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Diferencias Doctrinales

Sunday, October 26, 2008

En el Génesis, materia de fe durante muchos siglos, se hace la siguiente descripción: ‘Hizo Dios dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que presidiese el día; y la lumbrera menor, para que presidiese la noche. E hizo las estrellas. Colocándolas en el firmamento, o extensión del cielo, para que resplandeciesen sobre la tierra.’ Esta concepción de la Tierra, como centro, alrededor del cual giraba el Universo, es el que guió a toda la ciencia, entre cristianos, hasta el Renacimiento europeo. Demostrada su inverosimilitud, se explica, actualmente, su vigencia de verdad revelada, como licencia poética, para adaptarse a la mentalidad y comprensión de las personas a quienes iban dirigidas las narraciones; frutos de una época.

La verdad, no aclarada, es que, ya en tiempos bíblicos, unos trescientos años antes de Cristo, geómetras y astrónomos griegos, habían calculado la distancia de la Tierra a la Luna, el tamaño real de la Tierra, e incluso situado al Sol en el centro de nuestro sistema. Pero, tales conocimientos no trascendieron, debido a los vetos religiosos, que prohibieron su divulgación. Quedando, por tanto, aislados en su momento. Hasta los tiempos de la Grecia clásica, cuando la Edad de la Razón comenzó a inquietar las mentes de los filósofos, seis o siete siglos antes de Cristo, no comenzó a pensarse que la Naturaleza podría estar regida por ciertas leyes predecibles, independientes de caprichos de los dioses.

Los griegos, con el empleo de la lógica, fueron los primeros en sacar del mundo de los misterios, y del dominio de los seres divinos, muchos fenómenos naturales. Aunque ya los astrónomos de Nínive y Babilonia habían hecho cálculos sobre los eclipses, no fueron trasladados a la cultura mediterránea, hasta su predicción por los griegos, unos seiscientos años antes de Cristo. Probablemente, por los estudios de Tales de Mileto.

Tanto Hiparco de Nicea, como Aristarco de Alejandría, llegaron a conclusiones muy próximas a la realidad, en aquella lejana época. Sin embargo, al contradecir estos conocimientos las doctrinas religiosas de la época, fueron ignorados, ocultados, e incluso combatidos. Hizo falta que Magallanes diese la vuelta al mundo, casi dos mil años después, para que se admitiera la redondez de la Tierra, su tamaño, y su dependencia del Sol, entre otras cuestiones, negadas durante siglos por los teólogos europeos, al ser contrarias, según ellos, a las divinas enseñanzas de la Biblia.

Así, lo que se ganó en cohesión religiosa, se perdió en profundización científica, durante muchos siglos. La perfecta labor de ocultación de los descubrimientos antiguos, que pudieran hacer dudar de la autoridad suprema de la doctrina oficial de la Iglesia Romana, llegó al extremo de prohibir, en su continuo cercenamiento, la lectura de la Biblia a sus fieles, hasta tiempos muy recientes. Modernamente, también se ha encontrado evidencia de que en la India, ya en el año quinientos antes de nuestra era, se daba por sentado que la Tierra giraba sobre su eje, aunque esto no fuese aceptado en el ámbito popular.

Posteriormente, en la época de los grandes descubrimientos geográficos, la Cristiandad negó la condición humana de los habitantes de las tierras recién descubiertas. Según la versión oficial de la Iglesia Romana, durante bastante tiempo, los pobladores de América no podían ser descendientes de Adán y Eva. Dando esto como premisa cierta, deducían tomísticamente que, consecuentemente, no pertenecían a la raza humana. Por tanto, (deducción suprema), carecían de alma. Este encadenamiento deductivo, llevó a curiosas consecuencias, como la no-obligación de los cristianos, arribados al Nuevo Continente, de contraer matrimonio con los aborígenes americanos, aunque yacieren con ellos. Esto se consideraba algo así como un pecado de zoofilia, y, aunque lo confesara, no se le podía imponer a un cristiano viejo la penitencia de casarse con un animal. La prohibición desapareció, pero, sus consecuencias racistas históricas, aún perduran.

Iluminando Tinieblas

Friday, October 24, 2008

Si seguimos los principios científicos de Bush y adláteres, volvemos al dogma: nada puede diferir de lo expresado en la Biblia. Ahí fijan los límites de la ciencia sus seguidores.

