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Nacionalismo Emergente

Tuesday, July 22, 2008

Los nacionalismos son tan limitados como limitantes. Creadores de narcisistas fronteras utópicas. Olvidan su pertenencia a la Humanidad, para destacar lo singular de su tribu. Aíslan más que expanden. Parcelan el género humano, destacando más las peculiaridades de cada pueblo que las coincidencias del conjunto. El folklore está en el recuerdo, la vida en el futuro. Los nacionalistas suelen ser buenos creyentes. En principio creen en ellos mismos. En su singularidad. Después, en la religión que sea. La que le haya tocado en suerte a su pueblo. Sencillamente, porque eso ahonda en las tradiciones. Y, afianzando tradiciones bien amasadas, junto con folklore, artesanía popular y parentela, se compacta el núcleo de intereses que representen. La extrapolación de valores religiosos a la política, da nacimiento a los credos nacionalistas. Hace falta fe, no razonar, para ser nacionalista.

Los nacionalismos emergentes, entre pueblos que nunca fueron nación, tienen más de asociaciones de vecinos macro dimensionadas, que de verdaderas naciones. No podemos pasarnos la vida culpando a otros de nuestros males. Quizá debiéramos madurar para comprender que, quien siempre culpa a otros de sus propios problemas, dependerá, a perpetuidad, de voluntades ajenas.

Todos deberíamos aportar algo, dentro de nuestras posibilidades, para que el conjunto funcione. No podemos confiar en caudillos que nos guíen. Si necesitamos pastor, seremos siempre rebaño. El desarrollo humano se adquiere ejercitándolo.

Cuando la tendencia general en el mundo es la de borrar fronteras, los nacionalistas se esfuerzan por volver a los orígenes. A la aldea. Magnificando el tipismo. Conservando para el futuro, como singularidades admirables, lo que no son más que restos de primitivismo e ignorancia.

No sólo se crean partidos nacionalistas, sino comarcales, insularistas y localistas. No cabe más irracional división de fuerzas. Y todo, para que cada ratón se reserve su trozo de queso. Cuando toda lógica recomienda la unión de intereses comunes, con una sola voz, votamos a los listillos de turno, que se reparten parcelas de poder.

Es increíble el poder de convicción y convocatoria que tiene cualquier adulador victimista. Todos tienen en común el ser maestros en la explotación de la demagogia, adulación vacía, el victimismo injustificado y la deformación de la verdad. Simulada con la difusión de medias verdades hipócritas. A esto añaden, todos ellos, el egocentrismo infantiloide de pretender ser, eternamente, el centro de sus pequeños mundos. Representan el grado sumo del nacionalismo folklorista. Con diferentes matices, pero siempre estrechos de miras. Considerando cuestión principal seguir siendo ellos el eje, alrededor del cual se mueva todo. Les faltó la grandeza necesaria para dejar paso a los mejores, con grandes miras. Así, la decadencia está asegurada, llega con la persona. Ama más a su pueblo, quien no pretende congelar la historia. Clamar por la pureza de la raza de un pueblo, evidencia ignorancia. El pueblo Amazigh, habitante de la Kabilia argelina y marroquí, al que los europeos llamamos Bereber, es el antepasado más cercano y común de corsos, íberos, vascos y canarios. Su lengua, el Tamazigh, reúne todas las raíces fonéticas del vascuence. Y esto se ve en los toponímicos coincidentes de la geografía canaria, vasca y norteafricana. ¿Han oído, a algún dirigente nacionalista vasco reivindicar sus antecedentes rifeños? Parece como si hubieran caído, directamente, del cielo. Todos somos africanos.