecado. La Carta a los Romanos, de San Pablo, en bien explícita sobre el tema, conteniendo los siguientes pasajes. ‘’ A quienes no dieron gloria a Dios como tal Dios, ni le mostraron su gratitud, ‘‘…'’ Dios los entregó a pasiones que envilecen: así, hasta las mujeres cambiaron el uso natural, por el que es contra naturaleza. Igualmente, los hombres también, dejando el uso natural de la mujer, se abrasaron en su lascivia, hombres con hombres.
Podría interpretarse que, las llamadas desviaciones sexuales, son un castigo directo impuesto por Dios. Añadiendo:’ como no se dignaron retener el conocimiento cabal de Dios, Dios los entregó a una mentalidad reprobada, a realizar cosas nefandas…'’ “no sólo las hacen ellos mismos, sino que hasta aplauden a quienes las practican.

Fecundación Festiva

Saturday, November 15, 2008

Ayudando a un ser humano, se ayuda a toda la Humanidad. Si ayudas a tus próximos, a través de ellos se expandirá el bien. La Humanidad es global; un conjunto interdependiente. Aún admitiendo las diferencias entre hombres, su individualidad, y el respeto debido a tales singularidades, cada uno es como una parte de un mecanismo, necesaria para que el total funcione. El mal estado de una pieza, afecta al resto. La Humanidad se ha de considerar como un todo, muy probablemente con un origen común, y, ciertamente, con un desarrollo común, aunque no sea uniforme. Un hombre, aparte de ser él mismo, es también parte del todo, y, como tal, reflejo de cuanto le rodea. Receptor, transmisor, emisor, en cuanto transformador de lo que recibe. El amor genera compasión, suma de amores.

En El Corán, cuando se habla de repudiar, quien repudia es siempre el esposo, nunca la esposa. Parece como si ese derecho le asistiera a él, primordialmente. Aún cuando, en algún pasaje, se diga que la mujer tendrá el mismo derecho sobre el marido que éste sobre ella, se remata el párrafo añadiendo que, en caso de igualdad de derechos, prevalecerán los del hombre. Lo que, en la práctica, conduce a una dependencia total. Esto ha sido una constante en las religiones del Libro, ya que el principio está calcado de la Biblia. Un reflejo de esta infravaloración de la mujer, en la tradición bíblica, es la negativa generalizada de judíos, cristianos y musulmanes, a permitir que la mujer ejerza el sacerdocio. En algunos casos, como en el Judaísmo ortodoxo, se les prohibía incluso que leyesen los textos sagrados. La mujer es impura, según las Escrituras. Todo hombre que toque a una mujer, ha de lavarse ritualmente, antes de tocar objetos de culto, para no contaminarlos.

En el Cristianismo, se justifica esta exclusión, con el hecho de que Jesús escogiera sólo hombres para predicar su doctrina. Se pretende ignorar, deliberadamente, que dicho condicionamiento venía fundamentado en usos de la sociedad judía de su tiempo; para la que el Cristianismo fue predicado. Frutos de una época y civilización pasadas; en las que hubiera sido inconcebible que las mujeres salieran por los caminos a predicar misiones. En primer lugar, porque los hombres lo hubiesen impedido.

Para comprender la desvinculación que se hacía de la cópula carnal, hombre - mujer, respecto al nacimiento de algunos personajes extraordinarios de la antigüedad, se ha de tener en cuenta que, entre primitivos, no siempre se tiene clara la relación causa - efecto, a este respecto. Aún existen pueblos del Pacífico, donde atribuyen el embarazo de la mujer al encuentro de los espíritus del hombre y la mujer, a través del aliento que se intercambia en un beso con el hombre, pero no a fructificación de la mujer, a través del semen. Así que, siguiendo estas reglas, la mujer que no quiera quedarse embarazada, no besa durante el acto sexual.

Dando amor cada día, se cultiva la felicidad de otros, siendo feliz uno mismo.

Diluvios ¿Universales?

Thursday, November 13, 2008

El relato sobre el Diluvio Universal, que se recoge en la Biblia, quedó protagonizado, en ésta, por Noé. Afirmando que fue el resultado de un castigo divino, para eliminar a los impíos. Pero, el mismo fenómeno se repite, con variantes, en diversas culturas, todas vecinas entre sí. En la época babilónica, dos mil quinientos años antes de Cristo y, por tanto, casi mil años antes de que Moisés comenzara a pergeñar la Biblia, ya existía un poema épico, en el que se relata el Diluvio.

Posteriormente, dicho poema fue recogido en la épica de Guilgames, rey de Uruk y héroe divinizado en su cultura. Citado en la épica de Acadia y Sumeria. El escrito que sirve de testigo, se encontró en Nínive (Alta Mesopotamia), durante unas excavaciones arqueológicas. Se calcula que su producción data de una fecha en torno al año setecientos antes de Cristo.

Aunque haya más referencias, de la antigua mitología de Mesopotamia, se puede también entresacar el relato que vincula el Diluvio a la diosa Istar o Astarté, diosa madre de Mesopotamia, del amor y de la fecundidad. Se cuenta que la intensa lluvia fue producto de su llanto, por la muerte de su amante, Tammuz (prototipo de Adonis). Debido a la lluvia de primavera, Adonis resucita cada año, vivificando la naturaleza.

Esta diosa, como tantas otras de la antigüedad, admitía a su servicio prostitutas, que hacían méritos ante ella, ofreciendo sus favores en los aledaños del templo. Los regalos recibidos por las hetairas, eran aportados al patrimonio de la diosa.

