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Privilegios de Clase

Saturday, May 31, 2008

La obligación, para el creyente, de aceptar las reglas dictadas por los clérigos, es algo universal en todos los credos. El sacerdote se coloca en un plano superior, tanto en el Hinduismo, donde constituyen la clase privilegiada de los Brahmanes, como en el resto de religiones consideradas, en las que el religioso se auto-incluye como parte de lo sagrado, con notables privilegios en muchos casos.

Entre los parsis, hindúes, sintoístas, taoístas, e incluso judíos, la herencia es decisiva en la fijación de los deberes y privilegios. Esta costumbre también se practica actualmente en algunas sectas que se autoproclaman budistas. Aún cuando Buda rechazaba las diferencias entre humanos. Cuando alguien le preguntaba quién era, siempre respondía. ‘Soy eso que eres tú’. En el Islamismo, los descendientes de Mahoma y alguno de sus parientes, como Fátima y Alí, ocupan puestos privilegiados en la sociedad musulmana, generación tras generación, como una aristocracia congénita.

En el Hinduismo, la preeminencia de la casta de los brahmanes, se justifica, además de por la herencia, por su pretendida cercanía a los dioses.

La conjunción del poder divino con el humano, no es ajena a ninguna religión. El mismo juramento que se ha de prestar al ocupar un cargo político relevante, tiene un contenido, de aceptación y sumisión a lo religioso, evidente en sí.

Una vez consagrados, los modestos monjes budistas del Tíbet, se hacen llamar Lamas(del sánscrito blama), cuyo significado es: superior, o maestro venerable. Ciertos sacerdotes taoístas se convierten en‘ celeste maestro’. Su Santidad el Papa Romano, tras su coronación, pasa a ser, al mismo tiempo, Vicario de Cristo, representante de Dios en la Tierra, obispo de Roma y soberano en el Estado Vaticano. Los califas y sultanes islámicos, administran directamente el poder de Dios sobre la Tierra, siendo los guardianes de sus leyes. El Emperador de Japón, no sólo era Sumo Sacerdote, sino dios viviente, descendiente directo de Amateratsu, la diosa del Sol. En Japón, la Casa Imperial japonesa, mantiene su categoría de reyes-dioses, ininterrumpidamente, desde el siglo sexto antes de Cristo, hasta nuestros días.
Los emperadores chinos eran, así mismo, Hijos del Cielo, dioses sobre la Tierra, ejerciendo al tiempo el papel de Sumo Sacerdotes. Este privilegio, está ya documentado desde la Edad de Hierro en China. Unos mil años antes de Cristo, en la que, los emperadores de la Dinastía Chan, ofrecían los sacrificios imperiales de fin de año a los espíritus del Cielo y la Tierra. Los reyes cristianos de Europa, ostentaban su poder por la Gracia de Dios y, aún hoy día, en Suecia, Holanda e Inglaterra, son cabeza de sus iglesias nacionales, reuniendo en sí la máxima representación política y religiosa. Los reyes católicos son consagrados por la jerarquía eclesiástica. Si ésta les retirase su apoyo, mediante la excomunión, los fieles católicos quedarían excusados de la obediencia al rey. Así que éste ha de tenerlo bien presente: Juntos, hasta el Cielo; separados, al Infierno.

Estas vindicaciones místicas, trasladadas a los herederos de los fundadores religiosos, como en el caso de los privilegiados descendientes de Mahoma, dan origen a verdaderas dinastías reales, apoyadas en fundamentos y justificaciones religiosas, que se cultivan y renuevan a través de las generaciones. Quienes se creen pastores, están situándose, ellos mismos, fuera del rebaño. ¡Cuánto debe reírse el Ser Supremo, en su cielo, oyendo la cantidad de incongruencias que los auto iluminados anuncian en su nombre!

Gobiernos Teocráticos

Friday, May 30, 2008

Como los derechos naturales y desnudos, que puedan asistir, a cualquier individuo o familia, para transmitir a la siguiente generación el gobierno de un pueblo, son bastante discutibles, desde un punto de vista simplemente humano, se busca siempre el apoyo del mito, con la ayuda del estamento religioso. De cualquier religión. La autoridad se justifica a través de la pretendida mayor cercanía a los dioses correspondientes. La pretendida conexión con la divinidad oportuna en cada país, garantiza la obediencia del pueblo, al convertir en principios morales y religiosos, lo que, en germen, fueran directivas militares y políticas, no siempre de muy estricta legitimidad en su origen. Los prolegómenos de la coronación de algunos reyes, o la legitimación de bastantes dictadores y tiranos, plenos de muertes, traiciones y legitimaciones diversas, encarcelamientos e intrigas, fueron justificados, tras obtener los necesarios apoyos de las autoridades religiosas. Lo que puede servir de típica ilustración al dicho bíblico de ‘’sembrar para recoger'’.