La prosperidad futura de Norteamérica, estará basada sobre la victoria que obtengan en sus batallas actuales. Creen que deben inspirar temor, para acceder a los mercados mundiales. Las normas de vida, en el Chicago de los años veinte, no andaban muy lejos de este concepto. Pretenden hacer desaparecer del frente político a las personas afables, para que puedan ascender a mayor poder nuevos guerreros de ojos fríos, muertos, con expresión insensible, congelada. El vivo retrato de un autómata implacable. Esta cohorte de guerreros fundamentalistas endiosados, niega la realidad. No admiten como verdad más que sus afirmaciones de raíces milenarias, fruto de leyendas heredadas. Cuando un gobernante contempla los avances científicos, como si fueran ataques a sus creencias, lo más probable es que deba revisar sus credos. La ciencia no se hace contra nadie. Es aplicable a toda la Humanidad. Se construye sobre sí misma, ampliando sus conocimientos, avanzando.

Fanáticos son quienes sólo oyen la verdad de su Dios y no las de los demás. Por eso, los fanáticos religiosos niegan expresamente las verdades de la ciencia. Como éstas casi nunca coinciden con las que nos presentan las variopintas historias sagradas de los pueblos elegidos por los dioses, cultivan la ignorancia.

No por barnizarnos, exteriormente, de matices diferentes, somos heterogéneos. La Humanidad es una. Todo lo que trata de crear separaciones, es negativo. Sean fronteras, muros o prejuicios. No podemos seguir escuchando a los gurúes que clasifican a los humanos en categorías distintas, según su etnia y creencias. Este es el más peligroso de los apartamientos. Si no hay equilibrio en la naturaleza del individuo, no lo habrá en la Humanidad. Al hombre le cabe la obligación de conservar lo heredado, mejorándolo. Somos parte de la Naturaleza y una excresencia de nosotros mismos. El hombre está adquiriendo la potestad de guiar la evolución que pueda seguir la Humanidad. No sólo cada individuo influye en su propia vida, sino que, a través de las transformaciones que su vida experimenta, transmitirá consecuencias a la vida de otros. Con lo que la comunidad irá cambiando paulatinamente.

Siempre los pueblos conquistadores han impuesto a los conquistados no sólo su autoridad, sino su sistema de creencias. Forma última y definitiva de imposición y conquista. El problema principal de la presente hegemonía norteamericana no está en su pueblo, sino en su actual presidente, retrógrado y fanático. Europa no es anti-norteamericana, pero los europeos no sienten simpatías por Bush, así de sencillo. Él se ve como la mano ejecutora del Señor de los Ejércitos, describiéndose como el presidente de la guerra. Esta afirmación, si no fuera para temblar, sería para reír. Lo malo es que lo dice en serio, creyéndoselo. A quien no se le someta, lo convierte en enemigo. Va siendo hora de que el mundo despierte, hay que iluminar las tinieblas.

Misoginia Religiosa

Thursday, October 23, 2008

No todas las tendencias modernas confluyen en la desaparición de creencias tradicionales. El devenir diario va también creando nuevas prácticas, consolidando creencias de nuevo cuño. Nada es estable, nada es eterno. Todo lo vivo evoluciona, con las sumas, restas y adaptaciones que el tiempo ajusta. El mundo es un todo: Vamos, venimos, nos situamos. Tal como el genoma humano no tiene un desarrollo lineal, sino multifásico, los conocimientos que la raza humana va adquiriendo se suman al total evolutivo. Cuando el ser humano adquiere la posibilidad de orientar sus conocimientos, no se le puede exigir que no piense ni razone.

Las nuevas religiones son legión. Hablan ya sobre mensajes extraterrestres, viajes astrales, contactos interplanetarios, comunicaciones mentales con diferentes galaxias, ángeles o espíritus mensajeros, etc. Temas de nuestra época y cultura, pero, en el fondo, nada nuevo: Pretensión de conocer el misterio y lo improbable.

Sin duda, despertando la curiosidad insatisfecha, hasta su extinción, del ser humano, irán formando el poso religioso del futuro, como fermento fructificador de mitos actuales.

