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Razones de Jerarquía

Wednesday, April 30, 2008

La autoridad se impone por razones de jerarquía, no por la jerarquía de la razón.
El reconocimiento universal de las dimensiones reales de nuestro planeta, su distancia al Sol, y la posición de éste como eje central de nuestro sistema planetario, aún cuando ya eran conocidas, con bastante exactitud, desde el siglo III antes de Cristo, en que estas medidas fueran calculadas, con bastante exactitud, por el geómetra Eratóstenes de Cirene, se ocultaron, hasta el siglo XVI. Por razones religiosas. Los expertos bíblicos consideraban blasfemas tales afirmaciones, por estimar que contradecían a las Sagradas Escrituras.

Circunstancias similares obligaron a ignorar los cálculos sobre la rotación terrestre, alrededor del Sol. A pesar de que ya Aristarco de Samos, en el siglo III antes de Cristo, había fijado su certeza. Pero, la Biblia sugería lo contrario, al afirmar el geocentrismo del Universo y la detención circunstancial del Sol, en su imaginario periplo alrededor de la Tierra, con el importante propósito de ayudar, durante un par de horas más, al pueblo israelita, en su constante batallar contra los habitantes autóctonos de Palestina. Esto bastó para que los conocimientos razonados cedieran, de nuevo, terreno a las creencias impuestas. La fe prevaleció sobre la ciencia. So pena de muerte o destierro. Poderosos argumentos. Esto bastó para que los conocimientos razonados cedieran, de nuevo, terreno a las creencias impuestas.

Hasta finalizar, en Sevilla, Juan Sebastián Elcano, en el 1523, su viaje de circunnavegación, iniciado por Magallanes, en 1519, no se restableció científicamente el reconocimiento universal de las dimensiones reales de nuestro planeta y su redondez. Salieron por occidente y volvió por oriente. Luego la Tierra no era plana. Dieciocho siglos de ocultación de conocimientos, no les bastaron a los dogmáticos. La prolongación artificial de la ignorancia, se sigue cultivando, en la actualidad, como arma de poder.

Los problemas del mundo se solucionan científicamente, no con especulaciones angélicas. Todo hecho que no tiene una explicación lógica y comprensible, para un individuo sin formación científica, pudiera ser considerado por éste como algo mágico, paranormal, o sobrenatural. Según esté formada la mente del individuo considerado. Es decir, según en qué dirección haya sido orientado su intelecto. Para un científico, un hombre que, ante todo, usa el razonamiento, el mismo hecho tendrá, con seguridad, una consideración distinta. El pensamiento mágico - religioso puede transformar cualquier cosa en algo perteneciente al mundo de lo sobrenatural.

Las descripciones que, de Dios, han hecho algunos santos, ponen un velo de tinieblas sobre su ser, más que aclarar la naturaleza divina. En el discurso de Pablo en el Areópago, se lee: El Dios que hizo el mundo,… no habita en templos hechos a mano… Él hizo provenir de uno a todo el linaje humano,… y, en realidad, no está lejos de nosotros… porque en él vivimos,… y somos, incluso, de su mismo linaje.’ Aquí podríamos ver un brote de Panenteísmo índico(todo en Dios). Se hace coincidir la esencia de Dios con la representada por los tratadistas panenteístas brahmánicos. Este párrafo explícito, sitúa, al Dios Creador bíblico, muy cerca del Brahma hinduista.
Cuando se afirma que el Hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios, se lo está acercando, peligrosamente, a la divinidad. Podría también decirse que Dios fue concebido por el Hombre, según su propia imagen, adornándola de infinitos poderes.
En fin, las creencias son siempre menores de edad, no se atienen a razonamientos. Razón y fe, no forman pareja estable.

Creencias Construidas

Monday, April 28, 2008

Actualmente, las enseñanzas y dogmas de algunas iglesias, son irreconciliables con los aceptados en otras ramas del mismo tronco. La sucesiva reinterpretación acumulada de sus mensajes, es lo que ha ido creando un cuerpo dogmático diferenciado. En la práctica, cualquier religión conocida, es la obra conjunta de sus continuadores. Una construcción viva, en evolución constante.

Al igual que el hombre es, cada día, un ser diferente, las creencias, a pesar de sus pretendidos valores eternos, van evolucionando, lentamente, mientras están vivas. Absorbiendo unas ideas, transformándolas en su interior, y excretando otras: los residuos inservibles, que son abandonados, olvidados en el pasado. Ningún concepto permanece indemne. Podríamos afirmar que las religiones no se crean o destruyen, se transforman y ramifican.

En algunas ramas del cristianismo, se hace hincapié, como dogma fundamental, sobre la Santísima Trinidad. Las numerosas matizaciones sobre este dogma, han dado lugar a tantas ramificaciones sectoriales, como posibles combinaciones de matices puedan darse. Fuente constante e inagotable de nuevos cismas.

