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Rumbo al Cielo

Tuesday, April 15, 2008

¡Dios mío, guíalo! Tenemos un nuevo Moisés. Pero guialo bien. Mejor que hiciste con el Moisés bíblico. No nos tengas cuarenta años vagando por el desierto de las guerras y enfrentamientos. Necesitamos paz. Y esto va a ser difícil con un dirigente que busca a sus enemigos. Y, cuando no los encuentra, los crea. Va resucitando, durantes sus diarias lecturas bíblicas, a los fantasmas del pasado. Ya han sonado las trompetas para Irán y Siria, cuando cree, erróneamente, haber acabado con Babilonia. Se está reconstruyendo la historia sagrada, al revés. Comenzando por el final de los tiempos. El Armageddon, a su modo y manera. Pero los fantasmas son espíritus inaprensibles. Los espíritus son como el pensamiento, de vuelo libre. Cuando oye uno las razones de los electores del presidente Bush, para haberlo votado, aducen una razón repetida: La defensa de la moral. ¿Qué moral? ¿La de Wall Street? Es la que parece estar más cercana a todos los consejeros presidenciales. Esa salió beneficiada el mismo día de las elecciones. Todo subió, en busca del cielo de los millonarios.

Si la sangre de los mártires es semilla de creyentes, el número de seguidores que tendrán sus enemigos, no parará de crecer durante su mandato. La mejor protección contraataque es la de no tener enemigos. Pero, quien se place en cultivarlos, no podrá dormir tranquilo. Si, todas las naciones del mundo, tuvieran el concepto justiciero que se respira en el Libro de Josué, uno de los preferidos del presidente Bush, entre sus lecturas bíblicas, el caos total se apoderaría del mundo. Venganzas sobre venganzas. La sangre no se lava con más sangre. Si de la Biblia se puede sacar alguna consecuencia, es que lo bueno está siempre escondido entre montañas de estiércol. Hay que desbrozar mucho las malas hierbas, para encontrar alguna buena semilla, que nos sirva en el cultivo de nuestra propia cosecha. Quien se lo traga todo, como alimento divino, puede intoxicarse de por vida.

Los dioses todopoderosos, no aparecieron entre los humanos, hasta que fue concebido y organizado el poder absoluto, único, concentrado en una sola persona. A Moisés le sirvió de aprendizaje su crianza y aprendizaje en la corte faraónica de Egipto, cuando ya se había impuesto la supremacía del dios Aton, resultado de concentrar los poderes de todos los dioses en uno. De aquí se derivó también la monarquía absoluta de los faraones, con poderes divinos. Los pequeños dioses absorbidos, fueron degradados, con el tiempo, a simples espíritus, con poderes limitados, supeditados al gran dios. Parece como si alguien que cultiva el poder, como si éste fuera el Bien máximo, quisiera retrotraer la historia, a los tiempos del poder absoluto y los dioses únicos, todopoderosos. Se manipula demasiado la verdad, se silencian conocimientos, se miente con descaro hipócrita, presentando como inconexas y desinteresadas, acciones que llevan un plan concreto dentro: Concentrar el poder de todo el mundo en unas solas manos, en un solo país. Si no queremos perdernos por el camino, debemos mantener los cerebros bien iluminados.

Los imperios siempre se han creado a la sombra de las creencias impuestas por el mismo. La imposición de nuevas creencias, sería el mayor freno que pudiera imponerse al progreso de la Humanidad. Todas tienden hacia el pasado y la ignorancia. Pretendiendo proteger la inocencia, que es ausencia de maldad, protegen, realmente, la ignorancia, que es ausencia de saber. Están interesados en ello. El poder siempre intenta usar todos los conocimientos, en beneficio propio, para ponerlos a su servicio exclusivo. La ignorancia es la madre de todas las creencias. La inocencia ya la perdimos, la ignorancia nos corroe todavía el alma. Puede que se estén acercando tiempos de tinieblas.

¿Podría Europa sobrevivir, de forma paralela e independiente, a Rusia y los Estados Unidos? Si queremos, sí.

Si ya tenemos la respuesta que nos conviene, ¡ por qué no hacernos la pregunta adecuada?¿Cómo?

Las guerras santas, o sea, aquellas guerras libradas a favor, o en defensa, de la religión propia, sea ésta cual fuere, no son una modalidad doctrinal exclusiva del mundo musulmán, como, erróneamente, se intenta acentuar en la actualidad. Tanto judíos y cristianos, como las religiones védicas y el Sintoísmo, las dan por válidas y necesarias. Ya que consideran un deber la venganza, llamándola con eufemismos, como, por ejemplo, “defensa de la fe”. Incluso se tienen por inevitables, con unos u otros argumentos. Pero, desde luego, todas consideran santos, o mártires justos, sólo a los caídos en el bando propio. Los otros son, simplemente, infieles, gentiles; enemigos de la religión, de ’su’ religión específica. Gente clasificada como actuantes del lado de las tinieblas. Sujetos indignos siquiera de ser recordados. La imparcialidad no es el fuerte de los hombres religiosos. Esta parcial ceguera religiosa, que les impide ver lo que no les conviene, está totalmente generalizada entre los hombres de fe. Donde toda lógica se estrella contra el firme muro de las creencias. La experiencia repetida, continúa sirviendo para traspasar los conocimientos, pero no la sabiduría.

