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Tradiciones Aceptadas

Saturday, July 19, 2008

Los bosques eran, según la Biblia, el lugar donde fijaban su residencia los espíritus malignos. Por lo que, reiteradamente, ordena Dios a los judíos quemar los bosques sagrados de los gentiles. Claro que esto pudo tener su origen en el hecho de que tales gentiles considerasen santos algunos árboles y ciertos bosques. Como en el Budismo actual, donde, tradicionalmente, los bosques son lugar de oración. Así lo fueron ya entre arios, fenicios, cananeos, germanos y celtas. Los bosques de cedros del Líbano (Fenicia) se conservaron intactos durante siglos, debido precisamente a su original sacralidad.

En épocas anteriores, algunos árboles frondosos de especial longevidad, fueron venerados con respeto. Tal el roble en Europa, que era dedicado a los héroes. Junto con la encina, ya era objeto de culto entre los druidas, beréberes, iberos y vascos, estirpes todas del mismo tronco.

Para los celtas, revestían especial importancia, además de la encina, el fresno y el tejo. El olivo fue sagrado para griegos y árabes. En el Líbano, el cedro llegó a convertirse en símbolo de la nación, pero las raíces de su respeto se hunden en la historia y los cultos de la antigua diosa Aserá, esposa de Él (Baal), reina de los bosques, introducida con todos los honores en el Templo de Salomón. No es de extrañar que, en bosques de cedros, encinas y robles, se hayan encontrado tallas de diosas, en su representación maternal. Aserá o Astarté, la Venus fenicia, era personificada con un niño en el regazo. Cuando sus adoradores tenían que huir de las ciudades asediadas, escondían sus imágenes en los troncos de viejos robles, pinos o encinas. Encontradas accidentalmente, tras siglos, podían ser reinterpretadas como apariciones, por los nuevos creyentes. Esto explicaría, quizá, la reiteración de figuras halladas en bosques frondosos del área mediterránea. Lugares por donde pasaron los antiguos fenicios.

Entre los pueblos nórdicos, vikingos y lapones, los abetos tuvieron un significado religioso. Esta tradición ha transcendido a la actualidad, pasando a la simbología cristiana como árboles de Navidad.

Entre los judíos de la antigüedad, tuvo la encina carácter sagrado; buscándose la sombra de una encina, para enterrar a los seres muy queridos. Y objetos de culto, que quisieran ocultarse. Entre los griegos, se asociaba al laurel con Apolo y al olivo con Pallas Atenea. El laurel era el árbol de artistas, guerreros y adivinos. Entre los budistas, se respeta a la higuera religiosa, árbol bodhi, por la creencia de que Buda recibió la iluminación hallándose a la sombra de una. En China, el pino es símbolo de longevidad, constancia y fidelidad, por lo que son respetados.

Entre los babilonios, las plantas tenían importancia religiosa, sirviendo, el desarrollo de ciertos vegetales, como referencia para fijar acontecimientos venideros. Estas narraciones sobre árboles y animales extraordinarios, no faltan tampoco en la Biblia. El árbol paradisíaco, cuyo fruto proporcionaba conocimientos y el acercamiento a la divinidad, no es cosa que se vea a diario, en el ciego mundo actual.