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Mente Transnacional

Sunday, July 20, 2008

Aparentar ser pobres, es privilegio de ricos. La uniformidad en la aparente pobreza, es el signo más visible de nuestra época. Nunca antes la gente pagó tanto para vestirse con harapos. Los vaqueros rotos y la ropa arrugada, expresan una actitud del vivir desenfadada, sin demasiados corsés, perifollos, ni tapujos. Lo que acerca los cuerpos, empareja las almas. Simplificar, puede ser la palabra clave. Quitando hojarascas, curvas y meandros, la vida se hará más sencilla, más visible. Rectitud, simplicidad y bondad, se mueven en el mismo plano de valores.

Hay quien persiste en el uso del traje y corbata, como si de una cota de mallas se tratase. Defensa y frontera. Pretensión de clase. Señuelo guerrero. Altivez, en serie de grandes almacenes. Mientras admiras la corbata, no ves los ojos rapaces del portador. Es indudable que los uniformes, más si son de elección propia, condicionan a quienes los portan. Ayudan a diluir, la personalidad propia, en la del colectivo al que se pertenece, o pretende pertenecer. Los dictadores han sido siempre propensos a los uniformes, eso es un rasgo común, no importa su nacionalidad. Visten uno u otro, según sea el escenario donde se presenten. Los pájaros se caracterizan, en primer lugar, por las plumas. Los generales, por las medallas, estrellas y charreteras.

Los jóvenes del mundo actual no visten de forma distinta en Tokio o San Francisco, en Madrid o Buenos Aires. Se visten de jóvenes, eso es todo. Se identifican más entre ellos, en distintas naciones, que con los adultos de su propio país. Está empezando a haber una cultura universal, en el vestir, el comer, la forma de vivir, que resulta válida en muchos países, para el mismo tipo de personas. Cabe la esperanza de que los jóvenes ahonden en la búsqueda de identidades, por encima de las fronteras. Y que ese espíritu vaya evolucionando, creciendo; con ellos y en ellos.

Entre personas de la misma clase, oficio, aficiones, de distintos países, hay más coincidencias que diferencias. El cuerpo condiciona al espíritu y el intelecto al cuerpo. Quizá ambos supuestos sean válidos e intercambiables. Es curioso observar las caras e indumentarias de participantes en cualquier congreso profesional internacional. Se hace difícil decir quién es de dónde. La profesión común, identifica más que la nacionalidad. Ojalá que esa internacionalización de rasgos, sea también, alguna vez, nuestro signo identificativo, con la transnacionalización de mentalidades. Facilitaría el camino hacia la paz y el progreso. Todo lo que pase en el mundo nos afecta e interesa. La Humanidad es una. La variedad humana, células de un mismo cuerpo. Las tradiciones no son siempre la conmemoración repetida de una verdad instituida, sino, en muchas ocasiones, la repetición de una fantasía institucionalizada, como el recuerdo apócrifo de una inexistente Batalla de Clavijo, con presencia incluida del resucitado, para la ocasión, apóstol Santiago. Nacionalismos y regionalismos, son límites artificiales a la universalidad del ser humano; cánceres sociales a extinguir.