El mundo de las creencias, si es dirigido por personas excluyentes, fanáticas, puede ser el arma más destructiva de que jamás disponga la Humanidad. No se mata con bombas, sino con ideas. Las ideas Asistimos, día a día, a la radicalización de los minúsculos nacionalismos, servidos como si de doctrinas divinas se tratasen, intangibles y destinadas, presuntamente, a triunfar. Por encima de toda consideración lógica y humana. Si algo hay que pedir a los políticos sensatos que aún nos queden, es que sean, primero, respetuosos con el ser humano y, luego, con las ideas. Las ideas inhumanazas no tienen derecho a existir. La felicidad humana tiene que ser más valorada que el sacrificio de los pueblos, en el altar de las ideas inconmovibles. Falsamente inconmovibles. Hasta que dejan de estar de moda, cuando agotan su ciclo. Si mezclamos convicciones políticas con creencias religiosas, el resultado acabará, siempre, siendo el mejor fertilizante para obtener buenas cosechas en el macabro cultivo de los productivos campos de mártires.

Si alguien, que quiere erigirse como cabeza de una comunidad, pretende estar en comunicación directa con la divinidad, lo prudente sería, al menos, dudar de su veracidad, o de su cordura. Desde la más remota antigüedad, los tiranos se han presentado a sus pueblos como la voz de los dioses. Asociar autoridad civil a la religiosa, debe, cuando menos, suscitar desconfianza. Los gobernantes, cuando se legitiman con razones religiosas, devienen tiranos fanatizados y fanatizadores.

Los intolerantes intransigentes, no tienen más justificación para imponer sus ideas que los fanáticos inamovibles. No se puede dar más valor a ideas, que pueden ser intercambiables, que a las personas que las representan. Si respetamos la libertad de pensamiento, respetemos a quienes piensan de forma distinta a la nuestra.

No se puede extender la democracia, sino ejerciéndola en plenitud. Quien proclame querer extender la democracia, haciendo guerras, miente. Lo que pretende es imponerse con el poder de sus armas. Y eso no es democracia, sino tiranía.

El político que, a través de la guerra, aprovecha para acrecentar su fortuna, no puede representar a su pueblo, se representa a sí mismo. De éstos, hay algunos, bien conocidos.
Quienes ganan con la muerte de otros seres humanos, son, simplemente, carroñeros, sea cual sea la deidad que los ilumine. Los políticos, vendedores de armas y conquistadores de campos petrolíferos, convierten sus intereses prioritarios en una religión propia. Con ello, extienden una nueva paz democrática: la de los muertos que dejan a su paso, es igual para todos.

Tanto la sociedad, como los hombres que la forman, están en continua evolución. Cuando se pretenda llegar a ciertas metas revolucionarias, lo más seguro es: alcanzarlas por medios evolutivos. Presionando en la dirección deseada, de forma suave, pero constantemente. Al menos, es la forma ideal de no morir en el intento.

Individuo y sociedad son permeables e interactivos. Ambos se influencian, y son interdependientes en su existencia. Tal como las células de un cuerpo vivo. Nadie puede aislarse tanto que su situación le permita pensar como ente autónomo e independiente. Siempre habrá un antes y un después. Aparte de la influencia del medio en que se halle inmerso. La objetividad y la independencia son entelequias: útiles como referencias abstractas, pero inexistentes.

Todo hombre es esclavo de su propia historia. Ascendientes, descendientes y colaterales, nos han ido rellenando el cerebro con sus propias ideas. Al final, cada cual no hace más que digerir lo que ingirió. Desde tierras lejanas, desde civilizaciones diferentes, desde circunstancias distintas, con antecedentes diversos, ¿cómo podemos meternos en la piel de otros pueblos y juzgar la rectitud de sus hechos?

