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Democracias Postsoviéticas

Thursday, April 17, 2008

Rusia, y las repúblicas que fueran parte del sistema soviético, gozan, todavía, de una democracia embrionaria, que no acaba de abrir sus alas. La democracia jerarquizada, no alcanza al pueblo. Las libertades reales quedan confinadas en las altas esferas, que son quienes elaboran las reglas. La cabeza del estado sigue dictando qué libertades quiere otorgar y a quién. No hay un derecho a la libertad, generalizado, y aceptado, por todos. Perduran demasiados miedos a quienes ostentan el poder. Además de los muchos años que subsistió la dictadura comunista, casi todo el siglo veinte, la iglesia ortodoxa no perdió su poder en el imperio. No dejaron desaparecer sus raíces. Protegiendo su existencia condicionada. Los gobernantes ateos del partido comunista pudieron afianzar, aún más, su poder. No permitiendo la extinción de las organizaciones religiosas del pueblo ruso. Al tenerlas controladas, controlaban a sus creyentes. Los zares, como todas las grandes monarquías, se mantuvieron en el poder, durante siglos, arropados por las jerarquías religiosas. Si, al temor político, se le añade el temor religioso, el miedo a lo desconocido, el más primitivo, asentado firmemente en el ser humano, quien organice ambos, organiza la sociedad. Con dios, o sin dios, se construye un ideal, que ha de cumplirse. A esto se ha añadido, en la actualidad, el control de la economía, a través de grandes compañías, que organizan la distribución de toda la energía: petróleo, gas o electricidad. Putin, que siempre trabajó en la policía política soviética, ahora ya multimillonario, se interesa más por controlar la economía del país.

Quien se para en dogmas, no avanza. Los dogmas son un muro insalvable, puesto en el camino de las ideas. Y a Rusia le ha llegado el momento de entrar en el mundo del pensamiento libre. Los dogmáticos son los peores enemigos de la verdad. Están condicionados por los límites de su pensamiento. La ignorancia es la creadora de todos los mitos. Quien no averigua sus orígenes, los tendrá siempre ocultos. En las sociedades dogmáticas jerarquizadas, los derechos humanos pasan a un segundo plano. La prioridad la ostenta el jefe, después, la doctrina, y, por último, los derechos de otros humanos. Que parecen estar ahí sólo para ser utilizados en beneficio propio. Quien vive de la historia, tiende a olvidar el presente. Lo dogmático es un quiste de creencias endurecidas. Con ellas se da cuerpo y consistencia a la era irracional de la Humanidad. Con lo que, el camino que conduce al freno del pensamiento libre, queda abierto. Con ello, se consigue la negación del mayor progreso evolutivo del ser humano: la razón. Actualmente, en Rusia, tiene lugar un nuevo amanecer de todo tipo de creencias, autóctonas e importadas. El pueblo parece que tiene sed de ilusiones. Pero, si vuelven al mundo de los dogmas, significará la paralización del pensamiento lógico. Y eso es lo que parecen estar impulsando, nuevamente, algunos dirigentes de los creyentes: la hipnosis colectiva.

Los jefes jerárquicos de grupos de creencias, que inciten a sus adeptos a combatir, contra quienes no sean totalmente fieles a su propio credo, piensan poco en el bienestar de sus seguidores. No son amantes del género humano, sino sus flageladores. P=ara ellos, es vital que demuestren, aún a costa de sus propias vidas, fidelidad. Las muertes y destrucciones les parecen accesorias. Simples daños colaterales. Sirven de ejemplo a quienes se opongan a sus designios, pero no los consideran lamentables. Simplemente, accidentes menores, que no alteran el ritmo, ni el sentido de sus órdenes. Obstáculos en el camino de su mayor gloria. Cuando llegó la oscura Edad Media cristiana a Europa, comenzó la paralización del desarrollo del pensamiento lógico griego. Y eso es lo que parece estarse impulsando, nuevamente, por parte de algunos dirigentes de los creyentes.

La soberbia y la codicia son hermanas de la ira. Y esas son las tres pasiones dominantes entre dirigentes. Con ellas se destruye el mundo y desaparecen civilizaciones. No puede haber una alianza entre creyentes dogmáticos diversos, porque cada creencia dogmática cree tener la exclusividad de la verdad definitiva. Aunque la verdad personal sea la que cada persona alberga en su alma.

El pecado de soberbia: el de “seréis como dioses” del Génesis, es el más cercano al orgullo, el de sentirse mejor y con más derechos que los demás. Pero, ¿de qué otro pecado pueden estar más cerca los dirigentes de todas las creencias, al considerarse a sí mismos más próximos a la divinidad que el resto de los humanos? La historia y teoría religiosas están llenas de contradicciones.