Cuanto más alejados de la lógica estén, más obligan al creyente a no disentir sobre su autenticidad. Con este material, aparentemente tan endeble, se obliga a los creyentes, de cualquier confesión, a no dudar de las afirmaciones que, sobre dogmas y misterios, hagan sus superiores jerárquicos, los dignatarios de la organización. Los principios de la obediencia sometida son la base de cualquier sistema jerárquico de creencias. No se puede creer cualquier cosa, sino lo que la cúpula ordene. La legitimidad está en la cima.
Estos son los muros que limitan el libre pensamiento, la investigación, la duda; es decir todo aquello que pueda conducir a un concepto de la verdad distinto. El válido es, siempre, aquel que prefije, oficialmente, la jerarquía. Administradora oficial de los pensamientos de todos los adeptos. En esa cárcel limitadora, muere toda libertad de pensamiento. En ella se forja la obediencia ciega.

Dios vive en nuestro cerebro. Si no se piensa en el concepto, desaparece. Es un habitante de nuestra mente. No sé si hubo alguno que crease al ser humano. Pero, desde luego, el pensamiento humano es el creador del concepto actual que tenemos de Dios, de los dioses infinitos que habitan las mentes de toda la Humanidad. Cada persona tiene su concepto particular del dios en que necesite creer.

La creatividad es algo innato en el ser humano. Todo ser inteligente es creativo. Y la inteligencia humana ha adquirido la pasión por el descubrimiento, por el más allá de las cosas. Por las sumas, restas, multiplicaciones, divisiones y potenciaciones de todo lo conocido. Que, una vez combinado en distintas proporciones, origina algo nuevo, algo distinto a lo que ya conocíamos. El relato de la creación religiosa, se presta bastante a la fantasía. Todos quisiéramos tener un dios adaptado a las necesidades de nuestra existencia. Por eso, los dioses de países distantes son tan diversos.

Mientras más incomprensible sea el dogma al que adaptemos nuestras creencias, mayor será la sumisión que genere, si es aceptado. Todos los dogmas se han ido cociendo lentamente, aquilatándolos durante siglos. Esa es la esencia de la fe. Hacer creer que, quien no cree, se encuentra en un nivel inferior al de los creyentes.

Lo cierto parece estar más cerca del hecho de que, el pensamiento congelado, se encuentra preso del sometimiento total, a quienes imponen los conceptos. Después de llegar a ese nivel de obediencia, ya se le puede pedir cualquier cosa al creyente, para que el sometido pueda demostrar, constantemente, que su sometimiento es total. Hasta la extinción. Ahí se agota toda fuente de pensamiento científico, lógico, libre, investigador, amante de la búsqueda profunda y la demostración , paso a paso del fundamento de sus verdades asumidas como tales. La verdad, para encontrarla, hay que buscarla. Siempre.

Agresividad ‘Civilizada’

Saturday, April 26, 2008

¿Cómo podrán los futuros misioneros convencer a los habitantes de pueblos aborígenes semi-esclavizados, sobre la bondad de sus civilizadas razones? ¿Cómo podrán estos creer que el Dios del Amor está de parte de quienes comercian con sus hijos, y explotan a los padres? ¿Son los negreros redivivos, de ahora y siempre, que ayudaron a los conquistadores de otras épocas? ¿Cómo admitirá un indígena de pueblos apartados, la bondad de la doctrina de los conquistadores europeos, que los exterminan y explotan, robándoles a sus hijos? ¿Son, estos invasores, representantes de un Dios justo, magnánimo y bondadoso?

La bondad es fruto del amor, no del temor. Existe con independencia de las religiones. Quien realice actos bondadosos como consecuencia de temores a ser castigado, no muestra su bondad, sino su miedo. Sus actos pueden ser válidos en un plano social, no en el individual. No sirven para mejorar la personalidad, sino para acumular hipocresía y desamor. Por eso, la crueldad circunstancial de los clasificados como ‘buenos ciudadanos’ puede ser infinita. Quien, en sus actos crueles, se sienta respaldado por su fe en una doctrina que lo impele a ellos, puede actuar como un demonio de maldad, impulsado por su deseo de difundir el bien.

Los indígenas afectados seguirán guardando las convicciones ancestrales, ocultas en su corazón, como el resto del tesoro identificador de su propia cultura, que logran salvar estos pueblos de la agresividad y rapiña de los bárbaros caballeros cristianos. Quienes no sólo se creen con derecho a robar sus tierras y bienes, sino que se apropian incluso de sus hijos. Tratando, además, de convencerlos para que adopten los dioses de los blancos. A esto se resisten. Como pueden, pasivamente, con el engaño socarrón. Porque necesitan sus ayudas, Pero, esa resistencia pasiva, ha tenido como hijo oculto el cristiano - animismo actual. Que, en toda América, África y Asia, se muestra sólo en la intimidad.