Hay variantes, adaptadas siempre a la idiosincrasia del pueblo y al tiempo en que surgieron. Cuando los relatos de hechos importantes pasan a la historia, no necesariamente coinciden con la realidad material de lo acaecido, sino con la importancia que los relatores atribuyeran a cada uno de los componentes del hecho. Donde todos son importantes, pero sólo algunos se convierten en esenciales. El recuerdo posterior es, siempre, una recomposición de hechos conexos, pero no necesariamente todos, ni en el mismo orden. Para sobrevivir hay que adaptarse a las circunstancias. Más aún, la supervivencia exige evolución continuada. Eso en todos los órdenes. Ningún espíritu puede permanecer quieto. La evolución es acelerada.

Una tendencia común a las religiones, que han sido, casi en su totalidad, fundadas por hombres, es su latente misoginia. Tanto la Biblia, en el Talmud, como El Corán o los Vedas, aclaran que, a igualdad de derechos, habrá de prevalecer la razón del hombre sobre la de la mujer. La figura femenina, casi siempre, pasa a un segundo plano, aún cuando, nominalmente, se le reconozca una importancia destacada, en su papel de madre y esposa, siempre sacrificada, virtuosa y obediente. De ahí no suelen pasar. Una excepción notable se da en la Iglesia Anglicana, donde, al ser el monarca, simultáneamente, cabeza de la iglesia, al pasar la corona a una reina, como se da actualmente, se producen cambios. Aunque el monoteísmo siga considerando a Dios como un ser masculino. Lo que había condicionado todas las demás jerarquías, tanto religiosas como sociales.

El hecho de que la Iglesia Anglicana haya osado autorizar la ordenación sacerdotal de mujeres con plenos derechos, ha paralizado la reunificación proyectada con la Iglesia Romana, ya que la Curia Vaticana no lo aprueba. En pleno siglo XXI. Aún temen que esta pudiese ser la brecha, por donde se colase la lucha reivindicativa por la igualdad religiosa de la mujer. Miedo a perder privilegios. Mientras, la vida sigue.

Hipócritas e Hipocresías

Wednesday, October 22, 2008

En el Punjab, al norte de la India, se halla el Lago Sagrado de la Inmortalidad. En su centro se sitúa el bellísimo y famoso Templo Dorado, eje de los Siks. Entre los hinduistas, revisten gran importancia los rituales de purificación por el agua. No sólo los sacerdotes han de bañarse ritualmente cada mañana, también antes de los sacrificios y ciertas ceremonias, sino que, entre los creyentes, es práctica habitual el baño colectivo en algunos ríos, lagos, fuentes y estanques, clasificados como sagrados. Con lo que se purifican.

Jesús, a veces, dejó de cumplir ciertos ritos de purificación hebreos. Como la obligatoria ablución antes de las comidas, de la que, según testimonios, prescindía en ocasiones. El fundamento litúrgico del lavado ritual, en todas las religiones de la época, era el deseo de eliminar con él la impureza que pudiera haberse contraído en las manos, si se hubiese tomado contacto con objetos o personas impuras. Lo que tornaría en impuros tanto alimentos como cualquier objeto de culto que tocasen. Manipularlos, sin haberse lavado, los invalidaba para los creyentes que se considerasen puros. Los infieles o gentiles tampoco podían tocar los alimentos de los judíos puros. Aunque estos lavados rituales tuviesen una acertada base higiénica, dicha higiene ritual se interpretaba como pureza religiosa.

Por la exigencia de observancias tales, llamó Jesús hipócritas a los fariseos; definiéndolos como sepulcros blanqueados. Observadores de la forma y no de los contenidos. La tendencia de las religiones es, derivar del rito a la fe. La pureza del rito, que era de la máxima importancia, sin perder todo su significado, ha cedido terreno a la preeminencia de la fe. En las grandes religiones actuales, se acentúa el valor de la fe, incluso por encima del de las obras. Es decir, se deriva de la práctica a la teoría.

La filosofía védica, enfatiza la autorrealización. Así que, se crea o no en la existencia del alma, no hay motivo para lamentar la pérdida del cuerpo, es decir, la muerte. Por ello, el guerrero que, cumpliendo con su deber, mata a alguien, en una lucha justa, no debe lamentarlo; pues el alma inmortal de su enemigo muerto, liberada del cuerpo, seguirá su curso en la sucesión de existencias. ¡Es un consuelo!