El ínclito Pío IX, a finales del siglo XIX, fijó para siempre la preeminencia de la fe sobre la ciencia, así como la infalibilidad de los papas y el imperio del poder papal sobre el de los gobernantes laicos. Esa fue la gran labor de su vida, fijar su autoridad universal. Todo sea por evitar la soberbia… de los científicos.

Quienes se esconden tras la religión, para justificar sus ambiciones, no pueden ser hombres de Dios. Cualquier hombre religioso que manda matar, para imponer sus leyes, no puede estar en la senda recta del Dios que dice representar. Dios, en todo caso, para los creyentes, es el Padre de toda la Humanidad. Ante fanáticos que sostengan la rectitud de sus principios divisorios, a costa de la extinción del diferente, no se puede razonar. Ellos excluyen a todo el que no es su igual, en pensamiento y obra. ¡Suprema soberbia¡

La bondad es, siempre, fruto del amor, no del temor o el odio. La bondad existe en el ser humano, con independencia de las creencias. De todas. Si nos abstuviéramos de reclamar exclusividades divinas, ayudaríamos a construir un mundo mejor y más tolerante. Sería el mayor regalo que los hombres de buena voluntad podrían hacer a la Humanidad. Los dioses deberían existir para hacer felices a los Hombres. No son los hombres quienes hayan de procurar felicidad a los dioses. ¡Ellos son todopoderosos!
La tendencia más generalizada, actualmente, en las religiones monoteístas, es la de identificar la magia con engañosdel diablo, presuponiendo la íntima relación entre magos y demonios, como colaboradores. Esto obedece, indudablemente, a la creencia fomentada de que todo bien sólo puede provenir de Dios. Se olvida que, una gran parte de la magia, es bienintencionada, aun cuando subyazca en ella el pecado de soberbia. Pero, ¿de qué otro pecado pueden estar más cerca los ministros de todas las creencias, al considerarse, a sí mismos, más próximos a la divinidad que el resto de los humanos? La historia religiosa está llena de contradicciones.

En los tiempos más pujantes del cristianismo europeo, hasta el siglo XVII, las universidades de la Europa cristiana, regidas mayoritariamente por monjes y hombres de fe, enseñaban Astrología, con beneplácito eclesial. Otra cosa hubiese sido impensable. Los pudientes iban cargados de abalorios bendecidos, como salvaguarda contra los numerosos diablos que pudieran tratar de introducirse en ellos. En fin, los confesores personales estaban siempre dispuestos a dotar a sus confesados de suficientes repelentes contra el Mal, que los acechaba. Magia y religión se complementaban. ¿Son las bendiciones un derivado de la magia religiosa? Pues nadie que no fuese clérigo podía luchar contra los demonios. Intentarlo desde fuera, podía acarrear la muerte en la hoguera. ¿Tenía esto algo que ver con la codicia, la soberbia, o la ira?

Entre los amuletos más preciados de la antigüedad, estuvieron siempre las piedras preciosas. Indagando hasta la prehistoria, encontramos que, ininterrumpidamente, fueron ambicionadas. Se les atribuían propiedades tanto mágicas y religiosas como medicinales. Lo que hizo de su posesión un anhelo, pues, supuestamente, representaban un bello escudo contra infinidad de males. No bastaba su belleza, habían de tener virtudes añadidas, tales como conexiones con los dioses y fuerzas de la Naturaleza. Eso las hacía más valiosas. Consecuentemente, entre las primeras materias con las que se comerció, encontramos toda clase de gemas. Los hallazgos de lapislázuli, procedente de Asia Menor, en yacimientos arqueológicos prehistóricos del norte de África y sur de Europa, a miles de kilómetros de su origen, lo atestiguan. Dados los primitivos medios de transporte existentes en la época, y los peligros del camino, eso significaba meses, o años, de recorrido. Es de suponer que tales esfuerzos fueran realizados, para apropiarse de los grandes poderes mágicos que su posesión confería. El lapislázuli, en el Cristianismo, se relacionaba con la Virgen María. Con anterioridad, los griegos conectaron esta piedra con Venus, y los egipcios con Isis, la gran maga. Fue muy apreciado desde la más remota antigüedad. Era la piedra de las mujeres, por excelencia. Se han encontrado adornos de lapislázuli, seguramente amuletos, en cuevas de la Edad de Piedra. También, en tan arcaicas épocas prehistóricas, usaron ya el polvo de lapislázuli, mezclado con grasa, para destacar el contorno de los ojos.