En la cuenca mediterránea, gran parte de África y numerosos países asiáticos, desde Palestina a las Filipinas, se impuso la religión de Mahoma, al par que las conquistas musulmanas. Mahoma no sólo fue un predicador incansable, también contribuyó, con su espada, a la extensión del Islamismo.

Ya que El Corán está considerado como la palabra directa de Dios, expresada a través de su Profeta, las indicaciones del libro sagrado, han de tomarse al pié de la letra. En él se pide a los creyentes dinero para la Guerra Santa, ya que ese es dinero dado a Dios directamente en préstamo y éste lo devolverá multiplicado. También, quien muera defendiendo su religión, vivirá eternamente. Dentro del Islam, los primeros califas, que lucharon intensamente por la extensión de sus creencias, son considerados santos. Como pasó entre guerreros cristianos, aún cuando, sus vidas terrenas, no fuesen exactamente ejemplares, su lucha los santificó, por su espíritu combativo y misionero.

El Corán, en numerosos párrafos, incita a la emigración de sus fieles, para extender la palabra de Dios. Y a la inversión de sus bienes en guerras de conquista. ‘’ Cuando terminen los meses sagrados, matad a los infieles donde los encontréis. ¡Cogedlos! ¡Sitiadlos!'’ Esta arenga, es una más entre cientos parecidas, que se esparcen por todo el texto sagrado del Corán.

La extensión del Cristianismo en América, a través de la conquista del continente, es un caso que no necesita explicación. Allá donde llegaron los ingleses, impusieron su religión, al igual que hicieran antes los españoles en las tierras conquistadas por ellos. A otro tanto obligaron franceses, portugueses, holandeses, y cuantos acudieron al gran saqueo. No hubo excepción a la regla; la cruz y la espada fueron siempre compañeras. En esto, no se diferencian las distintas iglesias cristianas.

Después de los primeros años en América, vino el Tratado de Tordesillas, repartiendo el Mundo en dos mitades, a beneficio de las muy católicas majestades de España y Portugal. Una vergüenza imperial, alentada y legitimada por la Iglesia Romana, de la que todavía no se ha repuesto la Humanidad. Los presentes u ofrendas a las deidades propiciatorias, o los sacrificios ante aquellas que inspiraban temor, fueron, siempre, determinantes a la hora de ir fijando las distintas ceremonias, que cimentaron el sistema de cultos, en cada creencia. Un concepto tan antiguo como el trueque, dio base a los primeros ritos. Para obtener el favor de los dioses, es necesario ofrecerles algo. La imposición de gobiernos basados en principios religiosos, es una forma de hacer política totalitaria

Espiritismo y Espiritualidad

Tuesday, May 27, 2008

Tanto en el Animismo como en el Espiritismo, se supone que los espíritus están formados de una materia, fuerza o energía, muy sutil, y de proporciones infinitesimales, pero con cierta existencia física, puesto que pueden adquirir apariencia corpórea. Entonces se habla de materialización del ectoplasma. O sea, que aún están ligados a la materialidad. Siguiendo esta teoría, podríamos suponer que el ánima, el espíritu, es consecuencia de la materia; de una determinada combinación material. En los escritos hebreos, cristianos y mahometanos vemos reproducido este fenómeno materializador de espíritus, en numerosas ocasiones. Nos bastaría recorrer la larga lista de ángeles y arcángeles aparecidos. Supuestamente espíritus puros, pero que podían portar espadas y vestimentas, o montar a caballo.

Aún hoy día, las culturas amerindias aportan una gran parte de sus creencias animistas a las modernas religiones espiritistas de América. A su vez, se ha de indicar que algunos rasgos culturales de la civilización Olmeca, en México, tienen conexión evidente con antecedentes chinos de la dinastía Tchu. Lo que puede ser un indicador más de la migración de las ideas, unidas a los hombres. Que avalaría la existencia de una primitiva inmigración asiática, a través del Pacífico, complementaria a la migración de los Inuis, o Ainos, por el extremo norte del continente, muy anterior a la llegada de Colón.

En algunas religiones, como la Hinduista, las representaciones de dioses no son aptas para el culto, hasta después de haber sido consagradas. Esto se hace mediante una ceremonia de bendición, en la que, tras ser untada la imagen con las cinco secreciones de una vaca, (leche, cuajada, - fermentada con pulpa de tamarindo ácido - mantequilla, orina y heces), y recitar numerosas oraciones de consagración, le es insuflada vida espiritual por el brahmán oficiante. Tales ceremonias de bendición o consagración, para las imágenes a las que se rinde culto, existen, prácticamente, en casi todas las religiones que las usen.