Quien actúe en circunstancias extremas, movido por la pasión, siempre encontrará razones que lo justifiquen. Sus propias razones, está claro. Probablemente serán muy distintas de las nuestras, pero ellos las consideran justas. Si así no fuese, no comprenderíamos que dejasen sus vidas en ello. Lo que pasa es que la lógica, las razones, la justicia y la vida, tienen muy pocos puntos en común. Al final, siendo siempre injustos, nos veremos obligados a medir a los demás con nuestra propia medida. Que no se ajusta a nadie más que a nosotros mismos. Sentimos lástima por los débiles, y acabamos dando la razón a los fuertes. La historia siempre la han escrito los ganadores. Quienes perdieron, procuran olvidarse de ello. ¿ Cómo tomar partido entre bosnios y serbios, entre blancos y negros, entre judíos y palestinos, entre guerrilleros y gobiernos? Al final, sucede como en la Naturaleza: quien pierde el hábitat, pierde la vida. O se transforma, o se extingue.

Y, a todo esto, nos negamos a cerrar los ojos para no ver las injusticias. Pero nos paraliza la duda sobre qué es injusto. ¡Dichosos aquellos que, sin analizar, tienen la certeza de la bondad de todos sus actos. Porque, todos y cada uno de ellos, van dirigidos a su propio beneficio!

Cibernética es la ciencia que estudia los mecanismos de comunicación y de control, en las máquinas y los seres vivos.(Larrousse). En principio, el funcionamiento de un sistema cibernético actual, está, cada vez más, inspirado en el sistema neuronal humano. Con lo que, a través de descargas eléctricas intermitentes, y mecanismos informáticos adecuados, se imita, aproximadamente, el funcionamiento de nuestro cerebro. Esto indica, claramente, que, si un gobierno instalase un cerebro electrónico, suficientemente potente, podría controlar información sensible de todo el mundo.

En realidad, esto se está haciendo ya, en la actualidad. Gobiernos, compañías financieras, fabricantes de programas informáticos, agencias de información y un largo etcétera de sociedades anónimas, utilizan buscadores especializados, que compilan y analizan cuanta información pueda interesarles. Las redes de comunicación son permeables. Basta con tener los instrumentos adecuados, los conocimientos técnicos suficientes y el interés definido en localizar informaciones precisas. No es una utopía, es un hecho. Si se tiene una información sensible, que pueda despertar interés, y ésta se maneja a través de ordenadores o líneas telefónicas, dicha información, dependiendo de su importancia intrínseca, fluirá desde su ordenador a otros lejanos. Suena a psicosis o manía persecutoria, pero sucede constantemente. En estos momentos, de forma sistemática, las grandes potencias usan Internet, para captar información de toda clase. No sólo política, sino también industrial, bancaria, o científica. Se ahorran mucho dinero y tiempo con ello. En el uso posterior, que se de a ese cúmulo de información, reside su legitimidad o maldad. Con la excusa de controlar a organizaciones terroristas, se trata de intervenir toda la economía mundial, base de una política real de dominio. El año está terminando, y el Gran Hermano hace tiempo que nos controla a todos los hombres de buena voluntad. Mientras, los terroristas destructores, siguen actuando en el subsuelo, royendo, como ratas, las raíces de la civilización, supuestamente libre.

Aquí hay un mayor peligro potencial que en el uso, ya primitivo, de bombas y pistolas. El gran peligro terrorista, acaparador de poderes, puede estar dirigido por organizaciones potentes, de alcance mundial y aparente respetabilidad, que ambicionen acrecentar su poder, pegando fuerte sobre los centros de información económica. Ya se sabe, sin control financiero, unido al espiritual, no hay dominio social. No todos los terroristas actuales usan barba, turbante, boinas y explosivos. Los más peligrosos pueden actuar a distancia, con su peor arma: un ordenador, Internet y muy malas ideas. Realmente, el mundo se gobierna, inculcando creencias. No con ciencia, leyes, verdades o derechos. Para el gobernante de pretensiones absolutistas, todas las conquistas del progreso, no son más que armas a su servicio. Quien no haya comprendido eso, está fuera del poder. Para saber gobernar, en principio, se ha de crear confianza, fe, en los gobernantes. El pueblo, si quiere conservar una parte del poder, no tiene más remedio que mejorar su competitividad, de forma constante, en todos los aspectos.

Mejorar, mejorar, mejorar, sin cesar. Siempre hay una meta, más allá de lo que creemos perfecto. Los límites de la creatividad humana, aún no los conocemos. Todos los pueblos que aluden al carácter mítico y singular de sus orígenes, hablan de un supuesto pasado diferenciado del resto de la Humanidad. Así se ciegan. El hombre es su propio artífice. Lo importante es comprender que, en conjunto, todos somos uno. Y que el futuro de una Humanidad mejor sólo se puede labrar con la colaboración de todos.

