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Trampas Mentales

Friday, July 11, 2008

La palabra es el origen de las cosas. Esta doctrina está bien representada en todas las religiones animistas y espiritistas africanas. En ellas, es fundamental el poder de la palabra. El dios creador egipcio, Atom, conocía todas las palabras que definen las cosas. Nombrándolas, las creaba. Parecida pauta sigue el Dios descrito en los tratados religiosos que han trascendido hasta la actualidad.

En las diferentes religiones animistas, podemos ver variantes accidentales, no fundamentales. Con ligeros retoques, se suelen trasplantar conceptos de una a otra. Y, dado que los animistas consideran positivo disponer del favor de cuantas más fuerzas mejor, estarán siempre dispuestos a tomar prestado cuanto espíritu poderoso, ánima, o fuerza, pueda servir a sus fines. El principio, irrefutable, es: Si una fuerza (energía, espíritu, santo, o deidad) es poderosa y sirve a otros, también puede servirme a mí, si la honro adecuadamente. No olvidemos, como simple referencia, que uno de los primeros nombres dados en la Biblia a Iahvé es el de El-Ohim, identidad preexistente en Babilonia, cuya traducción literal es: ’Unión de fuerzas’.

Entre creyentes, es común la suposición de que, cuerpo y alma, en una persona, son dos elementos diferenciados de la misma, que, aún cuando formen normalmente una unidad viva, al morir la persona, se disocian. En lo futuro, llevarán una existencia separada y no interdependiente. Bien, esta disociación, total o parcial, es también admitida, en religión y magia, en los estados de éxtasis. Se da como cierta la posibilidad de que el espíritu personal pueda ausentarse, temporalmente, de su residencia corporal, sin causar la muerte del cuerpo.

En los tratados medievales, se decía que el jacinto almandino libraba de la locura. Dado que los desórdenes mentales y de conducta, de cualquier tipo, fueron considerados, hasta tiempos muy recientes, por las autoridades eclesiásticas, como manifestaciones externas de posesiones diabólicas, el poder de establecer la insania de una persona, se lo atribuía el ámbito religioso. Para sanar a los enfermos, usaron estas piedras en los rituales de exorcismo. Junto con un pan bendito y una cruz; a ser posible, de plata. El pan y la cruz representando a Cristo, y el jacinto, por su color rojizo, a la sangre de los mártires. Por ello, hasta el pontificado de Pío XII, los estudios de sicología y siquiatría, por personas ajenas al clero, fueron considerados una invasión del terreno religioso. Cuestiones de poder: quien lo tiene, no lo suelta. Con razón, o sin ella. Tales ceremonias fueron muy frecuentes en tiempos pasados, antes de alcanzarse la difusión actual de la sicología y siquiatría modernas. Pues, en muchos casos, los ‘poseídos’ no sufrían más que un ataque epiléptico o una crisis nerviosa. En otros, como en el caso de algunos reyes dementes o incapaces, la posesión demoniaca era decretada por sus confesores. Con lo que se les desposeía de su poder real; traspasando el mando de la nación a sus validos. El caso del rey español Carlos II el Hechizado, disminuido físico y mental, es preclaro.