Variando las ceremonias y ritos. En algunas, se cree que las imágenes de culto tienen vida espiritual propia, o que en ellas se aloja el espíritu del dios representado. Debido a esto, son tratadas con suma reverencia, vestidas, cuidadas, acostadas, despertadas, paseadas, incluso alimentadas simbólicamente. Estos alimentos, presentados a los dioses, se consideran sagrados, siendo posteriormente consumidos por los sacerdotes, o repartidos entre los creyentes. Con la convicción de que, a través de ellos, se santifica la persona que los ingiere. En algunas culturas animistas como las del Pacífico insular, se dice de una figura religiosa que está \’viva\’, si se cree que el espíritu del dios que representa habita en ella. Si el ánima abandonó la figura, o nunca la habitó, se dice que está \’muerta\’. Las ceremonias de cuidados, dispensadas a la imagen divina, revisten especial importancia en la India, dentro del Hinduismo, pero también han adquirido relieve en otras religiones. En el Budismo ortodoxo, el culto a las imágenes sirve tan sólo como referencia para materializar o visualizar la devoción. Es, simplemente, una ayuda para fijar la creencia. Esto es así, porque, generalmente, no se cree que los Budas vuelvan, tras su muerte, para intervenir en el curso natural del mundo. La perfección de los santos, y los hechos milagrosos que los rodean, son atribuidos, en el Budismo, al desarrollo espiritual del santo en sus meditaciones. Esto le hace alcanzar un estado supranatural, que le permite realizar hechos tenidos por sobrenaturales. La concentración armónica de las fuerzas cósmicas en el santo, es lo que le confiere dones extraordinarios. Sin que haya intervención divina, en cuya mera existencia los budistas ortodoxos no creen. Que todo es relativo, es la verdad más firme a la que podemos asirnos. La certeza final ,, solo puede ser una; aunque varíe la forma de acercarse a ella.

Creer y Razonar

Monday, May 26, 2008

La clasificación religiosa de los humanos, pone en el más alto nivel a aquellos que cumplan los preceptos religiosos, y crean, incondicionalmente, cuanto se les presente con el sello de la fe. Los demás, los condicionados, razonadores, fríos, indiferentes o descreídos, que fijan reglas de lógica y credibilidad a sus creencias, ocupan los más bajos niveles de consideración religiosa. Así, la disciplina, la obediencia, la fe ciega, la aceptación de la autoridad, todo, en el fondo, lo mismo: la negación de sí mismo, la anulación de la individualidad, parece ocupar el más alto rango de las virtudes. Algo no muy alejado del concepto militarista de la vida. Se valora el actuar ciegamente, obedeciendo órdenes y reglas, sin dudar. Desde las esferas religiosas de todo el mundo, se ha hecho siempre más hincapié en el sometimiento, la obediencia, la fe ciega, las tradiciones, que en el avance de los pueblos, la libertad del individuo, o la independencia de pensamiento.

En los primeros tiempos cristianos, no se tuvo muy claro en qué fecha había de celebrarse el nacimiento de Cristo. Y así, durante siglos, los cristianos etíopes o egipcios adoptaron el seis de enero, tal como se sigue conmemorando en algunas comunidades. También fue celebrada la Natividad el 17 de Noviembre, el dos de Abril, y el veinte de Mayo. Y cada Sínodo de teólogos aducía sus fundadas razones para ello. Una de las reflexiones más universalmente aceptadas para adoptar la fecha moderna es que, según antiguos cómputos cabalísticos, el mundo fue creado un 25 de marzo del año 4004 antes de Cristo, a la hora nona. Dado que el 25 de diciembre cae a nueve meses exactos, se pensó que éste podía ser un buen día para el nacimiento de Jesús. La fecha, además, ya había sido sacralizada por los griegos, con lo que se completó el círculo. Salió redondo. Corría el año 353, de la era cristiana. La verdad es que, quien se inventara toda esta serie de números, no debió ser un genio de las matemáticas. Hay cálculos hindúes, de la misma época aproximada, bastante más elaborados. Con el tiempo, quedó olvidado, entre los cristianos, que aquel día había sido, desde siempre y hasta entonces, el día del Sol Invicto, día de Apolo, día del nacimiento de la luz. Entre griegos y romanos.

En la Biblia, se recomienda no ser duros, o injustos, con los esclavos, pero ahí se para el principio justiciero. Se admitió y justificó religiosamente la esclavitud, hasta tiempos muy recientes. Han sido necesarios los movimientos laicos, políticos y filosóficos, del Renacimiento y la Revolución Francesa, así como sus consecuencias posteriores, que desembocan en los avances sociales del siglo XX, para remover los cimientos básicos del esclavismo, del que aún quedan no pocos ejemplos, razonados religiosamente.