No necesitan más que cambiar los nombres de espíritus aborígenes, rebautizándolos con apelativos cristianos. Interpretando en clave animista los fenómenos de la doctrina evangelizadora. No debe haber sido difícil, aunque sí laborioso, porque el sincretismo actual es perfecto.

No es de extrañar que, en los países de actual mayoría cristiana, hayan existido, siempre, sociedades secretas. La necesidad existencial de ocultar creencias disidentes, cuando lo que se jugaba era, frecuentemente, la vida, es comprensible. Se puede dominar la razón, pero, las creencias son irracionales. Quien las tiene, puede ocultarlas, si así le conviene, pero no destruirlas. Todo lo que surja de nosotros, sigue siendo parte de nuestra compleja naturaleza. No podemos salirnos de ella, aunque lo pretendamos ocasionalmente. Figurándonos estar por encima del resto de la Humanidad, para creernos con derecho a influir en la conducta de los humanos. Quienes se ven como administradores de los designios divinos, se atribuyen el derecho a manejar los pueblos a su antojo. Creen tener la razón, toda la razón y nada más que la razón. Lo que les ayuda a mantener su agresividad dominadora respecto a los otros. Eso suele ser peligroso.

Incluso pueden creer hacer el bien y servir a una buena causa evangelizadora, quitando hijos a sus padres, para educarlos en las creencias de los pueblos ‘civilizados’. El fanatismo adoctrinador de algunas organizaciones, pretendidamente religiosas, debería ser adecuadamente supervisado, cuando incumplan las reglas civiles de las sociedades europeas. No todas las creencias son santas, inocentes e inocuas. No nos sorprenda conocer que somos mal recibidos entre otros pueblos. Probablemente estemos pagando culpas heredadas. No somos los dueños del mundo.

Las invocaciones a la divinidad, ayudan a concentrar el pensamiento en el Ser Divino. Por eso han de se repetirse, para no permitir que el pensamiento se aparte del cielo.
Cuando rezamos, aunque no sepamos con certeza si algún dios nos estará escuchando, al menos nos consolamos suponiéndolo. Lo que nos ayuda a mantener la fe. Pues, nosotros, sí oímos nuestra plegaria. Puede que eso nos ayude a reunir la fuerza, tiempo e información que necesitamos, para llegar a conseguir nuestro deseo. Todo junto, podría lograr actuar con el poder de un dios privado, un numen, que nos lleve más allá de nuestros límites conocidos. Algunos milagros podrían explicarse así.

La magia, aunque pretenda tratar con seres o fuerzas espirituales, quiere resultados fácticos, inmediatos, terrenales, materiales. Que se atribuyen a la intervención de fuerzas, espirituales o telúricas, movidas por la mediación del oficiante. Esa es quizá su mayor diferencia intangible con la religión, que, generalmente, pretende conseguir posiciones favorables, no sólo en el presente, sino en una vida post-mortem.
Lo más probable es que, la creación y evolución de ambas creencias, hayan sido simultáneas o paralelas, pero, desde luego, intercomunicantes, convergentes. No se pueden separar, de forma aséptica, ambos conceptos. Lo normal es que, tanto la magia, más movida por pasiones, deseos y prácticas, como la religión, algo más etérea, llena de ideales y teorías imposibles, no respondan a un modelo único, cerrado. Realmente, son dos ramas divergentes del mismo árbol de las creencias. Proporcionalmente, se encuentran tantas ideas con base religiosa dentro de la magia, como ritos o prácticas, de pura y clara ascendencia mágica, en la religión.

Las más antiguas referencias, documentadas, que nos han llegado sobre magos - sacerdotes, quizá sean las concernientes a las religiones mágicas de Mesopotamia. Aún cuando, presumiblemente, su creación sea de época posterior a las egipcias.
En ambos casos, los estudios astronómicos (astrológicos) eran administrados, en exclusiva, dentro de las familias poderosas de las ciudades - estado. De estos privilegiados conocimientos esotéricos, se derivó la concentración de la riqueza en pocas manos. Aquellas de los que administraban los bienes del templo titular del patrono de cada ciudad.

La derivación más clara fue, la identificación del poder religioso con el temporal. Según el uso establecido, los sistemas de gobierno, en lo político y religioso, eran una misma cosa. Es decir, no existía separación jurisdiccional. Quien administraba el templo, regía la ciudad y sus bienes. Dado que el propietario nominal de la ciudad era el dios del templo patronal. Así, templo y ciudad formaban una sola unidad.