Principio y fin de todas las cosas. El punto de partida es el de llegada. El círculo del derviche. El centro está siempre a la misma distancia, por mucho que gire. Hay quien, sin aclararlo, rechaza la democracia, por considerarla disgregadora. Lo estimado perfecto, la pirámide social, no se discute, se acepta. Con límites a la expansión del espíritu y la adquisición de conocimientos, no tendremos nunca la tentación de “querer ser como dioses”. Pretender avanzar, cambiar las cosas, querer saber siempre algo más, es considerado un pecado de soberbia, de vanidad, por quienes están en la cúpula …la tentación de Belfegor. Realmente, el peligro lo ven en el espíritu mismo de la ciencia. En ciencia no se cree, se investiga, se disiente, se prueba, se demuestra. La creencia es la antítesis de la ciencia. Si, quienes predican la verdad única, la que ellos representan, logran meterte en su botella inexistente, estás atrapado, perdido.

No pensarás más. A la mosca no se le muestra la salida de la botella, porque, realmente, está encerrada en sí misma. Se autolimita. La botella, es decir, el límite exterior, el de sus conocimientos, no se ve, porque no existe. La persona es lo que es, como suma y resumen de todo lo que ha sido. Las restricciones a su vuelo, le vienen dadas por la propia limitación de sus fuerzas. La formación marca el camino. Se te permite volar sólo en espacios acotados. Siempre áreas más pequeñas de lo que seas capaz de alcanzar. Y, si te pasas del límite, marcado por él, por ellos, por los perfectos, por los que se creen divinos, con derecho a limitarte, entonces estás trasgrediendo las reglas, sus reglas, has faltado, y sólo ellos pueden borrarte la mácula. Si no prometes volver al redil, te espera un castigo eterno, eterno, eterno….

Ya jamás tu vuelo será libre. Te moverás en círculos marcados, cerrados, sin atreverte a salir por el mismo camino que entraste. Principio y fin…Las creencias irracionales, las magias todas, no son sólo una droga del cerebro, sino cárceles del alma, del espíritu, del pensamiento. Sus defensores atacan a quienes se niegan a mover el mundo a su dictado. Y, si tienes prisas por llegar a otra parte, usando caminos diferentes, te harán saber que los atajos conducen al precipicio de “irás y no volverás”.

Parece que estamos siendo abocados a vivir otra época de pensamiento único. La dirección está clara. Todas las flechas orientan hacia un punto ideal, de donde ha de llegarnos la iluminación. Quien no sepa verlo, quedará en la oscuridad.
Cuando, los grandes comunicadores de verdades prefabricadas, empiezan a valorar la verdad mágica de sus palabras, por encima de la verdad científica, debemos principiar a temer, como rebaño dócil que se deja conducir, si nuestro pastor se ha confundido de estrella guía y nos puede estar conduciendo, él mismo, al precipicio.

Cuando nos hacemos preguntas, sobre algo que desconocemos, nuestra inquietud intelectual nos lleva a buscar respuestas. Y esto conduce a dos caminos de solución: La fantasía o la investigación. Si nos servimos de la imaginación pura y la inventiva, crearemos una fábula, más o menos razonada, pero irreal. Estos son los relatos que, sobre el origen del Universo real, y sus dioses de fantasía, encontramos en todos los sistemas de creencias. Tan variados, en sus miles de versiones, como cualquier literatura infantil fantástica. Cuando, en vez de fantasear, tratamos de investigar y razonar, para llegar a la verdad, estamos creando ciencia. Indudablemente, el camino de la ciencia es más difícil, lento y complicado que el de la fantasía. Cualquier pequeño paso adelante, en el mundo de las ciencias, no se da en el vacío, está cimentado sobre el trabajo, arduo y lento, de anteriores investigadores del conocimiento.

La guerra de Irak se ha montado como un negocio, de eso ya no hay quien dude. He ahí el error de partida, básico. El equipo gobernante norteamericano ha sido el promotor de la “liquidación de existencias”. Quienes la dirigen, son grandes ejecutivos de sus propias empresas, que se enriquecen con la conflagración. Por tanto, pretenden cosechar los mayores beneficios. Los demás participantes, son socios minoritarios, para repartir, proporcionalmente a su inversión, el botín de guerra. Ese ha sido el concepto esencial de esta estratagema, la obtención de beneficios tangibles. Un negocio para carroñeros. No pueden exigir, además, que los ideales de la Humanidad se inclinen a su favor, con esa base moral. Ha quedado demasiado claro, desde el principio, que, sólo una gran maquinaria de propaganda ha podido intentar hacernos ver como nobles, los más bajos instintos de apropiación indebida de un país. Todos estamos de acuerdo sobre la monstruosidad intrínseca de Sadam Hussein. Pero, sus enemigos, se han puesto a su altura. Sadam desapareció, mientras que el pueblo irakí sigue sufriendo; más que antes. Ahora, también bajo las botas de los ocupantes turcos, sus enemigos milenarios. Llevados, de nuevo, allí, bajo la protección americana. Nunca se pudo inyectar más veneno junto en un conflicto. Están reviviendo la peor historia europea. La bondad es fruto del amor, no del temor. No pretendamos ser amados por quienes nos temen. La crueldad circunstancial de los clasificados como “buenos ciudadanos”, cuando juran venganza, puede ser infinita. ¿Quién convence, a los irakíes masacrados, de nuestra nobleza de intenciones? La resistencia pasiva a “dejarse conquistar el alma”, puede crear monstruos de odio. No nos creamos los únicos portadores de la Verdad. Cada cual tiene la suya.