Entre árabes, los ojos de color azul representan el mal, o a personas de las que no puede uno fiarse. Ilustrativa es la referencia coránica al Día de la Resurrección, cuando se distinguirá a los culpables por sus ojos azules. Aunque, ‘quien haya hecho obras de misericordia y sea creyente, no temerá la injusticia.’ Aquí, como en la Biblia, se unen la fe y las buenas obras. Ambas han de ir unidas, para ser válidas ante Dios. Aunque se dé más valor a la fe que a las obras.

La cultura musulmana, tan enemiga de toda representación figurativa, ha conservado, sin embargo, dos amuletos principales, la mano de Fátima y el “ojo bueno”. Protectores poderosísimos, según la tradición. Resulta curioso poder constatar que, en numerosas ocasiones, la figura del “ojo bueno” lleva, como iris, un esmalte o piedra azul, preferentemente turquesa o lapislázuli, con un punto dorado en el centro. Su antiguo origen como “ojo del divino halcón solar”, ha quedado sepultado en el olvido.

El llamado “mal de ojo”, maldición que se suponía transmitida por la mirada de una persona mal intencionada, tiene numerosas referencias históricas, perviviendo su creencia hasta la actualidad. En África y Asia, no es difícil encontrar personas que porten alguna piedra azul, generalmente lapislázuli, turquesa u otra semejante, de pasta vítrea, colgada del cuello. En ella se pretende ver la representación del %u2018ojo bueno’, el Ojo de Dios, con origen en el “Ojo de Horus” egipcio, que libra, a quien lo lleve, del efecto del “ojo malo”, “el ojo del malvado”, o mal de ojo. Los egipcios, ya desde tiempos de las antiguas dinastías, mantuvieron colonias comerciales en Fenicia, donde cambiaban las turquesas del Sinaí, apropiadas para los cultos de Astarté, por maderas del Líbano, para sus templos y palacios.

La Cruz de Caravaca, custodiada por serafines, rechaza las intenciones adversas de nuestros enemigos. Olvidando, convenientemente, que el significado primitivo de la palabra “seraf”, con el sufijo -im, que implica un plural, era el nombre de la “serpiente alada”, adorada por los ofitas, habitantes del desierto del Sinaí; y no ningún ángel.

Las organizaciones de base dogmática, que han acumulado poder, a través del tiempo, están poco, o nada, interesadas en los cambios. Sean del tipo que fueren. Social, ideológico, o científico. Porque, cualquier cambio en lo instituido, durante siglos, les infunde temor, sobre la prevalencia de sus privilegios. A ellos les vale lo antiguo, lo tradicional, las costumbres centenarias, que llevan al pasado.

Toda innovación acarrea inseguridad a los poderes establecidos. El mayor freno a todo progreso, viene dado por las creencias previas. Para avanzar, realmente, muchas veces se hace necesario olvidar lo que ya dábamos por sabido. Debemos volver a probar la certidumbre de los caminos recorridos. La fe eterna es fluida, como todo producto de la imaginación. Maleable, porque los valores humanos suben y bajan en estima, según sean más o menos necesarios, en el momento en que se consideren. Es comprensible que los diferentes jefes religiosos, de distintas épocas, difieran en sus conceptos sobre el destino post-mortem de las almas, o fuerza vital. Han bebido de tantas y tan diversas fuentes, que no les resulta fácil aunar criterios.

Las organizaciones de poder esotérico perduran, porque se basan en la realidad del miedo humano a lo ignorado. Realmente, el poder de unos está cimentado en el miedo de otros. La obediencia de los miedosos, es proporcional al miedo que sepan imponer los poderosos. Quien sabe ganar, mantiene a los perdedores en la ignorancia.
La historia del avance de la ciencia, va unida a su resistencia continuada a los ataques de las organizaciones de creencias. A los dirigentes de los creyentes, nunca les ha interesado el avance de los conocimientos. Pues en éstos ven un enemigo. Para conservar el poder, siguen defendiendo los remedios medievales. Fórmulas mágicas, reliquias y encantamientos. Las ciencias actuales, pueden demostrar, que la mayoría de las creencias están basadas en supuestos falsos.

Tanto la quema de la Biblioteca de Alejandría, almacén prolífico de todos los conocimientos de la antigüedad clásica, que irradiaba sus conocimientos a todo el Medio Oriente, como la destrucción de Babilonia, cuna de los primeros conocimientos metódicos sobre astronomía y geografía, fueron fruto de fanáticos, enemigos de la verdad científica. Sus consecuencias han llegado hasta nuestros días. Resulta curioso constatar cómo, lo primero que saquearon las tropas invasoras de Bagdad, fue el insustituible Museo de Babilonia. Como una obsesión constante de los herederos de las culturas bíblicas, representadas por su presidencia y vicepresidencia. Una mentira, impuesta con saña, es más eficaz que cualquier verdad, defendida por la razón. Babilonia quedó considerada en la historia como el peor centro de corrupción de su época, cuando realmente fue el mayor centro científico de la antigüedad. Eso se ha tratado de ocultar La obsesión por impedir el desarrollo científico, que pudiera demostrar la falsedad de sus enseñanzas, alcanza a nuestros días.