En los textos sagrados de la India, se relata la hazaña de Manu, el primer humano, según los Vedas, al que algunos convierten en una encarnación de Visnú. Se dice que éste, avisado del inminente comienzo del Diluvio, salvó en un enorme barco a hombres, plantas y animales. Posteriormente, transmitió las leyes divinas a los hombres.

En El Corán, se relata cómo el Arca de Noé se posó, tras el Diluvio, sobre el Monte Chudí, al norte de Mosul, cerca de las ruinas de Nínive, en el actual Irak. Tal montaña es de unos cuatro mil metros de altura, por lo que deducen que éste fue, al menos, el nivel que alcanzaron las aguas. El Monte Ararat, que se cita en la Biblia como punto de anclaje del Arca, se halla al este de la actual Turquía. Tiene una altura de cinco mil metros. De paso, respecto a este inusual fenómeno, podemos citar que, según este relato, en su versión bíblica, el Arco Iris fue creado por Dios, expresamente, el día en que dejó de llover, como señal de alianza entre el cielo y la tierra.

En fin, si crees que algo ha sucedido, sucedió en verdad, al menos en tu mente. Para afirmar, con veracidad, que alguien hace milagros, lo primero y principal es creer en la existencia de los milagros, y, después, creer que tal persona puede hacerlos. Para completar el proceso, sólo hace falta fe ciega. Ayuda a conseguirlo, el que la persona a la cual se atribuye la facultad milagrera, sea alguien de recia personalidad y fuertes creencias. La transmisión de la convicción se hace por empatía, o bien por complementariedad. La fe se renueva constantemente y se refuerza con la presencia de otros creyentes.

La vida es apariencia, ilusión, creencias, ‘maya’. Esta afirmación oriental, muy ligada a las religiones indias, tanto hinduistas como budistas, no está muy lejos de la afirmación de Jesucristo, sobre la fe que mueve montañas. Él afirma: ‘Todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis obtenido y se os concederá.’ Podríamos adquirir una lección, de algunos hechos narrados como veraces, en distintas religiones: Lo importante no es lo que otros consideren como realidad, sino lo que nosotros mismos creamos. Al parecer, todo es relativo y moldeable. En el Budismo, por ejemplo, la verdad no se alcanza por medio de la revelación y la fe, sino mediante la meditación, el perfeccionamiento cotidiano y la elevación constante de miras. Cada hombre ha de seguir su propia experiencia, y buscar la verdad por sí mismo, sin tener la obligación de creer en dogmas y verdades, que le sean presentadas por otros, como artículos de fe indiscutibles. A la iluminación individual, se llega por el propio camino.

Todo cambia, constantemente, lo único eterno es la continuidad del cambio. La evolución nunca es aislada. Cuando algo cambia, afecta a cuanto se relacione con el objeto del cambio. No pretendamos entes invariables, porque, al cambiar algo su entorno, cambia el centro y su mensaje. Lo perfecto hoy, puede ser obsoleto mañana.

La fe surge, y se mueve, en el terreno de los sentimientos. Se siente o no se siente. Pero, ni su ausencia, ni su presencia, cambian la esencia de lo creído. El hombre no deja de ser humano, profesando una fe distinta. Al contrario, hace honor a su humanidad, cambiando, evolucionando. Cuantos más cambios y mezclas, más evolución, más humanos somos. La pureza de raza es la permanencia en el origen. El estancamiento, el quedarse atrás. Si algo ha hecho que la Humanidad, en su conjunto, evolucione, ha sido su capacidad de adaptación, de mezcla, de ensamblaje. En ello nos va la existencia. No sólo física.

También intelectualmente necesitamos mezclas continuas, para no permanecer en desventaja, en lo primitivo. Las mezclas favorecen el cambio, la evolución, la búsqueda de la perfección. El Universo cambia, en su conjunto, constantemente, y así lo hace el humano. La fe, al relacionarse con los sentimientos, pertenece, por completo, al mundo interior del individuo. No es mensurable, ni homologable.

Generalmente, no vemos, oímos o percibimos directamente, a través de nuestros sentidos, sino que hacemos una interpretación conjunta de la percepción, filtrándola a través de nuestro cerebro. Lo que puede conducirnos a error, en algunos casos. Tenemos tanta mezcla de genes en nuestro árbol genealógico, que, a veces, se puede comprender que alguien reaccione con la frialdad de un ofidio, o el salvajismo de una fiera. No somos mejores ni peores, sino distintos, y distantes de nuestros orígenes.

Hasta ahora, sólo vuela nuestra imaginación, seguimos, afortunadamente, pegados a la tierra. Quienes se crean cercanos a los dioses, que vayan perdiendo toda esperanza. Somos humanos, ya es suficiente, en evolución incierta, pero constante. En el fondo, late el anhelo del conocimiento de lo eterno, de lo absoluto, del acercamiento a lo infinito, de identificación con lo divino. Sólo que ese viaje a lo desconocido se realiza en el interior de nuestro cerebro, no en el espacio. Los caminos recorridos siempre son desiguales para cada individuo. La fe pretende abarcar el Todo en sí misma. No aceptando como verdadero lo que de ella se salga.

Los viajes de la razón son más cortos. Nos acercan a la verdad paso a paso. Pero tienen la ventaja de ser más comprobables y comprensibles. Nos aproximan a verdades inmediatas, no menos importantes. Toda verdad es básica. Aunque la ignoremos, no deja de existir. La sencillez es lo más grande. Es el principio de donde todo nace, la madre que todo lo alumbra.

El hombre, como ser pensante y moral, ha de someterse a sus propias leyes. No puede pretender regir el mundo, haciendo acatar códigos hechos a la medida de los dioses. Las normas de conducta han de ser, en primer lugar, humanas. Las leyes celestes, dejémoslas para seres celestiales.