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Agresividad ‘Civilizada’

Saturday, April 26, 2008

¿Cómo podrán los futuros misioneros convencer a los habitantes de pueblos aborígenes semi-esclavizados, sobre la bondad de sus civilizadas razones? ¿Cómo podrán estos creer que el Dios del Amor está de parte de quienes comercian con sus hijos, y explotan a los padres? ¿Son los negreros redivivos, de ahora y siempre, que ayudaron a los conquistadores de otras épocas? ¿Cómo admitirá un indígena de pueblos apartados, la bondad de la doctrina de los conquistadores europeos, que los exterminan y explotan, robándoles a sus hijos? ¿Son, estos invasores, representantes de un Dios justo, magnánimo y bondadoso?

La bondad es fruto del amor, no del temor. Existe con independencia de las religiones. Quien realice actos bondadosos como consecuencia de temores a ser castigado, no muestra su bondad, sino su miedo. Sus actos pueden ser válidos en un plano social, no en el individual. No sirven para mejorar la personalidad, sino para acumular hipocresía y desamor. Por eso, la crueldad circunstancial de los clasificados como ‘buenos ciudadanos’ puede ser infinita. Quien, en sus actos crueles, se sienta respaldado por su fe en una doctrina que lo impele a ellos, puede actuar como un demonio de maldad, impulsado por su deseo de difundir el bien.

Los indígenas afectados seguirán guardando las convicciones ancestrales, ocultas en su corazón, como el resto del tesoro identificador de su propia cultura, que logran salvar estos pueblos de la agresividad y rapiña de los bárbaros caballeros cristianos. Quienes no sólo se creen con derecho a robar sus tierras y bienes, sino que se apropian incluso de sus hijos. Tratando, además, de convencerlos para que adopten los dioses de los blancos. A esto se resisten. Como pueden, pasivamente, con el engaño socarrón. Porque necesitan sus ayudas, Pero, esa resistencia pasiva, ha tenido como hijo oculto el cristiano - animismo actual. Que, en toda América, África y Asia, se muestra sólo en la intimidad.

No necesitan más que cambiar los nombres de espíritus aborígenes, rebautizándolos con apelativos cristianos. Interpretando en clave animista los fenómenos de la doctrina evangelizadora. No debe haber sido difícil, aunque sí laborioso, porque el sincretismo actual es perfecto.

No es de extrañar que, en los países de actual mayoría cristiana, hayan existido, siempre, sociedades secretas. La necesidad existencial de ocultar creencias disidentes, cuando lo que se jugaba era, frecuentemente, la vida, es comprensible. Se puede dominar la razón, pero, las creencias son irracionales. Quien las tiene, puede ocultarlas, si así le conviene, pero no destruirlas. Todo lo que surja de nosotros, sigue siendo parte de nuestra compleja naturaleza. No podemos salirnos de ella, aunque lo pretendamos ocasionalmente. Figurándonos estar por encima del resto de la Humanidad, para creernos con derecho a influir en la conducta de los humanos. Quienes se ven como administradores de los designios divinos, se atribuyen el derecho a manejar los pueblos a su antojo. Creen tener la razón, toda la razón y nada más que la razón. Lo que les ayuda a mantener su agresividad dominadora respecto a los otros. Eso suele ser peligroso.

Incluso pueden creer hacer el bien y servir a una buena causa evangelizadora, quitando hijos a sus padres, para educarlos en las creencias de los pueblos ‘civilizados’. El fanatismo adoctrinador de algunas organizaciones, pretendidamente religiosas, debería ser adecuadamente supervisado, cuando incumplan las reglas civiles de las sociedades europeas. No todas las creencias son santas, inocentes e inocuas. No nos sorprenda conocer que somos mal recibidos entre otros pueblos. Probablemente estemos pagando culpas heredadas. No somos los dueños del mundo.

Las invocaciones a la divinidad, ayudan a concentrar el pensamiento en el Ser Divino. Por eso han de se repetirse, para no permitir que el pensamiento se aparte del cielo.
Cuando rezamos, aunque no sepamos con certeza si algún dios nos estará escuchando, al menos nos consolamos suponiéndolo. Lo que nos ayuda a mantener la fe. Pues, nosotros, sí oímos nuestra plegaria. Puede que eso nos ayude a reunir la fuerza, tiempo e información que necesitamos, para llegar a conseguir nuestro deseo. Todo junto, podría lograr actuar con el poder de un dios privado, un numen, que nos lleve más allá de nuestros límites conocidos. Algunos milagros podrían explicarse así.

La magia, aunque pretenda tratar con seres o fuerzas espirituales, quiere resultados fácticos, inmediatos, terrenales, materiales. Que se atribuyen a la intervención de fuerzas, espirituales o telúricas, movidas por la mediación del oficiante. Esa es quizá su mayor diferencia intangible con la religión, que, generalmente, pretende conseguir posiciones favorables, no sólo en el presente, sino en una vida post-mortem.
Lo más probable es que, la creación y evolución de ambas creencias, hayan sido simultáneas o paralelas, pero, desde luego, intercomunicantes, convergentes. No se pueden separar, de forma aséptica, ambos conceptos. Lo normal es que, tanto la magia, más movida por pasiones, deseos y prácticas, como la religión, algo más etérea, llena de ideales y teorías imposibles, no respondan a un modelo único, cerrado. Realmente, son dos ramas divergentes del mismo árbol de las creencias. Proporcionalmente, se encuentran tantas ideas con base religiosa dentro de la magia, como ritos o prácticas, de pura y clara ascendencia mágica, en la religión.

Las más antiguas referencias, documentadas, que nos han llegado sobre magos - sacerdotes, quizá sean las concernientes a las religiones mágicas de Mesopotamia. Aún cuando, presumiblemente, su creación sea de época posterior a las egipcias.
En ambos casos, los estudios astronómicos (astrológicos) eran administrados, en exclusiva, dentro de las familias poderosas de las ciudades - estado. De estos privilegiados conocimientos esotéricos, se derivó la concentración de la riqueza en pocas manos. Aquellas de los que administraban los bienes del templo titular del patrono de cada ciudad.

La derivación más clara fue, la identificación del poder religioso con el temporal. Según el uso establecido, los sistemas de gobierno, en lo político y religioso, eran una misma cosa. Es decir, no existía separación jurisdiccional. Quien administraba el templo, regía la ciudad y sus bienes. Dado que el propietario nominal de la ciudad era el dios del templo patronal. Así, templo y ciudad formaban una sola unidad.

Si admitimos la existencia del alma, del espíritu, de un ente activo, pensante e inmaterial, ya sea individual, colectivo, o universal, no podremos oponernos a que alguien convierta ese algo en una energía vital, que une cuerpo y mente. Después, el dilema, no solucionado, de creer o no creer en la posible existencia del alma, o de esa fuerza vital, de forma independiente y posterior a la muerte del individuo como tal, es algo especulativo, o accidental. Una perspectiva más, entre muchas. Con el margen de probabilidades que se le quiera otorgar.

El mundo de la realidad y el de la fantasía, son complementarios y paralelos, aunque no equivalentes. Quienes especulan con entes intangibles, invisibles, remotos e incorpóreos, lo hacen con ventaja. Pues pueden dar rienda suelta a la imaginación. La fantasía lo transforma todo, a capricho del dicente. Los científicos deben demostrarlo todo.