La paz llega, no cuando se firma, sino cuando se acaba el rencor producido por el conflicto habido. Poder llegar a acuerdos entre países, siempre es posible; porque los países tienen fronteras tangibles, físicas. Llegar a firmar acuerdos interconfesionales, se queda en lo etéreo. Aquí, el conflicto ha migrado de lo territorial, que corresponde al petróleo, a lo religioso, que concierne a las creencias de los enfrentados. Pues las organizaciones de creencias pretenden abarcarlo todo. Así, cualquier pretensión de una, se interpreta, siempre, como intento de ocupación del terreno ajeno. Ceder es renunciar.

En casi todas las religiones antiguas, se nota el carácter sagrado que se atribuía a los montes elevados o relevantes. Para el sacrificio de Isaac, Abraham escogió la cima de un monte. La aparición de Yahvé a Moisés, se realizó en el Monte Horeb. Lugar de oración tenido por sagrado en aquella época. Situado en el desierto de Sinaí, cercano al monte Sinaí y con el cual se le confundió durante un tiempo. En sus laderas, a poca distancia del lugar de la aparición, se hallaba el hogar de Jetro, sacerdote madianita de Yahvé.

Tal manifestación divina revistió todas las características tronantes de un clásico dios de las montañas. Con trompetas, truenos, nubes y relámpagos. Algo muy de la época. Sería también útil señalar que el desierto de Sinaí es rico en yacimientos de azufre, fosfatos y betunes, lo que puede hacer pensar que sus habitantes conociesen algunas de sus propiedades ígneas y explosivas.

No faltan referencias de algunos dioses contemporáneos, con apelativos parecidos e idéntica raíz, de origen árabe, que habitaban en las cercanías. Yahé, Yamí, Yahú, Ya, son nombres que se encuentran en referencia a divinidades semíticas de la costa occidental de la península arábiga, y oriental de la del Sinaí. En época contemporánea y anterior a la estancia de Moisés entre los madianitas.

La serpiente, alegoría de la resurrección en el antiguo Egipto, fue recogida por Moisés en sus cultos. Muy probablemente, a través de quien se convirtió en su suegro, Jetro, sacerdote ofita. Aún cuando, con toda precisión, que no ofrece lugar a dudas, Yahvé pide a Moisés que no se hagan dioses de fundición, él la mandó cincelar en bronce. Cabe preguntarse si los demás métodos de reproducción gráfica pudieron quedar fuera del tabú bíblico. Aún cuando se insiste: ‘No os fabricaréis ídolos ni estatuas%u2019.Esta serpiente de bronce fue llevada en sus desplazamientos por el desierto, delante del Arca de la Alianza. Más tarde, fue entronizada en el Templo de Jerusalén, donde se conservó durante siglos. A lo largo de cientos de años, recibió honores religiosos, como se lee en el Libro de los Reyes. Pues, quemar incienso delante de una imagen, equivalía a un acto de adoración, y esto se había convertido en práctica común, respecto a la serpiente de bronce mosaica. Tal costumbre les vino heredada de los madianitas, que mantenían un culto a las serpientes.

Lo que sí se ha de tener en cuenta, es que Jetro era cananeo madianita, más cercano, en cultura y orígenes, a los árabes que a los hebreos. Sacerdote de Madian, población de la Arabia Occidental, a la orilla del Mar Rojo, y región litoral frente al Sinaí. Se dice que los madianitas eran descendientes de Madian, hijo de Abraham y Cetura, mujer cananea. Estaban emparentados con el pueblo de Israel, pero no eran idénticos. Con ello se puede explicar el que, la tradición babilonia hebrea, vincule la revelación de Yahvé y su nombre, con Moisés y su época, (tiempo en que ellos comenzaron a oír hablar de un Dios con tal nombre), mientras que los hebreos del Sur, asentados en Judea y Gaza, en constante contacto con cananeos y madianitas, atestigüen, en escritos de la época, su preexistencia.

Cuando Jetro, preceptor religioso de Moisés, padre de su mujer, sacerdote de Yahvé, y vecino del Monte Horeb, en las cercanías del Sinaí, oye los prodigios que Moisés, le cuenta sobre su salida de Egipto, con el pueblo judío, le dice: “Ahora sé que el Señor es grande sobre todos los dioses”. Esto parece implicar la aceptación de la existencia de otros dioses menores, que, a partir de entonces, fueron, oficialmente, excluidos de las creencias de Israel. La ascendencia de Jetro sobre Moisés, se ve claramente, cuando es él quien aconseja a Moisés, su querido yerno y pupilo, sobre cómo había de organizar la vida social, política y religiosa del pueblo de Israel.

