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Astrólogos Supervivientes

Monday, June 30, 2008

La Astrología siempre fue una mezcla de ciencia, empirismo, magia, y superstición. Astronomía y Astrología fueron consideradas, durante miles de años, la misma ciencia. En los albores del Renacimiento, se perfilaron netamente sus fronteras. Desde entonces, la Astronomía se limita a estudiar los fenómenos físicos del Universo. Mientras, la Astrología ha pasado, de ser una religión astral, con base científica astronómica, a convertirse en una pseudo-ciencia fantasiosa, plagada de misterios mágicos, creencias y supersticiones, sin base científica creíble. Más relacionada, desde entonces, con magos, brujos y visionarios que con científicos. De todas formas, no es descabellado pensar que, si un día soleado y luminoso nos afecta de forma distinta a otro húmedo, frío y oscuro, también se puedan deducir condicionantes infinitesimales exteriores a la Tierra. Sin pasar de ahí. En el terreno de las ideas, se ha de tener en cuenta que las estrellas, en la antigüedad, en algunas regiones del Oriente, fueron identificadas con los mismos dioses, cuyos nombres ostentaban. Por ello, se consideraba decisiva su influencia cósmica, más en cuanto dioses que como simples cuerpos celestes. En los escritos pictográficos de la antigua Babilonia, las palabras ‘dios’ y ‘estrella’ se escribían de igual forma. Con el dibujo de una estrella de cinco puntas.

La insuficiencia de conocimientos fue suplida, en ocasiones, por deducciones lógicas y, en otras, por fantasías delirantes de un barroquismo infantil. Hay de todo y para todos. La concordancia existe, sólo dentro del mismo grupo de pensamientos religiosos. Discrepando, de forma absoluta, con los demás grupos. Dado que, para el mantenimiento de la fe en aquello que no se puede probar, es necesaria la seguridad indiscutida en las afirmaciones que se consideren fundamentales, básicas, de principio, cada grupo mantiene, contra viento y marea, su propio concepto de la Creación. No importa que los otros relatos sobre la Creación, existentes y coexistentes en cada una de las demás religiones, sean discordantes, contradictorios, o, simplemente, distintos. El hombre religioso, está dispuesto a aceptar sólo la veracidad del relato que se narre en sus propias escrituras sagradas. Los demás, según ellos, pertenecen al mundo de la fantasía, cuando no al de los espíritus malignos.

En algunas cuestiones fundamentales, parece que ciertas religiones orientales, tales como el Hinduismo, se han situado más cerca de las teorías científicas. Consideran que el estado actual del Universo se debe al flujo constante de creación, destrucción y recreación, de forma que el resultado equivalga a una creación continuada. Esta tesis, pudiera haber tenido cabida dentro de una hipótesis elaborada por algunos astrónomos, antes de la casi general aceptación de la teoría actual, que sitúa una gran explosión en el principio de nuestras galaxias, hace, quizá, unos quince mil millones de años. En estas cuestiones, todos los conocimientos son mejorables.

En fin, no sólo las religiones cambian sus teorías, también los científicos van renovando sus pensamientos. Esto parece materia obligada. Sobre todo en las ciencias relacionadas con el espacio exterior, donde ya se han detectado fuentes de radio provenientes de distancias aproximadas a los doscientos sesenta millones de años luz. Ante tales cifras, ¿cómo puede uno estar seguro de lo que sabremos mañana?

Hoy, cuando ya ha sido aceptada por la ciencia una edad para el Cosmos de, al menos, cinco mil millones de años, pero más cercana a los quince mil millones de años, desde el mundo religioso no se rebate a los geólogos, físicos y astrónomos. Sencillamente, se los ignora. O bien, se dice que se han de interpretar los escritos sagrados a la luz de los nuevos conocimientos. Es decir, se pretende afirmar que los libros sagrados no estaban equivocados. Sólo la interpretación humana que de ellos se hizo, condujo al error. En fin, las posibilidades de pervivencia, aumentan con la adaptación al medio.