Aún se justifican las separaciones raciales, o la esclavitud, blandiendo escritos religiosos de otros tiempos. La verdad es que la esclavitud, fruto heredado de épocas pasadas, no es ni siquiera discutida como ilegítima, en las páginas bíblicas o coránicas, sino, más bien, justificada. En cuanto al racismo, la impresión general es que los dioses fueron creados para un solo pueblo. Los dioses tenían y tienen bases étnicas. Cada religión pertenece a su pueblo preferido. Por encima de cualquier otra consideración. Ninguna fue creada con vocación universal. Las bases para la igualdad entre los humanos, han sido siempre puestas, en tiempos modernos, por movimientos sociales, no religiosos. Estos se han incorporado a los movimientos sociales con bastante posterioridad y poniendo infinidad de condicionamientos. La igualdad de derechos entre hombres y mujeres ha encontrado, siempre, oposición entre las jerarquías religiosas. Y aún sigue activa la lucha por la igualdad.

Almas Múltiples

Friday, May 23, 2008

No hay creación, sin cerebro creativo. El alma la ponemos en lo que hacemos, en lo que decimos. Aunque, a veces, se nos pueda adivinar en los ojos, en una sonrisa, o en la expresión del rostro. Principalmente, el alma se da, cada día, como parte de nuestra obra cotidiana. El alma somos nosotros, nuestra personalidad, nuestra vida.

Cuando desaparece la unidad vital que sostiene la vida, muere el alma. El alma tiene vida en lo natural, no nos trasciende. Es el impulso y nexo que nos mantiene unidos a la vida. Cuando ese impulso, esa armonía vital, desaparece, la vida como unidad vital, se extingue. Tras eso, viene la descomposición . Con la que nos convertimos en multitud de vidas. Pasamos a un nuevo ciclo vital, sin unidad, que se transfiere, poco a poco, a lo mineral, nuestra base existencial. Desaparece una vida grande, para diluirse en multitud de pequeñas existencias. Pensamos con minerales.

Quisiéramos trascender. Pero la trascendencia humana se logra a través de la obra realizada, ya sea intelectual o material, hijos, obras y productos.

Las religiones de la India, en general, asignan a los animales un puesto no muy definido entre los seres creados, puesto que su estado no se considera inmutable. Para los creyentes del Hinduismo, las leyes de la trasmigración de las almas se cumplen también, tanto en los animales como entre los dioses menores o semidioses. De hecho, en el Hinduismo, se admite la trasmigración del alma animal a un cuerpo humano y viceversa. Algunos dioses tienen aspecto animal, o animaloide.

El bautismo purificador era ya practicado tanto en el antiguo Egipto, mediante la modalidad de baño ritual en las sagradas aguas del Nilo, como en las aguas del Ganges, río sagrado, purificador de pecados, aunque sus aguas estén entre las más contaminadas del mundo. La ceremonia tenía lugar a la salida del Sol. Se suponía que las almas de los muertos pasaban por una ceremonia parecida, antes de acceder a la presencia de los dioses. Con ella se lavaban sus pecados terrenales. El uso del bautismo, en ríos sagrados, como también lo era el Jordán, se convierte en ritual purificador, dándole un significado espiritual, al convertir el agua en lavadora de pecados. Se supone que la ceremonia bautismal deja una marca indeleble, identificadora del alma del bautizado. Tanto de los ritos purificadores del agua, como sobre los del fuego, podemos colegir que, históricamente, el origen de tales ceremonias se pierde en la noche de los tiempos, siendo anteriores a cualquiera de las fastos litúrgicos existentes en la actualidad. En el antiguo Egipto, el fuego era considerado medio purificador, sirviendo también de castigo a las almas condenadas. Entre las antiguas creencias judaicas, se admitía la temporalidad finita del Infierno. Esta modalidad de Infierno limitado, pasó a ser el Purgatorio en el Cristianismo. No olvidemos que el propósito del fuego en el Purgatorio es purificador. Cuando la catarsis se completa, termina el proceso. Después de eso, servimos, solo, para obrar milagros, si es que alguien nos los atribuye.

También recogieron ideas panenteístas, presentes en las religiones indias, que suponían la preexistencia de las almas en el seno de Dios, de donde salían y a donde regresaban, tras su breve periplo terrenal. Cuando Cristo dice: ‘ El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Las palabras que yo os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que mora en mí, es quien realiza sus obras. Yo estoy en mi Padre, vosotros en mí, y yo en vosotros’. Está realizando un planteamiento totalmente acorde, claro, preciso y absolutamente ortodoxo; si lo consideramos dentro del Panenteísmo, claro.