Los ideales nobles que pudieran haber estado en el principio de este conflicto, se han corrompido, por la mezcla de intereses. Lo peor de luchar contra el fanatismo, es que convierte en fanáticos del antifanatismo a los más templados defensores de la paz. Las ideas no se matan con bombas. Se enquistan y endurecen.

Es bueno que nadie se crea el ombligo del mundo. Personajes políticos como Georg Bush, ahítos de poder, que quisieran flotar más alto, más cerca del cielo, resultan excesivos en sus afirmaciones. Aseverar, como hace, que habla cada día con Jesús, resulta conmovedor, o espantoso. Como prefieran. A mí, me resulta dudosamente inquietante, saber que, fue elegido presidente, gracias al apoyo expreso de los obispos cristianos, que lo presentaban como un hombre devoto, ideal para presidir el país. Oír que un hombre tan poderoso, a cuyo alcance está el “botón nuclear”, conversa habitualmente con seres celestiales, que le aconsejan en sus decisiones cotidianas, me estremece. Los santos guerreros, suelen perder el apego a la tierra, creyendo su deber el salvar almas, aún a costa de perder los cuerpos donde éstas se suelen alojar. Son las consecuencias de la guerra contra el mal. Al parecer, al parecer, hay que tomarlo sólo como pequeños daños colaterales inevitables. Las guerras no son inocuas. Y aún menos actualmente. No tuvieron el mismo poder destructor, los santos guerreros medievales. Éstos tenían que matar a los “malos”: herejes, moriscos, descontentos,… de uno en uno, a golpe de espada. Demasiado trabajo. Bush puede resultar más eficaz: Unas cuantas bombas potentes, cerrarían muchas bocas de infieles. El vengador Dios de los Ejércitos, que habita claramente cada libro del Antiguo Testamento, resucita, recién salido de la noche de los tiempos, Poder decidir, impunemente, sobre vida y muerte de millones de personas, debe nublar la mente. Algunos podrían convencerse de que han adquirido poderes divinos. Y eso es erróneo, la Perfección no existe.

Una mente humana, siempre será limitada, Aunque crea estar guiada, directamente, por el Creador. Soy de la opinión, limitado como soy, que, al consejo matinal, donde Bush, tras la lectura de algún pasaje bíblico, dice recibir inspiración divina, debería asistir, preventivamente, un buen equipo de asesores psiquiátricos, aunque sólo fuese para tomar notas. Dejarían un buen testimonio para la historia, digno de ser estudiado. Dios me confunda, si albergo malos pensamientos.

La Biblia no es pacífica. Como no lo es el Corán. Quienes quieran ser pacifistas, deberían obviar su lectura. En sus páginas milenarias, se pueden encontrar perdidos. Tanto uno como otro, son el libro de cabecera de una cantidad sorprendente de generales. Que viven y han vivido de, por y para la guerra. Cada uno de ellos, defendiendo sus propias creencias. Tras su lectura, duermen tranquilos, adormeciendo sus conciencias. En ellos, se justifican todas las batallas. Siempre que se hagan en defensa de su palabra sagrada. Las tres grandes religiones del Libro: Judaísmo, Cristianismo e Islamismo, hunden sus raíces en la Biblia, con sus diferentes versiones y derivados. Los conflictos bélicos de quienes se inspiran en sus relatos, son los más sangrientos, repetidos y sostenidos del orbe. Conflictos entre ellos y, a partir de ellos, con el resto de la Humanidad.

¿Cómo es posible llamar Dios del Amor, a quien, al tiempo, es el Dios de los Ejércitos? ¿Que recomienda luchas, destrucción, invasiones, muerte y aconseja no tener misericordia con los enemigos? Enemigos que, en muchos casos, se limitan a ser distintos. A tener pensamientos divergentes. Con estos principios bien asimilados, se comprende que puedan dormir tranquilos, quienes arrasan poblaciones, ocupan países que no son suyos, y destruyen civilizaciones, enraizadas en los principios de la cultura humana. Están trabajando, según sus pétreas conciencias, para su Dios del Amor. Idéntico Dios para todos, en las palabras del Libro, pero tan distinto, una vez alojado en los corazones poliédricos de sus defensores. La fuente es la misma, pero sus manantiales se han contaminado en tierras distintas. Cada uno lo refleja e interpreta según esté montado el filtro de su propia mente. El resultado es de una diversidad infinita. El dios personal es, siempre, un reflejo del individuo que lo aloja.