Cada pensamiento, obra, acción u omisión, generan su propia consecuencia. En nosotros está, el poder de conducir pensamientos y obras por el buen camino. Al tomar el camino, fijamos la meta.

Quien se aferra a lo material, sufre. Sufre constantemente, por temor a perder aquello que se afana en retener. Siendo lo material inestable, cambiante, asirse a ello es como querer parar el tiempo. Pretender vivir el mismo segundo eternamente. Un imposible doloroso, que, en el mismo deseo, lleva su fracaso. Vivimos el instante presente, no el que pasó, ni el que vendrá. Sólo alcanza la felicidad, quien no siente deseos de más. La transitoriedad engendra insatisfacción. La posesión, dolor. El amor a sí mismo, esclavitud. El sufrimiento es el mayor mal de la Humanidad, que se ha de erradicar, para llegar a la plenitud.

Una mente que sufre, no puede ser libre, está atada a su dolor. Para liberarse, se ha de eliminar primero el dolor. Ha de centrarse la mente en lo trascendente, olvidando lo transitorio. No asentar la vida propia en la autosatisfacción.

Se ha de creer lo que se comprende, y aquello a lo que se llega, o puede llegar, por la experiencia y el conocimiento. La paz se alcanza mediante un equilibrio centrado, que conduce a la eliminación del sufrimiento. Se ha de vivir intensamente el momento, místicamente. Con desprendimiento, equilibrio, entrega y compasión. E intentar comprender la razón de nuestras acciones, sin extremismos. Sin dogmas.
La semilla del futuro, se siembra en el presente.

Ritos, ceremonias, oraciones, o confesiones y arrepentimientos, no pueden borrar un acto del pasado. El hecho quedó y tuvo sus consecuencias.

Las religiones son machistas, profundamente. No nos preguntemos de dónde nos viene la organización machista de la sociedad. Lo tenemos claro. En el origen de nuestras creencias. En su expulsión del Paraíso, Dios ordena a Eva estar bajo el mando, potestad y dominio del hombre. La mujer queda marcada como parte culpable en la pérdida del Paraíso. Por lo que su condicionamiento religioso ya está señalado. Así será, si así nos conviene.

Sintomático es que, aún hoy en día, cuando la medicina paliativa está tan avanzada, en medios eclesiales insistan en cosas tales como que la mujer ha de parir con dolor. Y ha de cumplir con el embarazo hasta el fin. Sea o no deseado, o forzado. Ella ha de sufrir, por siempre, el placer momentáneo del hombre. Para cumplir con el mandato bíblico. Por supuesto, la jerarquía eclesiástica está formada por hombres célibes. Irresponsables.

Ejerce alguna influencia derivada la primitiva ley mosaica, en el hecho frecuente, donde esté en vigor la actual ley coránica, en que, los herederos del esposo difunto, no sean la esposa o esposas enviudadas, sino los hermanos del muerto, con lo que éstos pueden heredar no sólo sus bienes materiales, sino también a sus mujeres e hijos, como parte de los mismos.

Respecto a la herencia que recibirá la hija, de sus padres, será la mitad de lo que reciba su hermano. Se dan numerosas reglas para la partición de la testamentaría, pero siempre beneficiando al varón sobre la hembra. Eso sí, haciendo saber que esa es la voluntad divina. El fluir constante de la vida que percibimos, es sólo la parte que conocemos de ésta, pero no el todo. Dado que nada es permanente, todo es transición.
Consolémonos.

Los dictadores y personas autoritarias, quienes se consideren dueñas del dogma, aunque no maten, privan de la vida a sus víctimas. Dejan que la gente muera, sin haber tenido ocasión de vivir plenamente. Vampirizan a quienes tienen a su alcance.

El estímulo de doctrinas fanatizadas crea también un fanatismo de signo contrario.

Cuando la concienciación social es más elevada, se obra por solidaridad, no por miedo a las consecuencias.

Para beneficiar a otros, no hay que esperar a tener sentido de culpa.

Cuando uno se cree escogido por Dios para acabar con el Mal en el mundo, debería tener un psiquiatra bien cerca. La soberbia obnubila. La tragedia del mundo actual es que hay demasiados gobiernos en manos de fanáticos e iluminados. No se razona, sencillamente, se trata de anular la creencia diferente.