Si admitimos la existencia del alma, del espíritu, de un ente activo, pensante e inmaterial, ya sea individual, colectivo, o universal, no podremos oponernos a que alguien convierta ese algo en una energía vital, que une cuerpo y mente. Después, el dilema, no solucionado, de creer o no creer en la posible existencia del alma, o de esa fuerza vital, de forma independiente y posterior a la muerte del individuo como tal, es algo especulativo, o accidental. Una perspectiva más, entre muchas. Con el margen de probabilidades que se le quiera otorgar.

El mundo de la realidad y el de la fantasía, son complementarios y paralelos, aunque no equivalentes. Quienes especulan con entes intangibles, invisibles, remotos e incorpóreos, lo hacen con ventaja. Pues pueden dar rienda suelta a la imaginación. La fantasía lo transforma todo, a capricho del dicente. Los científicos deben demostrarlo todo.

Creación a la Carta

Thursday, April 24, 2008

Cuando se prescinde de la Ciencia, e incluso se la persigue y destruye como enemiga, quienes se sienten obligados a dar una explicación a sus actos, suelen tener una imaginación calenturienta. Propia de Las Mil y Una Noches.

Los dogmáticos son los peores enemigos de la verdad. Están condicionados por los límites estrechos de su pensamiento ilógico. La ignorancia es la creadora de la aceptación de todos los mitos. Los dogmas son un muro de contención puesto en el camino del progreso de las ideas. La ventaja de la Ciencia es que sus principios son demostrables. La Humanidad está interconectada a través de muchas más cosas que la fantasía de las palabras. La ciencia lo demuestra cada día. El análisis de genes no se equivoca. Y, sin embargo, en cada religión se relata la aparición del hombre sobre la Tierra de forma distinta, pormenorizada. Dando fechas y detalles , que se han demostrado, reiteradamente, como falsos. Pero, insisten en que sean considerados hechos históricos, aquellos que contribuyeron a implantarlos y recrearlos. Sirviéndose de ellos para justificar sus pretensiones a mayores derechos sobre la faz de la Tierra. Y a justificar su aspiración a posiciones privilegiadas en la estima de los dioses. Su amor a la literatura de fantasía y su despego por las ciencias, los ha dejado a la intemperie, desnudos de conocimientos e hinchados de pretensiones vacías. Dentro de nuestra línea ascendente de creencias religiosas, el pueblo judío pretende haber sido creado por Dios de forma singular. Algunas líneas de ultra-ortodoxos incluso defienden que Adán no fuera padre de la Humanidad en su totalidad, sino del pueblo judío en singular, hace pocos miles de años. En fin, al parecer, Dios hizo horas extras para ellos, en turno aparte. Los exquisitamente creados, rechazan mezclarse con el resto de las etnias humanas. Si hubiese más formación científica y menos fantasía literaria, no se oirían relatos tan singulares.

El hombre primitivo, al no encontrar explicaciones plausibles a las salidas y puestas de sol y a todos los demás fenómenos y misterios de la Naturaleza, en su desconocimiento, fue creando un mundo de fantasía, más o menos razonado, en el que adjudicó papeles diferentes a todos los fenómenos naturales. Los más impresionantes, como el Sol, los rayos, los truenos, fueron ocupando papeles principales en el gran teatro del mundo. En cuestiones de identificación con la Naturaleza, nos pueden dar lecciones la mayor parte de religiones tribales.

No es de extrañar que las más antiguas viejas divinidades estén, casi exclusivamente, relacionadas con elementos naturales, que, de alguna forma, impresionaban o afectaban poderosamente a los hombres de su época. La mente humana, en sus estadios más primitivos, no puede concentrarse más que en cosas que comprenda y le atañan directa e inmediatamente. Ello llevó a esa identidad de criterios de todos los pueblos, que comenzaron adorando al Sol, la Luna, las estrellas, al fuego, a los relámpagos, al trueno, a la lluvia, a los animales que les daban alimento, o a los que les inspiraban admiración y temor. Muchas tribus identificaban como sus antepasados a fieras o animales con los que guardaban una especial relación. Otros, como la Casa Imperial del Japón, se consideraban descendientes de la unión del Sol y el Firmamento. También los faraones egipcios contaban al Sol entre sus antepasados. Tuvo idénticas pretensiones el Gran Inca. En los Vedas, aparte de identificar a los planetas con distintos dioses, se dice que el Sol es la representación del ojo del Dios Creador, Brahma.
Al consolidarse el Zoroastrismo, o Mazdeísmo, en Persia y Mesopotamia, en el siglo séptimo antes de Cristo, se experimentó un cambio radical en la mitología del Oriente Medio, pues se comenzó negando legitimidad a todos los dioses antiguos de la zona, para poder defender la idea del Dios único, sabio y creador. La característica principal, que ha quedado transmitida, es la eterna lucha entre el Bien y el Mal; de la cual saldrá, al fin, triunfante el Bien.

La armonía, primero con nosotros, después con quienes nos rodean, y, finalmente, con toda la Creación, nos dará la paz. No la acumulación de bienes y arsenales.