Destaquemos también que, en la práctica coránica, las multas o sanciones a pagar, caso de que un creyente matase a una persona, se estipulan según distintas valoraciones y circunstancias. Pero sólo en el caso de que el muerto fuese creyente. Es decir, musulmán. Si el difunto perteneciera a otra religión, no se menciona expresamente castigo alguno.

Esto no quiere decir que se haya de alentar la violencia, sino que no se ha de prescindir de ella, cuando sea necesaria. Por quien esté obligado a usarla. Tanto en la teoría hinduista, como en la coránica o bíblica, los mártires pasan directamente a gozar de la presencia de Dios. En consecuencia, no se los perjudica, al enviarlos al Cielo.

Alfa y Omega

Sunday, October 19, 2008

Quienes dictaron los escritos sagrados de otras épocas, arriesgaron opiniones sobre cosas que desconocían: el Universo, los astros, la genética, la Humanidad en su conjunto, el reino animal, etc. Ese cúmulo de especulaciones, se ha quedado antiguo, obsoleto. No puede llegarse al extremo de considerar irrefutables los principios bíblicos sobre la Creación, los siete cielos, o los siete infiernos y pretender, en consecuencia, que las ciencias paralicen sus estudios, para no entrar en contradicción con sus afirmaciones fantasiosas.

El hombre, como ser pensante y moral, ha de someterse a sus propias leyes. No puede pretender regir el mundo, haciendo acatar códigos hechos a la medida de los dioses. Las normas de conducta han de ser, en primer lugar, humanas. Las leyes celestes, dejémoslas para los pretendidos seres celestiales. Las religiones actuales, en su inmensa mayoría, surgieron como religiones tribales, pertenecían a una etnia. No son universales. Su universo es el de una etnia limitada. Los principios implícitos en sus creencias, sobre la prioridad del pueblo escogido, prevalecen. Ahí se afianza la raíz del mal: en el arraigado y cultivado sentimiento de superioridad y exclusividad de algunos, que se consideran escogidos. Quienes profesan esa creencia, se sienten mejores hijos de Dios que el resto de la Humanidad, incluso exclusivos. El resto de la Humanidad no es digno de ponerse a su altura.

Para sobrevivir hay que adaptarse a las circunstancias. Más aún, la supervivencia exige evolución continuada. Eso en todos los órdenes. En la actualidad, aplicar principios religiosos a la política, conduce a resultados absolutistas. Fe ciega, obediencia absoluta, e infalibilidad del pastor del rebaño. Los corderos callan, bajan la cabeza y siguen la dirección indicada. El dirigente absoluto no admite réplica. Sólo confesión de culpa a quien no obedezca. Lenin, Hitler y Stalin fueron maestros en el manejo de tales principios. Y algún que otro discípulo menor actual, de los que imparten dogmas políticos, con aire de predicador místico. Y, a veces, de chulo de barrio. Obligar a los adeptos a seguir una línea de pensamiento única, es como un acto de sometimiento, de humillación, ante el confesor todopoderoso, que puede abrir las puertas del cielo, siempre que se sigan sus indicaciones. Va siendo hora de que el mundo despierte, hay que iluminar las tinieblas. No podemos adormecer nuestros cerebros. Que nadie pretenda hacernos volver a la prehistoria. El de ahora, es tiempo de ciencia y progreso, no de temores y creencias. El diablo no existe por sí. Lo crean quienes aprovechan la justificación de su existencia: los innovadores del miedo, creencias y males predestinados.

No veo que sea objetable la investigación genética. Siempre y cuando dejemos la ciencia en manos de los científicos. Sin que opciones políticas o religiosas (organizaciones de poder), traten de apropiarse los resultados, en beneficio propio o detrimento de otros. La libertad para investigar, es básica en las ciencias.

Lo que más molesta, a quienes se consideran dueños de mentes esclavas, es el conocimiento, y su cultivo. La razón lógica es su peor enemigo. Mortal. Las fronteras están para ser cruzadas. La inmortalidad vive en la memoria. Ni olvidar, ni ser olvidado.