Fanatismos

Wednesday, May 21, 2008

Fanatismos en general. Esto podría ser como una marca de identidad, para los creyentes fanáticos.
Quien sea fanático religioso, el mayor azote de la Humanidad, tiende a serlo en otros conceptos. En creencias raciales, sociales o políticas. Todo se convierte en cuestión de principios. Hay que cumplir con las reglas establecidas. Y éstas son inamovibles.

El que algunas naciones, pretendidamente modernas, conserven entre sus costumbres la de clasificar a los humanos por razas, como en los tiempos de la esclavitud, en que la cotización en el mercado, de un ser humano puesto a la venta, podía depender de su color de piel, raza y medidas antropométricas, es claramente aberrante.

Sencillamente, me parece un extravío mental el que esta costumbre racista haya quedado preservada entre las leyes norteamericanas. Y, peor aún, que traten de imponer tales leyes retrógradas a quienes proyecten visitarlos. Europa, como conjunto, tendría que rechazar tales pretensiones.

Ninguna nación debería aceptar que, a sus naturales, se les clasifique como si fueran objetos a vender en una subasta. Eso no es una identificación de personas, sino una separación de las mismas, según color de piel y características externas, que quedan impresas en el futuro de sus descendientes. El descendiente de un negro o mulato, en Norteamérica, no puede nunca ser clasificado como blanco. Y eso implica infinitas limitaciones en el futuro de tales personas. Si quisieran residir en esa nación. En ese país, que pretende ser considerado como el país de las libertades, todavía, los que pudieran ser descendientes de esclavos, aunque no lo fuesen, arrastran cadenas limitadoras. La libertad, para estos seres, consiste en conformarse con vivir dentro de unos límites condicionantes, fijados de antemano por el fanatismo de los otros.

Adán no hubo más que uno y era blanco, según sus autorizados descendientes, los propietarios exclusivos de los derechos bíblicos. Los demás humanos no son hijos de Dios, sino hijos de los Hombres. El Génesis sigue siendo considerado la palabra de Dios, dirigida a su pueblo. Hoy en día, cualquier doctor en genética, o en historia, podría escribir unas notas aclaratorias a todo el Génesis, que inocularía serias dudas en el corazón de los más creyentes, sobre la autenticidad de su autoría. Alguien se equivocó en la adjudicación. Dios no puede haber sido tan poco docto.

El poema más antiguo, entre los conocidos en la civilización occidental, que canta la epopeya de la Creación, fue redactado en Babilonia, varios siglos antes de comenzar a escribirse la Biblia. El relato, llamado Enuma Elish, es de singular belleza: En él se describe la separación de las aguas primitivas, dividiéndolas en aguas de arriba y aguas de abajo, a partir del caos primigenio, y la posterior Creación del Mundo.

También, un cierto antecedente del mito de Adán y su caída, a través del pecado, lo podemos encontrar en el relato mesopotámico de Adapa, el primer humano: Habiendo éste desobedecido al dios Aun, su creador, fue perdonado, pero cometió el error de no aceptar el licor de la vida que el dios le ofreció, en señal de reconciliación. La pérfida serpiente, aprovechó el momento para robárselo. Desde entonces, son los hombres, descendientes de Adapa, mortales.

No es nada raro que, la narración bíblica, haya tenido como antecedentes estos poemas babilonios, dadas las concordancias y el constante contacto, por su proximidad y convivencia, de ambas culturas. La opinión es libre.

Bibliotecas Quemadas

Sunday, May 18, 2008

Parece como si, algunos creyentes, no quisieran que les estropeasen sus preciosas creencias, enrevesadamente elaboradas durante siglos, con la difusión de algunas sencillas verdades de la ciencia. Las quemas de bibliotecas no comenzaron con Hitler, o los autos de fe medievales.