Babilonia Reconquistada

Tuesday, April 22, 2008

En el Libro de los Números, en su camino hacia la Tierra Prometida, dice Moisés a su pueblo: ‘No temáis al pueblo de esa tierra, (Palestina), porque nos los comeremos a todos como pan. Dios nos protege’. Se deduce que el Dios de Israel tiene sus preferencias… continuadas.

Los ritos guerreros han sido bien cubiertos por religión y magia. Desde los pueblos más primitivos a los más civilizados, en este trance decisivo de la guerra, se pedía y pide ayuda, rindiendo honores a toda clase de dioses y espíritus, para obtener su favor.

También se adoptaban diversas costumbres, consideradas efectivas en la protección del guerrero. En los períodos de guerra, por ejemplo, se guardaba castidad. Debido a la antigua creencia de que, con el acto sexual, se escapaba parte de la fuerza vital del individuo.

Al partir hacia la guerra, los sacerdotes bendicen las tropas y armas de su pueblo. Esta bendición ha de protegerlos. En otras épocas, antes de entrar en combate, se realizaban baños rituales de purificación, ofreciendo sacrificios a los dioses y prometiendo enriquecer los templos con el botín capturado al enemigo. Los administradores de los dioses no se quedaban sin recompensa, por ponerlos a los dioses a su servicio.

Terminada la batalla, se lavaban las armas, ritualmente, en las aguas de fuentes o ríos sagrados. Aún hoy día, las aguas del Ganges, para unas religiones, o del Jordán para otras, son exportadas a medio mundo, para ser usadas en ceremonias de bendiciones, consagraciones, bautismos y ‘limpieza’ de culpas o pecados.

La influencia cultural de Babilonia en los pueblos circundantes, fue proverbial.

Hasta el punto que hubo momentos en que Asiría y Babilonia (Mesopotamia) poseyeron civilizaciones intercambiables. Así, conquistadores en lo militar, fueron conquistados en lo espiritual. El sistema mágico - religioso de la Acadia llegó, con las tropas asirías, a las orillas del Mediterráneo oriental.

La zona más fértil, en la época de hegemonía babilona, era la entonces llamada Edín, (Edén) situada junto a la confluencia de los grandes ríos Tigris y Eufrates. Cerca de su desembocadura en el golfo Pérsico. No es de extrañar que, para los semitas, habitantes de la reseca Arabia, aquello fuese lo más parecido al Paraíso, que se ofrecía a los justos, en sus escritos sagrados. Por las descripciones de la Biblia y el Corán, la ubicación de los Jardines del Edén, donde corren ríos, debió coincidir con aquella Edín de la Baja Mesopotamia, en las inmediaciones de la actual Basora, puerto petrolífero de Irak, junto al Eúfrates.

Esta zona de Oriente Medio, ejerce una especial fascinación entre los creyentes de las principales religiones actuales. Por ser la cuna de todas ellas, las disputas por su posesión se alargan durante siglos. En la actualidad, a este origen común de conflictos se ha sumado la riqueza petrolera de la zona, bendición y maldición conjunta. El petróleo se convierte en armas. Lo que pudiera ser fuente de riqueza y felicidad, deriva en luchas fratricidas por la posesión de la tierra. La lucha se justifica bajo la capa del enfrentamiento entre creencias.

Lo que nos causa estupor a quienes no conocemos el detalle de los acuerdos, son los motivos que pudo tener el papado para pedir el apoyo de los votantes católicos americanos para el presidente Bush, en su dos elecciones, incluso en contra del candidato católico que se presentó. Sorprende, porque los intereses de los presidentes Bush, padre e hijo, han sido, ostentosamente, los de proteger sus intereses petroleros particulares, como propietarios de grandes compañías. Aún a costa de la muerte de cientos de miles de personas. La justificación oficial fue, demostradamente, un puro montaje de falsedades. Que hayan podido ganarse el apoyo total, prolongado en el tiempo, de un dignatario religioso de tan alto rango, resulta, cuando menos, un misterio.

¿Volvemos a la Edad Media? Cruz y espada en una pieza.

Evas Freudianas

Monday, April 21, 2008

Las anti-Eva freudianas no comen manzanas, sino hamburguesas. Son omnívoras, especialmente carnívoras. Y, en vez de copular amablemente, tras sus charlas con las serpientes parlanchinas que andan por ahí sueltas, se quedan dormidas. Consideran que es más pecaminoso copular que matar. Guardan sus fuerzas para la lucha. No les interesa crear vida. Se ocupan, más bien, de cercenar las alegrías vitales del común de los mortales. Prefieren ver sufrir a la gente. Lo consideran más conducente a la santidad. Las herederas de las Evas de Rubens, ocuparon todo el paraíso, para devorarlo. Ahora deben andar por los infiernos. Creen que el pecado está más en la inacción por embellecer el paraíso, que en hacer todo lo posible para destruirlo. Se proscribe la concupiscencia, como pecado demoníaco y se alaba a las personas que practican, por inercia, la avaricia, la ira, exterminadora de pueblos enteros y la gula devoradora de paraísos.