Faltan científicos razonadores en los puestos de mando y sobran hombres de fe. De fe en sus propias razones.

¿A qué países del mundo puede servir de ejemplo la política actual norteamericana?

No a Europa, ciertamente. El mejor plan de seguridad que podrían adoptar, sería el de tratar con justicia a sus actuales enemigos, que se los ha ido buscando, uno a uno. Torturando y humillando a los pueblos, no se conquista su amor. Los perros torturadores de Irak, han devorado el prestigio democrático de Norteamérica. Tanto como, la humillación constante del pueblo palestino, ha hecho olvidar la historia de víctima que podía alegar el pueblo hebreo. Ahora están, plenamente, situados en el lado de los verdugos. La regeneración depende de que haya un cambio político radical en los gobiernos actuales. Toda su credibilidad la han quemado.

Son hipócritas quienes piden la paz para sus pueblos, olvidando que su propia actividad es la de fabricar armamentos con los que alimentar las guerras que ellos mismos provocan. Produciendo, a su alrededor, una multitud de pueblos con los derechos disminuidos.

Venir ahora a Europa, a instalar un nuevo orden, está fuera de toda conveniencia. Se agradecería un apoyo a distancia. Europa debería ser estimulada, en todo caso, a continuar uniéndose, de forma autóctona y pausada. Sin prisas ni sobresaltos, con razones y buenos modos. Si no se hubiese celebrado la malhadada reunión de las Azores, en la cual todos los intervinientes europeos perdieron su crédito, sirviendo de alfombra al imperio, a estas alturas habría una Europa más coherentemente unida. Allí se destruyeron cincuenta años de colaboración y buenos deseos.

Toda intervención en la política europea de potencias extrañas a la Unión Europea, irá en detrimento de nuestra integridad.

Está claro que ni Rusia, ni Norteamérica pueden estar interesadas en potenciar una Unión Europea firme y estable. Somos la competencia. No hacen más que poner piedras en el camino. Si Europa quiere afirmarse como identidad común, de unos pueblos que van aprendiendo a convivir en paz, no podemos volver a beneficiar la política armamentística de bloques, que ha venido envenenando al mundo, desde la Segunda Guerra Mundial. Bush ya ha demostrado, en numerosas ocasiones, que le interesan más los negocios de armas y petróleo, que las personas que los padecen y Putin, el nuevo Gengis Khan, no le anda a la zaga. El futuro de Europa deberá estar en manos del Parlamento Europeo. Por mal que nos vaya, siempre nos irá mejor que depositando nuestra confianza en manos transatlánticas o transiberianas. El futuro de Europa ha de ser cuidado por europeos comunitarios restringidos. Ya está bien de imperios expansionistas.

Morir en holocausto por sus dioses, ha sido habitual en algunas culturas. En la semita y la aria, la víctima debía considerarse bienaventurada por ser seleccionada para tan alto fin: el de morir por su dios. Las Cruzadas están en nuestra historia.

No era esto extraño para alguien formado en la cultura bíblica. Los sacrificios humanos fueron, siempre, una institución entre los pueblos semitas. Tal consideración se ha extendido a nuestros días. Ejemplos de suicidios rituales, para derivar los daños hacia quienes consideren enemigos de sus creencias, se están viendo, con frecuencia, entre algunos islamistas fanatizados. Claro que no sólo entre ellos. Las religiones de origen antiguo han tenido, todas, sus épocas sangrientas

Parece como si, las organizaciones religiosas pertinentes, escogiesen el camino del sacrificio, para testimoniar de sus creencias. Esto, de forma natural, repercute en un mayor apiñamiento en torno al credo de que se trate. El ejemplo de los muertos, sirve de fertilizante a futuras adhesiones. En esencia, no deja de ser una herencia del pasado más primitivo, propio de mentes esclavizadas. Todas las sectas del mundo, pueden ofrecer ejemplos, entre sus seguidores, de tan extrema abnegación. Parece haber técnicas refinadas para la fanatización, tanto individual como colectiva.

Un pasaje curioso de los Evangelios es aquel en el que Jesús recomienda el suicidio a quien escandalizare a un inocente, diciendo aquello de ‘más le valiera atarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al mar.’ ¿Es esto interpretable como incitación al suicidio? ¿O sólo se pide el sacrificio por una causa noble? Al fin, un suicidio con excusa incorporada.