Ya, en la más clásica antigüedad, se pretendía borrar el recuerdo de la formación intelectual de los pueblos ocupados, por las tropas dominantes. Con el método más sencillo y primitivo: el fuego. La Biblioteca de Alejandría, fue incendiada, al menos, cinco veces, por razones religiosas. La primera vez, en el siglo III, por el emperador Diocleciano. Sucesivamente, contribuyeron a su extinción los emperadores Aureliano y Teodosio. Como, posteriormente, en el 391, por orden del patriarca de Alejandría, Teófilo, para acabar con los cientos de miles de tomos manuscritos que la formaban. El fervor religioso de los cristianos primitivos, elevó hasta el cielo los humos de la sabiduría. Se quemó, intencionadamente, todo el saber de la antigüedad, reunido por la dinastía de los Tolomeo, con la valiosa colaboración de César, Marco Antonio y Cleopatra. El definitivo incendio, ya en plena efervescencia religiosa medieval, fue prendido por el califa Omar I, en el año 646. Allí acabó todo. Las más antiguas bibliotecas, de Nínive y Babilonia, ya habían sido destruidas, siglos antes. El terreno estaba preparado, para que entrase, triunfante, la oscura Edad Media. Que, al parecer, no ha terminado aún. Hay quienes pretenden prolongar la noche, por siempre. Ellos son los seres oscuros. Ahí está la clave de las dificultades que algunas organizaciones religiosas ponen al avance de la ciencia. El fin de la noche llega con la luz del día. Y quisieran que no hubiese amanecer. El último expolio de las bibliotecas y museos de Babilonia, se hizo durante la reciente ocupación americana. Bajo las órdenes del fervoroso cristiano renacido Sr. Bush.

No hay misterios en la religión, hay misterios en las mentes de los religiosos. El primitivismo de algunas religiones se explica porque sus principios están basados en la ignorancia. Su afán es mantener el miedo a lo desconocido.

Cuando se habla de religión, todo se explica con misterios, o sea, con más desconocimiento. Porque misterioso es lo ignoto. Sobre todo, si eso que se desconoce es algo inexistente, inventado con el sólo propósito de confundir las mentes. Nadie puede explicar un misterio religioso, porque fueron concebidos con el propósito de que fuesen acertijos inexplicables. Sencillamente, quienes se lo inventaron, no querían explicar nada, sino intrigar. Crear más misterio. La gente ignoraba, y debía seguir ignorando. Para tenerla bajo control. Claves del poder. Quien administra la ignorancia, tiene en su mano el mando. Adivinanzas sin solución, concebidas para mantener infantilizadas las mentes de los creyentes.

No se trata de investigar fenómenos naturales, sino fenómenos artificiales, construidos, para demostrar la superioridad del credo propio. No hay ni un solo fundador religioso, y son miles, al que no se le atribuyan maravillas milagrosas. Eso pertenece al género.

El único antídoto contra la superstición, es el desarrollo y difusión del conocimiento científico. A más ciencia, más respuestas. El ser humano es un complejo biológico. Sin cerebro, no hay ideas. Cultivémoslo, para ser partícipes del mundo. Y no sólo acólitos, de una larga lista de seguidores anónimos.

Lo Mensurable

Friday, May 16, 2008

El hombre no deja de ser humano profesando una fe distinta. La fe, al relacionarse con los sentimientos, pertenece por completo al mundo interior del individuo, no es homogénea, mensurable ni homologable. En el fondo, late el anhelo del conocimiento de lo eterno, de lo absoluto, del acercamiento a lo infinito, de identificación con lo divino. Sólo que, ese viaje a lo desconocido, se realiza en el interior de nuestro cerebro, no en el espacio. Los caminos seguidos, siempre son distintos para cada individuo. La fe pretende abarcar el Todo en sí misma. No aceptando como verdadero lo que de ella se salga.

Sin meternos a estudiar las religiones menos extendidas, podemos considerar que, entre los movimientos religiosos más universales, existen similitudes, sólo explicables por la absorción mutua de creencias entre los sistemas religiosos. Además de tener, todas las prácticas antiguas de religiones, unas raíces comunes. Las que salen de la tierra, primero, conservan su tronco vivo a la altura del hombre, después, y, finalmente, elevan sus ramas en el éter, hasta llegar a las regiones celestiales. Además, con espíritu práctico, se conserva lo útil, lo efectivo, lo inútil desaparece.

No se puede decir que unas religiones estén más influidas que otras por las circundantes. En general, todas se han ido modificando con el tiempo. Sumando creencias y adaptando, o eliminando, aquellos ritos que hayan ido perdiendo vigencia y sentido. También, a viejos ritos se les da nuevo contenido. Las ceremonias viven más que su significado. Evaporada la esencia, se rellena el viejo frasco con un nuevo perfume.

Este trasiego de ideas, tan natural, no es más que un reflejo de la sociedad en la que se hallan inmersas. Así, conforme van cambiando las estructuras de los países y sus poblaciones, las organizaciones religiosas van adaptándose a los tiempos. Siempre con cierto retraso, bien es verdad, pero con incesante espíritu sincrético. Las que se quedaron petrificadas en el tiempo de su nacimiento, no trascendieron.