Resulta obsceno que podamos llegar a contemplar escenas de connivencia entre atilas arrasadores de naciones y dirigentes religiosos de primera fila. En el desarrollo del no-pensar, no-discurrir, no criticar, no-inventar, no-vivir, diseñado como norma base para sus adeptos incondicionales, basan sus enseñanzas y doctrinas. Prefieren que la gente viva, semiinconsciente, constantemente, preparándose para la muerte, bajo su mandato dictatorial. Estamos en el siglo I, sí, pero del segundo milenio. Después de Cristo.

También se equivocaron en el año 1000, cuando anunciaron la llegada inminente del Anticristo, lo que quiera que esto fuese. En otros siglos, Adonai, Adonis, Jehová, Yahvé, Él, Osiris, Tammuz, Orfeo, …también fueron dioses resucitadores todos ellos. El marketing del cielo ha de montarse según cual sea el siglo en que se vende el modelo. Quienes crean en agoreros, llevarán una vida plena de sobresaltos. Algunos parece que no se han dado cuenta. Se saltan los milenios, como si de aire fresco se tratase. Los tiempos de los imperios teocráticos quedaron en el pasado. Al final, permanecen las yuxtaposiciones de dioses poco diferenciados, unidos en una misma idea del dios único y absorbente. Los que se autodenominan sus representantes absolutos, juegan con ventaja. Gobernar a los pueblos desde arriba, verticalmente, dejando caer los decretos divinos como losas, sobre las cabezas de los que tratan como a súbditos, ya no se estila. O no se debería estilar. Cada uno ha de ser responsable de sus actos. Los gobernantes teócratas, que se asocian con exterminadores, también. Al final, comiéndose el paraíso, se destruye la poesía, la belleza, y hasta el amor básico a todo lo amable.

La soñada Eva creadora de nuevas civilizaciones, se ha reconvertido en un ser poderoso, que transforma el amor entre seres humanos, en odio hacia lo diferente. Por ese camino, la autodestrucción está al caer. Todo empezó con el fuego, el gran transformador. Creador de mitos, dioses y espíritus. Y terminará con el fuego. En creencias, no hemos avanzado, desde las cruzadas. Sólo afinamos los métodos de combate, para ser más efectivos en destrucción de multitudes. Durante siglos, siguen cultivándose las mismas rivalidades, como razón de existencia. El sueño de amor universal ha quedado proscrito. Cuando se declaran guerras santas, o son santas en ambos bandos, o, lo más probable, en ninguno. En la lucha, el ensueño se convierte en odio. Y no hay odio santo, eso identificaría el cielo con el infierno y a los ángeles exterminadores en demonios asesinos.

Democracias Postsoviéticas

Thursday, April 17, 2008

Rusia, y las repúblicas que fueran parte del sistema soviético, gozan, todavía, de una democracia embrionaria, que no acaba de abrir sus alas. La democracia jerarquizada, no alcanza al pueblo. Las libertades reales quedan confinadas en las altas esferas, que son quienes elaboran las reglas. La cabeza del estado sigue dictando qué libertades quiere otorgar y a quién. No hay un derecho a la libertad, generalizado, y aceptado, por todos. Perduran demasiados miedos a quienes ostentan el poder. Además de los muchos años que subsistió la dictadura comunista, casi todo el siglo veinte, la iglesia ortodoxa no perdió su poder en el imperio. No dejaron desaparecer sus raíces. Protegiendo su existencia condicionada. Los gobernantes ateos del partido comunista pudieron afianzar, aún más, su poder. No permitiendo la extinción de las organizaciones religiosas del pueblo ruso. Al tenerlas controladas, controlaban a sus creyentes. Los zares, como todas las grandes monarquías, se mantuvieron en el poder, durante siglos, arropados por las jerarquías religiosas. Si, al temor político, se le añade el temor religioso, el miedo a lo desconocido, el más primitivo, asentado firmemente en el ser humano, quien organice ambos, organiza la sociedad. Con dios, o sin dios, se construye un ideal, que ha de cumplirse. A esto se ha añadido, en la actualidad, el control de la economía, a través de grandes compañías, que organizan la distribución de toda la energía: petróleo, gas o electricidad. Putin, que siempre trabajó en la policía política soviética, ahora ya multimillonario, se interesa más por controlar la economía del país.