Quien duda sobre la certeza de sus razones, no matará a su contrario. Cuando la fe lo convenza de su propia razón, le parecerá de justicia el hacerlo. Matan más los buenos creyentes, porque saben que no les atormentará la conciencia. Lo hacen por una “buena causa”, su causa. Lo vemos en los asesinos suicidas. Ellos se sienten cumplidores de un deber. Hay que temer a los señores de la mentira. A quienes se presentan, falsamente, como dueños de la verdad. Porque, a partir de ellos, verdad y mentira serán la misma cosa: un instrumento de poder.

Hay que temer a los intolerantes, a los fanáticos, a quienes no admiten otra verdad que la predicada por ellos mismos. A esos que se creen únicos interlocutores válidos del Creador. A quienes piensan de sí mismos que son demasiado importantes para ceder un ápice de su autoestima. Como si el Dios del Universo no pudiera estar, simultáneamente, en todos y cada uno de nosotros. Es demasiado grande para concentrarse, de forma exclusiva, en una sola persona. Para que, así, nadie más hable en su nombre. Erigiéndose en dueño e intérprete irreemplazable de la verdad divina. Tal persona albergaría tanta vanidad, que no cabría nada más en su mente. Un globo hinchado, que puede vaciarse al menor pinchazo. la propia vanidosa de su importancia, es lo que los sostiene, inflados e intolerantes. Hay que enseñarles que son seres humanos, ni más, ni menos. Suficiente. Como todos nosotros. Sin privilegios divinos exclusivos. Cuando la vanidad y el fanatismo no los hincha, están a nuestra altura, a la de todos los componentes del género humano, sobre la Tierra. A quienes pretendan actuar en nombre del cielo, les pediría que se consideren humanos. Que ya es bastante. Y procuren dar amor a sus hermanos. Sin impartir órdenes extremas, desde un supuesto trono celestial, en la Tierra. No hay semidioses. Sólo gente que pretende serlo. Quienes pisan las cabezas de sus hermanos, para destacar a mayor altura, merecerían ser la alfombra de todos.

De todos los seres vivos, sabemos que no fueron siempre, desde el principio de su existencia, tal como son en la actualidad. Su estado y forma presente, sus cualidades y defectos, son consecuencia directa de la adaptación al medio, a través de casi infinitas generaciones. Sin estas mutaciones paulatinas, no existirían actualmente. La misma raza humana se habría extinguido, como lo hicieron sus antecesores.

Si esto es así, que nada vivo es estable, nada es estático, todo cambia, ¿qué nos impide ayudar a la Naturaleza en su búsqueda? No haríamos más que acelerar la evolución, en la dirección deseable. Nuestros genes, y la acción de ellos sobre nosotros, son modificados constantemente, aún sin pretenderlo. El simple hecho de alimentarnos selectivamente, hacer deporte, ejercitar el cerebro, elegir pareja, ya influye y determina. No sólo en nosotros mismos, sino, de algún modo, en nuestra descendencia. La consciencia de nuestro ser, nos transforma.

No veo, por tanto, que sea objetable la investigación genética. Siempre y cuando dejemos la ciencia en manos de los científicos. Sin que opciones políticas, o dictadas por estructuras religiosas (fuentes organizadas de poder totalitario), traten de apropiarse los resultados, en beneficio propio o detrimento de otros. La libertad para investigar, difundir los conocimientos adquiridos y hacer uso racional de los avances logrados, es básica en las ciencias. Sin ciencia no hay progreso, sino estancamiento.

El hombre, como ser pensante y moral, ha de someterse a sus propias leyes. No puede pretender regir el mundo, forzando la aplicación de códigos idealizados, hechos a la medida de los dioses circunstanciales. Las normas de conducta han de ser, en primer lugar, humanas, por tanto, naturales. Las leyes etéreas, dejémoslas para seres celestiales.

Hoy, cuando ya ha sido aceptada por la ciencia una edad para la Tierra de, al menos, cinco mil millones de años, y, para el Cosmos, otra más cercana a los quince mil millones de años, desde el mundo religioso se rebaten tales cálculos científicos. Sin argumentos en contra. Basándose en escritos poéticos de la época babilónica, extraen datos tales, deducidos de interpretaciones bíblicas, como que Caín mató a Abel en el año 4003 antes de Cristo. ¡Qué certeza! Desde el mundo religioso no se contradice a los geólogos, físicos, paleontólogos o astrofísicos, sencillamente se los ignora. Se prescinde de ellos. O bien, se pide que los escritos sagrados sean reinterpretados a la luz de los nuevos conocimientos. La fe lo puede todo. Es decir, debemos creer que los libros sagrados no se equivocan. Sólo la interpretación humana, que de ellos se hizo, condujo al error.