Cuando se consolidó el Zoroastrismo, en el siglo séptimo antes de Cristo, se experimentó un cambio radical en la mitología del Oriente Medio, pues se comienzó por negar legitimidad a todos los dioses antiguos de la zona, para defender la idea del Dios único, sabio y creador. La característica principal, que ha quedado transmitida, es la eterna lucha entre el Bien y el Mal; de la cual saldrá, al fin, triunfante el Bien.

Cuando el Papa Inocencio IV creó el Santo Oficio, en el año 1248, el mismo de la conquista de Sevilla por el rey San Fernando de Castilla, el gran matamoros, el poder de los cielos descendió a la tierra. No se quiso esperar a que Dios impartiera justicia en el Reino de los Cielos. Se creó el infierno en la tierra. Tras perseguir a los disidentes, quien permanecía recalcitrante, moría en la hoguera, a la sombra de las catedrales. No se le puede negar eficacia al método. El veredicto inapelable, era emitido por unos monjes, tenidos por justos y sabios, e infalibles, con la ayuda de Dios.

Moriscos, judíos y asimilados se echaron a temblar. El precepto de Jesús, ‘ no juzguéis y no seréis juzgados’, pasó, de un plumazo, a la historia.

A quienes comercian con el miedo a la muerte y lo desconocido, arrogándose poderes para modificar el decurso de la vida post-mortem, mediante ceremonias y oraciones, no les van mal los negocios. Al menos, ningún alma en pena ha vuelto de ultratumba, para quejarse de la ineficacia de los ritos acordados, por incumplimiento del contrato de bienestar eterno.

Actualizaciones

Thursday, May 15, 2008

Las condiciones de vida de cada pueblo, determinaron también la naturaleza de sus creencias y dioses. Los nómadas adquirieron dioses pastores, los cazadores dioses sanguinarios, los agricultores dioses de la fecundidad, de los vientos, de los ríos y, todos los pueblos, dioses guerreros que los defendiesen de sus enemigos. Es notable que, tanto la religiosidad como la superstición, se intensifican entre los profesionales de mayor riesgo. La inseguridad crea dudas.

En las antiguas civilizaciones meso - y sudamericanas, la actividad de figuras totémicas divinizadas era notable.

Algunos dioses tienen aspecto animal, o semianimal. Es conocido el pasaje de la vida de Buda, cuando aún sus creencias eran Hinduistas, en el que, ya dispuesto a abandonar su vida principesca, y vestido de eremita, con la túnica azafrán, se despide de su caballo. Al abrazarlo, éste muere, se dice que de pena, al ver partir a su dueño. En ese momento, Buda expresa su convencimiento de que el caballo renacerá como un ser superior.

En El Corán, también se da cabida en la vida eterna del Paraíso a los animales. Base para ello, es el párrafo siguiente: ‘ No hay bestia sobre la tierra, ni pájaro en el aire, que no forme comunidades semejantes a las humanas. No hemos descuidado nada en el Libro. Luego, junto a su Señor, serán reunidos.’ Se piensa que tal creencia la pudo recoger Mahoma del antiguo Mazdeísmo.

En el primitivo culto de Esculapio, se tenía a las serpientes por benéficas. En la actualidad, la mayor vigencia del culto a la serpiente, se encuentra en la India. En algunos ritos animistas americanos, la serpiente tiene valoraciones ambivalentes. No se ha de olvidar que los antiguos mayas la veneraron en la forma del dios Quetzalcoatl, la serpiente emplumada. Artística mezcla de anaconda, jaguar y cóndor; identificada con el dios solar.

En los Evangelios, se hace hincapié en el dicho de Jesús, según San Lucas: ‘os he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones’…’ sin que nada pueda haceros daño.’ También San Marcos hace mención a la inocuidad de las serpientes y sus venenos, para quienes obren en nombre de Jesús.
En la Biblia, se condiciona a la serpiente como especialmente maldita por Dios; describiéndosela como el más astuto de cuantos animales había hecho el Señor sobre la Tierra. Aún cuando, biológicamente, los pobres, repelentes reptiles, apenas si tienen el cerebro suficiente como para reproducirse y mantenerse con vida.

Esta clasificación, puramente moral, no natural, de las serpientes, las ha convertido en objeto de numerosas leyendas de maldad. Cuando, sencillamente, sólo pretenden sobrevivir, como cualquier otro ser natural.

Desde un punto de vista racional, no se puede negar toda posibilidad de influencias astrales sobre la naturaleza, o una parte de ella, los hombres. Ni tampoco podemos exagerar su importancia. Los astros son un elemento más, entre miles, de los que influyen en la vida del ser humano. Toda la Naturaleza, en la que estamos inmersos, nos influye. Con lo que, la influencia individualizada, de cualquier elemento, en los seres humanos o en la Naturaleza, es infinitesimal. Siempre que nos movamos dentro de la racionalidad, de la física, de lo genético, de lo natural. Sin que haya necesidad de adentrarnos en territorios de fantasía, mágicos o religiosos. Todo tiene una dimensión natural. La física explica más cosas que las teorías celestiales, cultivadoras de misterios. Los astronautas no aprenden astronomía en la Biblia. Como las autoridades religiosas impusieron durante la Edad Media. ¡Aviados irían! Retrasaron las ciencias naturales dos milenios. Y siguen.

