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Creer sin Razonar

Monday, June 23, 2008

Como se ha visto tantas veces en la historia, la sustitución de un mito por otro, no libra de las creencias, las acrecienta y afianza.

La creencia en la supervivencia del alma, y en la existencia de los espíritus, parece que es casi universal. Es fácil inventar misterios, cuando se desconoce la realidad. Mientras más elaborados, incomprensibles y fantasiosos sean, más dispuesta estará la gente a creerlos. Ello ha proporcionado un campo enorme a especulaciones fantásticas. Las distintas teorías sobre los espíritus y su esencia independiente de la materia, son lo que da base a las creencias animistas, espiritualistas y espiritistas. Tanto si lo consideramos desde un punto mágico o religioso.

Después, el dilema, no solucionado, de creer o no creer en la posible existencia del alma, o de una fuerza vital, que exista de forma independiente y posterior a la muerte del individuo como tal, es algo especulativo, o accidental. Una perspectiva más, entre muchas.

Cuando en la Biblia, los Evangelios o el Corán se habla de espíritus que invaden una casa, persona o animal, no se está lejos de las teorías animistas, por lo que los creyentes animistas, sencillamente, de forma natural, las añaden a sus creencias. No es nada nuevo para ellos, sólo un complemento. Todas estas creencias son de origen ancestral. Surgidas en las etapas más primitivas de la existencia humana. El arma de la ignorancia es la fantasía.

Así, los cultos, que estuvieron permitidos, para fomentar la fe cristiana entre los esclavos de las plantaciones, derivaron en la conservación de sus creencias animistas africanas. A los espíritus africanos se les asignaron nombres de santos cristianos, externamente, pero eso fue casi todo. Se pusieron figuras de santos católicos en los lugares de culto y a ellas iban, aparentemente, dirigidos los ritos y oraciones. Pero los esclavos sabían íntimamente que, tras la estampa del santo cristiano, escondían la energía de su África originaria, a la que, realmente, iban dirigidos los cultos. Con apariencia cristiana y alma africana. Origen de la santería en Sudamérica. Síntesis de creencias.

Esta costumbre de proteger, u ocultar, unos nombres con otros, no es sólo actual o reciente. En las civilizaciones del Índico, se ha practicado desde siempre. El uso de poner varios patronímicos a los recién nacidos viene justificado no sólo por el deseo de mantener alguno de ellos oculto, el verdadero, el más poderoso, sino que es debido, por acumulación, a la suma de poderes mágicos que se atribuye a cada nombre en singular. Se usan como una agregación de poderes, buscando protección añadida. A nadie, que no fuese de la más íntima familia, se le podían dar a conocer todos los apelativos del recién nacido. La justificación es básica: Para que un hechizo o maldición adquiera completa eficacia, se ha de conocer el nombre cabal del maldecido y recitarlo junto al conjuro. Esto nos sigue recordando que ‘el poder reside en la palabra’. En el Libro Egipcio de los Muertos, dice el dios supremo: ‘Yo soy Atom, el gato divino de Heliópolis, que, con los poderes mágicos de todos mis nombres, he creado la bóveda celeste y la divina materia que la compone.