Cualquier rama de la ciencia, que aporte conocimientos nuevos, está cambiando la vida del Hombre. Por muy alejadas que estas aportaciones parezcan, del día a día cotidiano. El saber humano, aún cuando sus fuentes sean diversas, va formando un todo global, que infiltra savia de distintas raíces en las mismas ramas. Ya que todo conocimiento empieza y acaba en la Humanidad. Toda idea pertenece a una época. Y esta es la nuestra. No volvamos a tiempos de oscuridad. El riesgo de retornar, religiosamente, a la Edad Media, lo vemos en el avance imparable de los fanatismos, bien explotados por quienes ostentan el poder político en el mundo actual. Para desgracia de la Humanidad.

En todo caso, la evolución de lo existente sigue su curso. Está en la naturaleza de todo lo vivo. Se confirma con la evolución constante de las especies. Si hay algo claro en ciencia es, que hoy sabremos siempre menos que mañana., Porque la Naturaleza no es estática y las ciencias tampoco. La ignorancia científica de sus creadores, es lo que pudo estar en la base de teorías tales como las expuestas en el Génesis, sobre la creación y destino del Universo, puesto al servicio del Hombre.

Los enemigos se crean y seleccionan. Uno a la vez, para poder mantenerlos a raya. Ya se huele la preparación de otro golpe de estado, en Oriente Medio, cuyo interés trasciende sus fronteras. Nuevo conflicto con trasfondo político, religioso, militar y, al final del túnel, petróleo. Sólo hay que esperar a saber qué compañías petrolíferas han obtenido las concesiones de los numerosos yacimientos del territorio, para saber desde dónde puede llegar el capital necesario para iniciar un nuevo conflicto armado. Será casualidad, pero, son demasiadas las veces que confluyen los mismos nombres de petroleras, en los sitios donde se inician conflictos. Y, siempre, coincidiendo con nuevas concesiones de explotación, consecuencia de los cambios de gobierno forzados. ¿No será llegada la hora de que la ONU, o el tribunal internacional que pueda hacerlo, inicie una investigación sobre estos movimientos bélicos? Tal vez el sistema que otorga el privilegio de veto, a solo un puñado de naciones, en los consejos de seguridad, debiera desaparecer, o modificarse a fondo. Porque, como consecuencia de ese derecho a veto, sólo resultan beneficiadas las naciones que pueden ejercerlo. El resto del mundo, queda privado de privilegios.

El esquema de esos golpes militares está tan diseñado de antemano que podría averiguarse quién lo refrenda. Parecen portar firmas conexas. Los modelos son casi calcados unos de otros. Y, detrás, el eterno petróleo. Eso no cambia. No son tantas las compañías que, puedan permitirse mantener departamentos de estrategia, para montar cambios de gobierno convenientes a cada caso y propósito. Sólo hay que esperar y ver. Seguir el cauce del río de dinero que cambiará su curso. Parece elemental y demencial. No creo que ninguna institución, medianamente organizada, tenga dificultades para identificar el origen y meta de la violencia. Esta vez, como tantas otras, hay algunas compañías internacionales, con intereses en la zona, aparte de las habituales omnipresentes americanas. Lo curioso es que los mismos nombres se repitan en distintas zonas de conflictos. Parece perseguirlas la mala suerte. Donde ellas llegan, salta la chispa. Lo significativo es que no salgan quemadas, sino con el patrimonio engordado. ¡Saben sacar ventaja de la mala suerte! ¿Es eso? Me gustaría aprender cómo se hace.
Puede que sea un negocio rentable eso de irse creando enemigos por el mundo. Algunas naciones parecen dedicadas al cultivo específico de enemigos. Casualmente, todos tienen grandes yacimientos en sus territorios. Así que no resulta demasiado laborioso el buscarse unos cuantos socios para la aventura. Justificando, de paso, la apropiación de sus riquezas.

¿Conocen algún conflicto actual donde no se mezclen los elementos básicos? : Petróleo, fanatismos, poder, militares y riquezas a repartir. Todos estos elementos parecen imprescindibles para poder montar una “buena causa”. Preparada para que le toquen todos los premios a quien organiza el tinglado. El próximo problema importante podría estar a punto de necesitar buscar una solución incruenta. Pero, entonces, los descontentos serían los poderosos fabricantes de armamentos. La traición nunca compensa. El traidor acaba por traicionarse a sí mismo. Hundiéndose en la negrura de su sima.

Quisiera poder convencerme de que el orden internacional le corresponde guardarlo a las autoridades internacionales, no a ningún país en particular. Pero me asaltan serias dudas prácticas. ¡Dios nos coja confesados!

