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Humanidad con Ideas

Wednesday, August 27, 2008

Sin hombres, no hay ideas. Primero es la Humanidad, luego las ideas. Las ideas que carezcan de humanidad, no merecen ser puestas en práctica. El hombre, lo humano, lo humanitario, debe estar por encima de sus ideas. Las ideas deben existir para servir a los humanos, no al contrario.

La irracionalidad de algunas creencias no puede conducir sino a callejones sin salida. Tenemos la mente deformada. O somos místicos, o científicos. No se pueden mezclar ambas cosas. Quien cree, no razona. Al menos, no razona libremente; porque sus creencias le limitan hasta donde pueda dejar de creer.

Cuando las ideas se convierten en dogmas ineludibles, esclavizan el pensamiento, impidiendo su desarrollo. Cada vez que surge algún político con ínfulas mesiánicas, hay una legión de descerebrados dispuestos a seguirlo. Parecen resucitados de entre los muertos, dispuestos a conquistar, nuevamente, tierras de infieles.

Cuando lo común, entre los políticos, es que cambien de opinión según las circunstancias, la gente de ideas fijas permanece fiel a su obsesión. Creen que las ideas han de ser defendidas contra todo cambio. Como grabadas en el más duro granito del Sinaí. Piensan que, las alteraciones producidas por la evolución, se deben a perversiones del sistema. Así, pretenden que todo permanezca tal como fue creado. Como si la Humanidad fuera idéntica a sí misma, a través de los milenios. En el apogeo del poder de las creencias, durante la fatídica Edad Media europea, casi lo consiguen. Dedicaron siglos de esfuerzos a borrar, con la espada y la ignorancia, todo el saber humano. Cortando cabezas de filósofos, quemando científicos y destruyendo cuantos escritos no fueran una servil aceptación de sus afirmaciones irreales.

Dedicaron siglos a borrar el saber acumulado durante milenios. Hasta hacer desaparecer incluso la higiene corporal y la medicina griega, árabe o persa. Las termas romanas y los baños turcos fueron destruidos, como centros de concupiscencia y cultivo del cuerpo carnal. Las grandes pestes asolaron Europa. Nunca olió tan mal y fue tan insana la humanidad. Así se hicieron imprescindibles los enormes botafumeiros, incensarios y braseros, alimentados con hierbas aromáticas. En lugar de lavarse, escondían el hedor corporal bajo el humo de las yerbas olorosas. Una sociedad convertida en pura metáfora de sus hipocresías.

Quien pretenda regir el mundo con ideas milenarias, está frenando la marcha de la Humanidad. No se puede congelar el progreso. No hay cosa más lógica que la evolución del pensamiento, cuando se pone en marcha. Las ideas estáticas pueden servir para regir conventos de clausura. No el mundo. Las ideas vivas, alimentan el progreso, las estáticas, el fanatismo. Bondad humana y bondad social son dos cosas distintas. No siempre lo que es bueno para el individuo lo es para la sociedad. La rigidez frustra más vidas que la libertad. Regir una nación con reglas de convento, nos puede retornar a una nueva Edad Media. Los nostálgicos del pasado, convocan nuevas cruzadas, cuando les apetece. Nunca quise creer en zombies y fantasmas, quizá estaba equivocado. Porque, existir, existen.