Quien se para en dogmas, no avanza. Los dogmas son un muro insalvable, puesto en el camino de las ideas. Y a Rusia le ha llegado el momento de entrar en el mundo del pensamiento libre. Los dogmáticos son los peores enemigos de la verdad. Están condicionados por los límites de su pensamiento. La ignorancia es la creadora de todos los mitos. Quien no averigua sus orígenes, los tendrá siempre ocultos. En las sociedades dogmáticas jerarquizadas, los derechos humanos pasan a un segundo plano. La prioridad la ostenta el jefe, después, la doctrina, y, por último, los derechos de otros humanos. Que parecen estar ahí sólo para ser utilizados en beneficio propio. Quien vive de la historia, tiende a olvidar el presente. Lo dogmático es un quiste de creencias endurecidas. Con ellas se da cuerpo y consistencia a la era irracional de la Humanidad. Con lo que, el camino que conduce al freno del pensamiento libre, queda abierto. Con ello, se consigue la negación del mayor progreso evolutivo del ser humano: la razón. Actualmente, en Rusia, tiene lugar un nuevo amanecer de todo tipo de creencias, autóctonas e importadas. El pueblo parece que tiene sed de ilusiones. Pero, si vuelven al mundo de los dogmas, significará la paralización del pensamiento lógico. Y eso es lo que parecen estar impulsando, nuevamente, algunos dirigentes de los creyentes: la hipnosis colectiva.

Los jefes jerárquicos de grupos de creencias, que inciten a sus adeptos a combatir, contra quienes no sean totalmente fieles a su propio credo, piensan poco en el bienestar de sus seguidores. No son amantes del género humano, sino sus flageladores. P=ara ellos, es vital que demuestren, aún a costa de sus propias vidas, fidelidad. Las muertes y destrucciones les parecen accesorias. Simples daños colaterales. Sirven de ejemplo a quienes se opongan a sus designios, pero no los consideran lamentables. Simplemente, accidentes menores, que no alteran el ritmo, ni el sentido de sus órdenes. Obstáculos en el camino de su mayor gloria. Cuando llegó la oscura Edad Media cristiana a Europa, comenzó la paralización del desarrollo del pensamiento lógico griego. Y eso es lo que parece estarse impulsando, nuevamente, por parte de algunos dirigentes de los creyentes.

La soberbia y la codicia son hermanas de la ira. Y esas son las tres pasiones dominantes entre dirigentes. Con ellas se destruye el mundo y desaparecen civilizaciones. No puede haber una alianza entre creyentes dogmáticos diversos, porque cada creencia dogmática cree tener la exclusividad de la verdad definitiva. Aunque la verdad personal sea la que cada persona alberga en su alma.

El pecado de soberbia: el de “seréis como dioses” del Génesis, es el más cercano al orgullo, el de sentirse mejor y con más derechos que los demás. Pero, ¿de qué otro pecado pueden estar más cerca los dirigentes de todas las creencias, al considerarse a sí mismos más próximos a la divinidad que el resto de los humanos? La historia y teoría religiosas están llenas de contradicciones.

El ínclito Pío IX, a finales del siglo XIX, fijó para siempre la preeminencia de la fe sobre la ciencia, así como la infalibilidad de los papas y el imperio del poder papal sobre el de los gobernantes laicos. Esa fue la gran labor de su vida, fijar su autoridad universal. Todo sea por evitar la soberbia… de los científicos.

Quienes se esconden tras la religión, para justificar sus ambiciones, no pueden ser hombres de Dios. Cualquier hombre religioso que manda matar, para imponer sus leyes, no puede estar en la senda recta del Dios que dice representar. Dios, en todo caso, para los creyentes, es el Padre de toda la Humanidad. Ante fanáticos que sostengan la rectitud de sus principios divisorios, a costa de la extinción del diferente, no se puede razonar. Ellos excluyen a todo el que no es su igual, en pensamiento y obra. ¡Suprema soberbia¡

La bondad es, siempre, fruto del amor, no del temor o el odio. La bondad existe en el ser humano, con independencia de las creencias. De todas. Si nos abstuviéramos de reclamar exclusividades divinas, ayudaríamos a construir un mundo mejor y más tolerante. Sería el mayor regalo que los hombres de buena voluntad podrían hacer a la Humanidad. Los dioses deberían existir para hacer felices a los Hombres. No son los hombres quienes hayan de procurar felicidad a los dioses. ¡Ellos son todopoderosos!
La tendencia más generalizada, actualmente, en las religiones monoteístas, es la de identificar la magia con engañosdel diablo, presuponiendo la íntima relación entre magos y demonios, como colaboradores. Esto obedece, indudablemente, a la creencia fomentada de que todo bien sólo puede provenir de Dios. Se olvida que, una gran parte de la magia, es bienintencionada, aun cuando subyazca en ella el pecado de soberbia. Pero, ¿de qué otro pecado pueden estar más cerca los ministros de todas las creencias, al considerarse, a sí mismos, más próximos a la divinidad que el resto de los humanos? La historia religiosa está llena de contradicciones.