Fomentar el miedo a lo desconocido, es un negocio. Lo mismo sirve para vender seguridad ciudadana, que salvación del alma. Lo explotan todos los grupos esotéricos, que meten miedo a la gente, con lo que pueda pasarles, a ellos, a sus almas y familiares, si eluden las reglas que tales organizaciones les dictan. Desde las amenazantes cartas en cadena, a la obligación de publicar anuncios, proclamando la consecución de favores, o la rutina lava-cerebros de rezar a diario ciertas oraciones repetitivas, para salvar el alma. Está claro que son viejos métodos para inducir autosugestión. Las mantras, o letanías, recitadas en tonos monocordes, se usan desde hace miles de años. Dando buenos resultados de obnubilación, en todos los sistemas de creencias, habidos y por haber. Si, afortunadamente, se resuelve, durante ese tiempo, alguno de los favores pedidos, ya hay un adepto más. Tales grupos, se presentan como salvadores universales. Trucos semejantes, utilizan los políticos salva-patrias. O ellos, o el diluvio. Y, siempre encuentran oídos atentos.

En la actualidad, Benedicto XVI apoyó la abstención de los católicos, en el referéndum sobre reproducción asistida, celebrado en Italia. Se pretendía cambiar la restrictiva y obsoleta ley de reproducción italiana, por una más parecida a la actual ley española. Consiguiendo la abstención, se intenta imposibilitar el quórum necesario para su aprobación. Cultivar el inmovilismo, parece el bien supremo, para algunas mentes congeladas. Cuanta más ignorancia haya en el mundo, más posibilidades de medrar tienen las creencias. Todavía hay grupos que se oponen a las transfusiones de sangre. Y no están lejos los tiempos en que se consideraba, un gran pecado contra la voluntad divina, el aprobar un transplante de órganos, o facilitar el parto sin dolor. Los ortodoxos defendían, y aún defienden, que no se pueda alterar el mandato divino a Eva, al ser expulsada del Paraíso:”Parirás con dolor”.

Si continuásemos la línea estática, inmovilista, respecto a los progresos científicos, terminaríamos de nuevo en las cavernas. Sin una ciencia progresista, libre, no hay cultura, ni bienestar. Al mundo cristiano, puede empezar a sucederle, lo que ya pasó con la cultura musulmana. De ser una civilización progresista, en sus mejores tiempos de esplendor, ha pasado a ser una rémora para la Humanidad. De vuelta a los tiempos oscuros de las primeras épocas, de leyes santas y guerras sagradas. El camino de la imitación lo tenemos fácil. No hay más que seguir las prédicas de los hombres santos, que, siempre, ven en el pasado, lo más remoto posible, tiempos de mayor pureza. Pero, ¿es eso lo que la Humanidad desea y necesita? Podemos escoger entre una sociedad más próxima a los ángeles, cantando en coros celestiales, u otra más cercana a la felicidad terrenal, con una sociedad menos llena de sangre, sudor y lágrimas. ¿Tiene que estar reñida la felicidad con la bondad? Quien sufre y se sacrifica más, no es, necesariamente, mejor persona.

La verdad la canta el silencio. Si, en ciencia, se siguieran criterios religiosos, aplicando el principio de que “dudar es pecar”, llegaríamos, pronto, al fin de la ciencia. Poner trabas al progreso, no nos conduce más cerca de Dios. La ciencia es duda constante, y ésta fuente de estudios, que conducen a la verdad. Es una lástima que, tantas mentes privilegiadas, trabajen sólo para negar evidencias. Intentando parar el mundo, mediante la paralización del pensamiento. Quien cree, reafirma el pasado. Quien duda, investiga el futuro. Cualquier rama de la ciencia, que aporte conocimientos nuevos, está cambiando la vida de la Humanidad, hacia mejor. El saber humano, aún cuando sus fuentes sean diversas, va formando un todo global. Toda idea, tras su floración, cuando a alguien le empieza a parecer hermosa, la difunde. Pero no ha habido generación espontánea. Todo fruto es resultado de una semilla anterior, cultivada en el medio y tiempo adecuados. Por tanto, una idea original, antes de ser reconocida como tal, ha recorrido un camino, ha vivido un ciclo en la sombra, hasta salir a la luz.

Sirviendo, a su vez, de punto de partida para otras conclusiones tan originales como sus antecesoras. Puesto que, cada una de ellas, es origen de otras. Para la adquisición de nuevos conocimientos, es importante no considerar verdades indiscutibles nuestras ideas y conceptos previos. Nada es estático, nada permanece, todo evoluciona. El cuestionamiento sistemático, es básico, a la hora de no querer convertirnos en piedras. Ser inamovibles en moral, conocimientos y costumbres, es estar momificado de antemano.