Los holocaustos sangrientos, de animales o humanos, van cayendo en desuso, al abstraerse o sublimarse en los ritos mágicos y ceremonias religiosas. Pero no se excluyen totalmente. Prueba de ello es que, aún en la actualidad, no es raro oír hablar de muertes rituales y auto-inmolaciones. Por supuesto, en las culturas occidentales se pretende vincular dichos sacrificios a ritos satánicos, magia negra, vudú, brujería, fanatismo, o algunas religiones primitivas africanas, pero no siempre es así. Olvidamos, en tanto, que tales prácticas no han sido ajenas a los principios de las ‘civilizadas’ religiones elevadas actuales. Todos los sistemas de creencias de origen antiguo, han ido adaptando sus ritos y costumbres a lo permisible en cada época. La evolución de la sociedad es, siempre, un conjunto permeable.

Para propiciar el ofrecimiento de sacrificios, dedicación y donaciones, se ha de inculcar, antes, en el devoto el concepto de culpa y deuda. Tanto ante el ser divino, como con la organización que se atribuya su representación en la Tierra. El concepto de culpa puede incluso transmitirse de arriba abajo. Según la Biblia, si peca el Sumo Sacerdote, hace pecar a su pueblo. Este principio, de transmisión de culpa, es negado en el Corán. En cambio, algunas religiones orientales, admiten que las desgracias actuales pueden ser debidas a pecados acumulados en existencias anteriores. Según la Biblia, las culpas del Pecado Original se transmiten, desde la Creación, a toda la Humanidad. De generación en generación. Así, no sólo somos culpables por la culpa propia, sino por la heredada en nuestra cadena genética. ¡Complicado lo tienen los científicos que, además, sean creyentes!

Entre griegos y romanos, tanto las vestales como los guerreros, estaban mentalizados para aceptar como un honor, perteneciente a su distinguida clase social, ser ofrecidos en holocausto. Con ello, pasaban directamente a gozar del mundo etéreo de los dioses. El concepto de mártir, en cualquier religión, no es muy diferente en su esencia: Mártir es el fiel que obedece, sin dudar, los que él considera mandatos divinos. Hasta sus últimas consecuencias, dando su vida. Es la ofrenda de su sacrificio, por la propia víctima. Inmolarse por su dios es el máximo mérito que se le puede pedir a un fiel creyente, en cualquier religión. Así, ¿eutanasia no, inmolación religiosa sí?

No hay más ciencia infusa que la ignorancia. Las verdades religiosas, mágicas o morales y la verdad científica natural, son esencias distintas, heterogéneas, que, en muchos casos, no tienen punto de coincidencia alguno.

Un ejemplo notable de pre-científico religioso fue el Papa Silvestre II, quien tuvo fama de mago. Dadas sus aficiones predilectas por la Alquimia y la Astrología. Su dedicación a cálculos astronómicos le condujo, al parecer, a la construcción del primer reloj de pesas.

Ayudó al torcimiento de su fama el que su papado coincidiera con la transición del primer milenio, fecha en la que las profecías adventistas vaticinaban el fin del mundo. Por inducción, algunos anales llegaron a vincularlo con la supuesta venida del Anticristo, durante el cambio de milenio. Con tal base teórica, una parte de los creyentes no lo pensó más: lo identificaron como la encarnación del Anticristo. A ello contribuyó, quizá, su vida un tanto liberada.

Decisivo, en el progreso científico, fue, desligar la ciencia de la religión. Para que no se temiera ofender a Dios, y topar con la justicia de sus ministros, cada vez que se pretendiese avanzar un paso en los estudios humanos.

Ciertos pastores evangelistas, se especializan en sesiones de sanación masivas, como medio de administrar sus poderes inmanentes. O sea, se infiere que, su dedicación al culto, como profesión elegida y medio de vida, les convierte en seres especiales. Sacralizando a la persona, por su contacto con lo sagrado. De forma derivada, se sienten capacitados para obrar prodigios. En otras corrientes cristianas, como la Christian Science americana, los doctores de su iglesia pretenden curar enfermedades, mediante la emisión de sus propias ondas, considerándolas benéficas. Dicen basar sus poderes en la aplicación de diferentes ondas magnéticas y el convencimiento de que el Hombre, como hijo de Dios, está cercano a la perfección. Pudiendo alcanzarla, si es consciente de su bienestar espiritual eterno. Mediante técnicas de radiestesia y autosugestión, aseguran poder eliminar el mal de la naturaleza humana.

Principios parecidos de curas por la mente, sostienen los teóricos de la Cientología o Dianética. Aunque se haya demostrado, cientos de veces, la irrealidad de tales curaciones milagrosas, los adeptos incondicionales siguen acudiendo, masivamente, a las reuniones de sanación.