En los tiempos más pujantes del cristianismo europeo, hasta el siglo XVII, las universidades de la Europa cristiana, regidas mayoritariamente por monjes y hombres de fe, enseñaban Astrología, con beneplácito eclesial. Otra cosa hubiese sido impensable. Los pudientes iban cargados de abalorios bendecidos, como salvaguarda contra los numerosos diablos que pudieran tratar de introducirse en ellos. En fin, los confesores personales estaban siempre dispuestos a dotar a sus confesados de suficientes repelentes contra el Mal, que los acechaba. Magia y religión se complementaban. ¿Son las bendiciones un derivado de la magia religiosa? Pues nadie que no fuese clérigo podía luchar contra los demonios. Intentarlo desde fuera, podía acarrear la muerte en la hoguera. ¿Tenía esto algo que ver con la codicia, la soberbia, o la ira?

Entre los amuletos más preciados de la antigüedad, estuvieron siempre las piedras preciosas. Indagando hasta la prehistoria, encontramos que, ininterrumpidamente, fueron ambicionadas. Se les atribuían propiedades tanto mágicas y religiosas como medicinales. Lo que hizo de su posesión un anhelo, pues, supuestamente, representaban un bello escudo contra infinidad de males. No bastaba su belleza, habían de tener virtudes añadidas, tales como conexiones con los dioses y fuerzas de la Naturaleza. Eso las hacía más valiosas. Consecuentemente, entre las primeras materias con las que se comerció, encontramos toda clase de gemas. Los hallazgos de lapislázuli, procedente de Asia Menor, en yacimientos arqueológicos prehistóricos del norte de África y sur de Europa, a miles de kilómetros de su origen, lo atestiguan. Dados los primitivos medios de transporte existentes en la época, y los peligros del camino, eso significaba meses, o años, de recorrido. Es de suponer que tales esfuerzos fueran realizados, para apropiarse de los grandes poderes mágicos que su posesión confería. El lapislázuli, en el Cristianismo, se relacionaba con la Virgen María. Con anterioridad, los griegos conectaron esta piedra con Venus, y los egipcios con Isis, la gran maga. Fue muy apreciado desde la más remota antigüedad. Era la piedra de las mujeres, por excelencia. Se han encontrado adornos de lapislázuli, seguramente amuletos, en cuevas de la Edad de Piedra. También, en tan arcaicas épocas prehistóricas, usaron ya el polvo de lapislázuli, mezclado con grasa, para destacar el contorno de los ojos.

Entre árabes, los ojos de color azul representan el mal, o a personas de las que no puede uno fiarse. Ilustrativa es la referencia coránica al Día de la Resurrección, cuando se distinguirá a los culpables por sus ojos azules. Aunque, ‘quien haya hecho obras de misericordia y sea creyente, no temerá la injusticia.’ Aquí, como en la Biblia, se unen la fe y las buenas obras. Ambas han de ir unidas, para ser válidas ante Dios. Aunque se dé más valor a la fe que a las obras.

La cultura musulmana, tan enemiga de toda representación figurativa, ha conservado, sin embargo, dos amuletos principales, la mano de Fátima y el “ojo bueno”. Protectores poderosísimos, según la tradición. Resulta curioso poder constatar que, en numerosas ocasiones, la figura del “ojo bueno” lleva, como iris, un esmalte o piedra azul, preferentemente turquesa o lapislázuli, con un punto dorado en el centro. Su antiguo origen como “ojo del divino halcón solar”, ha quedado sepultado en el olvido.

El llamado “mal de ojo”, maldición que se suponía transmitida por la mirada de una persona mal intencionada, tiene numerosas referencias históricas, perviviendo su creencia hasta la actualidad. En África y Asia, no es difícil encontrar personas que porten alguna piedra azul, generalmente lapislázuli, turquesa u otra semejante, de pasta vítrea, colgada del cuello. En ella se pretende ver la representación del %u2018ojo bueno’, el Ojo de Dios, con origen en el “Ojo de Horus” egipcio, que libra, a quien lo lleve, del efecto del “ojo malo”, “el ojo del malvado”, o mal de ojo. Los egipcios, ya desde tiempos de las antiguas dinastías, mantuvieron colonias comerciales en Fenicia, donde cambiaban las turquesas del Sinaí, apropiadas para los cultos de Astarté, por maderas del Líbano, para sus templos y palacios.

La Cruz de Caravaca, custodiada por serafines, rechaza las intenciones adversas de nuestros enemigos. Olvidando, convenientemente, que el significado primitivo de la palabra “seraf”, con el sufijo -im, que implica un plural, era el nombre de la “serpiente alada”, adorada por los ofitas, habitantes del desierto del Sinaí; y no ningún ángel.