Tolerancia Religiosa

Saturday, October 18, 2008

Los obispos tienen razón: Deberían dedicarse más horas de estudio a la Religión. A todas, sin excepción. O a las que pudiesen ser abarcadas, pues son miles. El fenómeno religioso afecta a todas las etapas de la vida. Así los jóvenes podrían hacerse una idea del inmenso mundo de fantasía en el que pueden perderse.

Desde el punto de vista religioso, tendría una ventaja: llenaría el cerebro de incontables creencias, restando, así, el tiempo suficiente a los estudiantes, para evitarles la veleidad de pensar en las ciencias. El Primer Concilio Vaticano, a fines del siglo XIX, ya fijó la prioridad de la fe sobre la ciencia. Tan perjudicial ésta para la conciencia del ser humano que, incluso el Averno, ha tenido la preocupación de ocupar en exclusiva a su colaborador Belfegor, en incitar a los hombres al descubrimiento de nuevos avances científicos. Pues, el Hombre, en su soberbia, llega a creer que puede tener la opción de mejorar la obra de Dios. Ese fue el Pecado Original: querer saber. ¿Experimentar con células madre y cosas por el estilo? ¡¡Pecaminoso¡¡ El hombre vino al mundo para sudar su pan y la mujer para sufrirlo.

Sharon y Bush tienen la reputación de hombres muy religiosos. Videla y Pinochet también, de comunión diaria. ¿Quién les perdonó sus pecados? Franco era un cristiano ejemplar, Paladín de la Fe y Caudillo de España, por la Gracia de Dios. Tan purista él que, terminada la Gloriosa Cruzada Nacional, la continuó, en paz espiritual, mandando fusilar silenciosamente a miles de españoles impuros. Contaminados de ateísmo, o indiferencia. Siendo, casualmente, todos ellos, o casi todos, republicanos librepensadores, se consideró que no podían representar más que a las fuerzas del mal, así que sobraban.

La ONU podría tener una nueva tarea: averiguar en nombre de qué creencia se han matado más humanos. Cultivaría la capacidad crítica de los alumnos, ensanchando el campo de sus conocimientos. Si esta forma de acercar el mundo de las religiones, al saber de los alumnos, no satisface a alguna autoridad, porque piensen que se incumple el Concordato con la Santa Sede, siempre cabría la solución de denunciarlo.

Pues, ninguna potencia extranjera, y el Estado Vaticano lo es, puede tener el privilegio de dictaminar qué y cómo han de ser impartidas las enseñanzas en nuestras escuelas. Con el mismo criterio, e igual derecho, podrían pedir que se consultara al Imán de La Meca, el Gran Rabino de Jerusalén, el Dalai Lama, la Reina de Inglaterra, el Emperador del Japón, o el Gran Chamán de los Hotentotes. Todos ellos, con fieles seguidores en nuestro país. Nadie es respetable por encima de nadie. Es decir, a todos correspondería merecer equivalente respeto.

Viviendo en un país con libertad religiosa, no puede concretarse la enseñanza a una sola. Menos, de forma prácticamente excluyente. Existen, y coexisten, miles de formas y culturas religio

Invocaciones y Rezos

Saturday, October 11, 2008

En algunas doctrinas, no sólo se piensa que la palabra, por sí, tiene un poder determinado, sino que su misma grafía o sonido, aún careciendo de significado concreto, puede convocar poderes. Así se entiende en el Tíbet, donde existen sonidos sagrados. El poder de las palabras sagradas puede ser incrementado o disminuido según quien pronuncie el sonido mágico y en qué circunstancias se haga. En el Animismo, se considera también que toda persona transmite, emana, irradia, u origina energías. Y una parte de estas energías, es transportada y comunicada por sus palabras. Por lo que las palabras encierran poder.

Incluso existen palabras sagradas, que no se debían enunciar, como los nombres del Señor. Estaba prohibido ‘invocar el nombre de Dios en vano’. O, por el contrario, se asegura que ciertas palabras atraen sobre quien las pronuncia, los efectos deseados, sirviendo de llave al cumplimiento de las peticiones. Sobre todo si, al tiempo, se efectúa una ceremonia predeterminada. Esto último, está claramente conectado a los conjuros mágicos. Recordemos el Abracadabra, abridor de arcanos. Grabada esta palabra, en escala descendente, sobre un ónice, se colocaba sobre un enfermo, para bajarle la fiebre.

