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Confianza Irracional

Tuesday, June 24, 2008

Algunos administradores de creencias piden a sus fieles que renuncien a su más característica función humana: la racionalidad. Eso es tanto como pedirles que renuncien a ser humanos. Tales líderes de tendencias, deberían rebuscar a sus fieles seguidores, con preferencia, en un parque zoológico, o en las selvas tropicales, si es que necesitan alrededor de sí seres irracionales, que los admiren. Quienes convierten las consignas en credos, piden que sus seguidores tengan fe en sus dirigentes. Al hacerlo, usan elementos religiosos, para manipular a quienes creen en ellos. Las cosas de este mundo, entre las que contamos la política, deberían mantener un muro estanco, que divida y separe creencias de consignas. Las creencias pueden flotar en los espacios siderales, las consignas deberían ser racionales. Sin la continua intervención de quienes manejan la fe como un bien propio, ya se hubiesen resuelto en paz la mayor parte de los conflictos de creencias y nacionalismos enquistados en el mundo.

La gran importancia que algunos dirigentes atribuyen a la disminución de fieles asiduos a su sede, tiene una base netamente bancaria: a menos fieles, menos aportaciones. Las grandes organizaciones necesitan grandes sumas para mantener su boato y aparato. Las apariencias también cuentan y cuestan, básicamente.

Un líder carismático, si es honrado consigo mismo y con sus seguidores, ha de explicar las razones que muevan sus cambios de opinión. Y esto ha de hacerlo, siempre, con claridad. No puede permitirse actuar como un iluminado, exento de dar explicaciones y de asumir responsabilidades. No se puede caer en la tentación de convertir la religión en una forma de hacer política, ni hacer de la política un sucedáneo religioso, lleno de principios intangibles y personajes inamovibles. El culto a la personalidad tiende a no ver más que virtudes y aciertos en la persona admirada. Pretender hacer dioses de los humanos, no conduce más que a grandes errores. Lo hemos visto, repetidamente, en todos los movimientos políticos, cultivadores de personalidades, que tuvimos en el último siglo.

Hablar de fe, en política, es contradictorio en sí mismo. Ya que, las razones de gobierno, han de ser efectivas sobre el terreno, sin intentar llegar al cielo. Nada es arbitrario, casual o irracional en el discurrir de la Naturaleza. Todo suceso es producto de otro anterior. No puede haber consecuente sin antecedente. Aunque las creencias sean irracionales. Quien las tiene, puede ocultarlas, si así le conviene, pero no destruirlas. El hombre se hizo Hombre, cuando dejó de pensar sólo en la inmediata realidad, para adentrarse en el mundo de lo imaginado, racional, o irracionalmente. El mayor acto de progreso que puede experimentar el ser humano es el de la liberación de las creencias irracionales. La religión, si adquiere toques de fanatismo inflexible, pretende la sumisión indivisa del individuo. Obligando a la aceptación de las más irracionales creencias, tuerce la voluntad natural y embota el raciocinio. El estudio continuado de la naturaleza humana, ayuda a mejorarla. A más profundos conocimientos, mayor es la comprensión. El fanatismo es un subproducto del cultivo de la ignorancia.