En todas las monarquías de la antigüedad, donde se conectaba la realeza directamente con la divinidad, los conocimientos científicos esenciales fueron ocultados sistematicamente. Permaneciendo como dominio privado de la clase sacerdotal, que los administraban para su provecho, ocultándolos incluso al monarca, para acrecentar el valor de su saber. Era el poder de lo esotérico, el conocimiento oculto. La astronomía, la meteorología, la geología, la psicología, la química, la arquitectura, se enseñaban sólo a personas escogidas, que debían jurar mantener sus conocimientos en secreto, bajo amenaza de muerte, por traición a su clase. Así se explica el que Moisés, por su educación entre sacerdotes-magos cortesanos egipcios, conociera perfectamente las fechas de las inundaciones del Nilo. Cada 365 días. Mientras los soldados que lo persiguieron no habían sido informados de ello. Lo que condujo a su ahogamiento, bajo las aguas desbordadas del Nilo, no en el Mar Rojo. El secreto es el poder de los tiranos.

La profesión de sacerdote, brujo o mago, sigue siendo, en muchas civilizaciones, heredada. Aunque en las sociedades modernas se vayan derribando, lentamente, las barreras de clases, aún quedan suficientes vestigios de las antiguas murallas, casi infranqueables.

Desde la antigüedad, los estamentos sociales más privilegiados han procurado mantener vivas sus fronteras y privilegios, manejando los pueblos a su antojo. Ya en el viejo Egipto, como en Mesopotamia, China o la India, para mantener las diferencias de clases, se prohibían los matrimonios mixtos. Las disparidades se mantenían incluso después de la muerte, en el más allá. Sólo los reyes, sacerdotes y aristócratas tenían acceso directo al cielo. La plebe se moría, simplemente. Todo lo más que consiguieron, en estadios culturales posteriores, fue la vaga promesa de poder sobrevivir, precariamente, entre el frío y húmedo subsuelo. El desarrollo posterior, llevó a los sacerdotes egipcios a admitir que también el pueblo llano podía tener la posibilidad de acceder a una vida de ultratumba aceptable. Pero, eso sí, pasando por un juicio de las almas, para valorar sus acciones terrenales. Por supuesto, en el más allá seguirían manteniendo su baja categoría social, para continuar sirviendo a sus señores.

Con posterioridad, comenzaron los concursos de méritos añadidos, a lo largo de la vida del creyente. La cuestión de fondo es que esos méritos eran, y son, valorados por quien recibe sus beneficios. Al final, todo se convierte en derechos del receptor y obligaciones del dador. La moral de los pueblos, que viene condicionada desde los estamentos religiosos, siempre reserva posiciones de privilegio para sus dignatarios. La credulidad humana, cuando se trata de asuntos que tengan que ver con la vida post-mortem, abre sus tragaderas, para ingerir lo que le echen. Hace unos años, me resultó sorprendente oír, en medio de una noticia de guerra, la garantía expresada por el obispo ortodoxo de Kosovo, a sus fieles serbios: “Quienes permanezcan en la provincia, defendiéndola, irán directamente al cielo.” Esto implicaba que habían de continuar matando y dejándose matar, pero eso no lo aclaraba el predicador. Lo importante era que los kosovares siguieran defendiendo sus templos. El primer pensamiento que se me vino a la cabeza fue: ¿de dónde habrá obtenido información tan confidencial el Pope? Al parecer, la manipulación mental de los serbios kosovares no era privativa de los sucesivos dictadores que gobernaron ese pueblo, como Josef Tito o Milosevic, sino, principalmente, de sus dirigentes religiosos, que identifican raza, religión e identidad nacional en un solo paquete. Cuando los dictadores han ido cayendo, quieren que los serbios sigan defendiéndolos a ellos y a su poder instituido. El problema principal de los Balcanes no es, básicamente, que sus habitantes pertenezcan a distintas etnias. Eso, con las actuales tendencias a la mayor facilidad de movimientos, se soluciona por sí solo, paulatinamente. Pero, si se le suma la pertenencia a diferentes corrientes religiosas, los enfrentamientos son inevitables y perdurables. Las religiones organizadas, prefieren cultivar sus cosechas de mártires, antes que permitir la apostasía de sus fieles. Cualquier guerra balcánica, se puede identificar como guerra de religiones. Con añadidos étnicos, territoriales, económicos, o lo que se quiera. Pero con una indudable base de lucha por el poder religioso. Y una decantación clara de los líderes carismáticos por aquellos que pertenezcan a su grupo. Sean o no justos. Los correligionarios siempre llevan la razón, porque defienden sus mismos intereses. Los muertos propios son nombrados mártires: santos camino del cielo. Los ajenos, agentes del Mal, esbirros de las Tinieblas, que se hundirán, por siempre, en las simas infernales.

¿Cuándo aprenderán, algunos líderes religiosos, a servir a la Humanidad, en vez de servirse de ella? Los tambores de guerra suenan, de nuevo, cercanos.