En el Hinduismo, los Hare Krisna, una corriente religiosa de moderna creación, y pretendida antigüedad, que ha trascendido las fronteras de la India, creen que, la pronunciación continuada del nombre del Señor Krisna, produce efectos benéficos sobre la persona que lo recita, contribuyendo decididamente a su salvación. La lógica de tal práctica es la siguiente: El nombre del Señor es parte de su mismo ser. Estando tal nombre sagrado omnipresente en nuestras mentes, nos encontramos acompañados por el Señor constantemente. En tal compañía, sólo se puede ascender a los reinos celestiales.

Estos nombres divinos pueden estar incluidos en mantras, frases, sonidos o expresiones a las que se atribuye poder mágico. Es una práctica habitual el pronunciarlos en situaciones difíciles, para atraernos su protección.

Igual técnica, en circunstancias más prosaicas, es usada en sicología, propaganda o mercadotecnia. La repetición constante de palabras o consignas, hace que éstas se fijen en la mente individual, influyendo en el pensamiento.

Dentro del Cristianismo, la repetición de letanías, jaculatorias u oraciones, también se invoca como medio de acercarse a Dios. En el Islamismo, se confeccionan talismanes, con frases sacadas del Corán, portándolas al cuello, encerradas en pequeños estuches. Estas expresiones sagradas, han de proteger al creyente. Su efectividad reside en el principio mágico de que el poder está encerrado en la palabra. Las jaculatorias, invocaciones a la divinidad, se repiten, desgranando las cuentas de una sarta de bolas, que ayuda a concentrar el pensamiento en el Ser Divino.

Aunque resulte difícil de comprender, los mitos antiguos se vuelven a poner de actualidad. No hace falta razonar, sólo creer. En toda religión, encontramos teorías evolucionadas y otras que han permanecido cercanas a sus orígenes. El creyente no suele ser crítico, se lo prohíben sus propias reglas. Así, admite cuanto le viene dado. Si le surgiesen dudas, las achacaría a su falta de fe, no a fallos doctrinales.

Esperanza Efectiva

Friday, October 10, 2008

Sin pasado no hay futuro. El mundo no puede perder la esperanza. Aprendemos tanto de nuestros aciertos como de nuestros errores. Todo pertenece a la memoria útil. El secreto es la continuidad corregida, adaptada. Los desposeídos deben sentir que todo es posible. Incluso la posesión real de sus sueños. El mundo efectivo debe ser un mundo con esperanzas. La muerte de la esperanza es el principio del fin. Apagar la esperanza, es buscar el final.

El mundo no se pacifica con guerras. Sólo se consigue crear más dolor y odio. Los ejércitos podrían valer para conquistar la paz en el mundo, a través del amor a lo humano, del amor a los humanos. Nadie puede esperar que lo crean, diciendo que pretende servir a Dios, matando a sus enemigos. Eso que llamamos Dios no tiene enemigos, no puede tenerlos. Dios es todo y nada. La confusión está, por igual, en la mente de quienes lo defienden, como en la de quienes lo atacan. Ese algo es demasiado grande, para que un humano pueda destruirlo. Creación, como parte del Universo, somos todos y todo. Partes ínfimas de un total inabarcable. Motas de polvo en la evolución del Universo. Si queremos ser grandes, podemos conseguirlo siendo útiles a quienes nos rodean. No hay causa sin efecto. Si deseamos paz en el mundo, extendamos la paz en nuestro entorno. La mejor labor que podrían realizar los ejércitos en el mundo, sería la de llevar consuelo, sin armas, a quienes sufren. Así se conquistaría, con la conciencia limpia, la voluntad de los pueblos.