Principio y Fin

Wednesday, May 14, 2008

Nada tiene comienzo, o fin, en el momento en que lo percibimos. Todo comienza antes de haber empezado a existir, y termina antes de haberse extinguido. Principio y fin no son valores absolutos, sino momentos de percepción humana.

Hay que dar el sí a la vida, como parte que somos de la vida misma. Las teorías del no, de quienes se niegan a aceptar y aceptarse como parte de la vida que nos rodea, son las del cultivo de la muerte.
Cuando, en una regla de vida, hay más negaciones que afirmaciones, eso no es regla de vida, sino de preparación a la muerte. La muerte no hace falta prepararla, se presenta ella sola. Y, tras su presencia, perdemos el control de nuestra existencia, si es que alguna vez lo tuvimos.

La vida que gozamos es digna de ser vivida, con todos sus dolores, con todos sus placeres. Sólo que vivir es algo más que gozar y sufrir, es amar. Amar la vida y lo vivo. No hacer de la vida un culto a la muerte. Eso es negarse a vivir. Anularse como ser viviente. Quienes reniegan, por principio, a los placeres de la vida, es que se niegan a sí mismos. Quisieran estar muertos, para no tener ocasión de pecar. Porque, para ellos, todo placer es pecado. Cuando el placer es animación de vida, hay que vivirlo. Para vivir, estamos obligados a buscar el placer sin daño. Y no el daño por placer. Como hacen los adoradores de la muerte. Tenemos la obligación de ser positivos, en todo. Disfrutar con la felicidad, la nuestra, y la de los demás. Somos parte de un todo. Buscar nuestra felicidad, proporcionándola a los demás. La vida es afirmación. Gozar con el aire fresco de la mañana, y con la brisa de la tarde. Con el agua que bebemos y con la que damos de beber a otros. Con la aurora y el ocaso. Todo eso es parte de la vida. Del placer de vivir. Para ser feliz, hay que dar felicidad. El placer no compartido, duele. Hay que saber dar felicidad, para gozar con ese placer que nos queda , de haber dado un momento de luz a quien, quizá, vive en la oscuridad. Vivir es ver belleza, en la aurora y el ocaso. Nada es superfluo, todo es imprescindible, para que todo se complete.
Que, en nuestra civilización, todos los predicadores de virtudes insistan más en la negación de la vida, que en su culminación, es contradictorio. La vida no se cimienta sobre negaciones. Sino en afirmaciones a su discurrir. Las reglas morales que nos suelen imponer implican la negación de la vida. Pretenden prepararnos para un buen futuro de nuestra existencia, en algo tan incierto como la vida tras la muerte. Algo más cercano a lo dantesco que a lo cierto. La vida presente ya la tenemos. Vivámosla y facilitemos la vida a otros. Buscar el castigo, antes que el premio, no es vivir. Es la exaltación del morir, extinguiéndose, apagándose en un fanal.. Es el no vivir, ni dejar morir, de los moralistas, negadores del derecho al placer de vivir.

Me parece macabro que aún se exalten los cantos donde se dan vivas a la muerte, como si eso fuera el colmo de la valentía. Valiente es quien sobrevive, vive y da vida. No quien se la quita, o la quita a otros. Las virtudes de ese tipo, pertenecen más al reino de los muertos que al de los vivos. Quien quiera morir, que lo haga, pero que lo haga solo, sin proporcionar, a nadie, tristeza, con su placer. Negarse a vivir, plenamente, es no aceptarse, ni aceptar a quienes aman la vida y pretenden hacerla amable para otros. No me gustan los mártires voluntarios. Sobre todo, no me gustan los mártires que buscan su muerte, acabando con la vida de otros. Y amargándoles la vida a muchos más. Esa gente es mejor que desaparezca en los desiertos, donde nadie se entere de su existencia. Así, el día que mueran, no causarán dolor, nadie llorará por ellos, ni a causa de ellos.

Las creencias positivas, que busquen la felicidad de todos, bienvenidas sean. Las que pretendan la satisfacción de los deseos de unos cuantos, a costa del sufrimiento ajeno, que desaparezcan , sin dejar huella, ni recuerdo. No merecen, siquiera, dejar rastro en la lista de desaparecidos.