Si las verdades físicas no contentan el espíritu, los dogmas religiosos no satisfacen a la razón. El Hombre es complejo, no nos basta saber, queremos creer; para buscar razones que nos expliquen las aparentes contradicciones de la existencia. Pero eso no es más que una pequeña parte de nuestras limitaciones. Perfecto es sólo el total del Universo, no los detalles aislados e incompletos que percibimos. Lo imperfecto es nuestra visión parcial de las cosas. El estudio del Cosmos nos acerca más a la percepción de ese dios todopoderoso, en el que deseamos creer. No se puede juzgar a la ciencia como si de un enemigo de dios se tratara, sólo porque los razonamientos científicos no coincidan con los escritos tenidos por revelaciones.

Los científicos, eso sí, tratan de razonar la realidad física del Universo, procurando llegar a conclusiones plausibles. Sin que necesiten esforzarse en coincidir con las explicaciones aceptadas entre los principios de algunas religiones. Ellos sirven a la física, no a la metafísica. El que algunos autores, hace miles de años, escribieran sobre sus sentimientos, percepciones, experiencias e intuiciones religiosas, sin describir acertadamente la realidad científica de la Creación, no quita valor a su mensaje metafísico. El mayor defecto de toda religión es su búsqueda irrefrenable de poder, a través del misterio, de la ignorancia buscada y fomentada. De un poder ilimitado, que abarque todo. Donde empieza la ambición personal, acaba la razón universal.

Ser progresista, no es la mejor recomendación ante los hombres de Dios. Más que nada, temen ser borrados por el progreso. Quien razona no cree, piensa. Ya se fijó en el Concilio Vaticano Primero la premisa: La fe ha de prevalecer sobre la ciencia.

Mientras puedan, quienes manejan las fuentes del saber infuso, no dejarán progresar el conocimiento razonado. Los avances de la ciencia, socavan sus cimientos.

A dios rogando y con el mazo dando. Parece que este tercer milenio ha empezado fuerte con las creencias. Estamos asistiendo a una nueva radicalización de las normas. La alianza de los estrictos.

La impresión general, es la suma de las impresiones parciales. Estamos viviendo tiempos de crisis, indudablemente, como siempre ha sido. Las crisis, los altos y bajos, son inherentes a la vida. Sólo que las crisis graves se trasladan de lugar, aún cuando permanezcan en el tiempo. Nunca el mundo fue una balsa de aceite. Desde el subsuelo, relleno de magma ardiente, hasta la estratosfera, con sus inmensas descargas eléctricas. La Tierra está llena de vida, y la vida es energía inquieta. Nada está en calma, nada está muerto, la energía subsiste a sí misma, transformándose. Toda partícula se halla imbuida de vida. No hay quietud en los átomos, todo es energía. No sólo las formas exteriores, las que percibimos a través de los sentidos y conductas, influyen en nuestras impresiones. Hay radiaciones inexploradas, que, de alguna forma, se perciben. Cuando sentimos rechazo inexplicado hacia alguien o algo, es que percibimos el efecto de fuerzas contrarias a nuestro ser. Hay montañas, que apreciamos como abismos sin fondo. Se me eriza la piel, ante las ideas extremas, dogmáticas, excluyentes. Da igual quien las represente, Sadam, Bin Laden Lenin, Putin, Pinochet, o un iluminado religioso, tipo Bush.

El conmigo o contra mí, las guerras de clases, las eternas sospechas, el ataque solapado, castrador y represivo de todos los absolutistas, contra la libertad, generan pensamientos negativos. Niegan el derecho al sexo vivificador que nos fue dado, por la gracia de Dios o de la Naturaleza. Afirman la limitación a la libertad de pensamiento y a la sensación de placer. ¿Quién pudo igualar placer a pecado? Alguna mente enferma de masoquismo profundo y ansias de dominio absoluto. El rechazo de los prebostes a la democracia, no admitiéndose a sí mismos como iguales al resto. La negación a aceptar la vida tal como la percibimos. No puede dar origen más que a energías negativas, fuente de violencias. Donde se instale el dogmatismo hipnotizante, se fuerzan las leyes de la Naturaleza, destruyendo la armonía del individuo. Vivimos rodeados de dogmatismos imperiosos, que cercenan la pequeña flor de la felicidad, que sólo crece en libertad. Quienes son incapaces de apreciar su perfume, tampoco la ven. Negando y negándose el derecho a la vida armónica presente. Soñando tan sólo en un enigmático futuro celestial incierto. Ignoran que, si no cultivamos la vida hoy, el mañana nacerá ya muerto.