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Creencias construidas

Tuesday, December 25, 2018

Hay muchas organizaciones internacionales que, viven y justifican su existencia, mediante la explotación de los buenos sentimientos del individuo. Tales como la solidaridad, la amistad, la hermandad, la paternidad, la caridad, la compasión. Todo se hace, vinculándolo, como si de propiedad particular se tratase, a la organización religiosa, idealista, o política de que se trate. Haciendo ver a sus asociados que los buenos sentimientos no podrían subsistir más allá de los límites ideológicos propios. En estos casos, es primordial comprender que, si no se puede dar aquello de lo que se carece, para dar amor, comprensión, compasión, primero el individuo ha de amarse, comprenderse y compadecerse de sí. Después, cuando estos sentimientos hayan crecido, cultivándose en nuestro interior, a través de la meditación, podrán ser repartidos a manos llenas. La racionalización del amor, la caridad o la compasión, administrándolos a través de una cuota, pagada en cuenta bancaria, no es el camino más adecuado para sentirse cercano al doliente.

Para encontrar el camino hacia la mejoría personal, no tenemos que ir lejos. Lo encontraremos, buscando, en nuestra mente, la parte de Universo que contenemos. Para expandirnos después, hasta fundirnos con el Todo. La diferencia entre compasión y caridad, es evidente. Mientras que, para ejercer la caridad se pide la negación de uno mismo, a fin de poder dedicarse con sacrificio a los demás, la compasión no pide negación alguna, sólo comprensión del dolor ajeno, y entrega por amor, por expansión del amor que rebosamos. Lo que no implica sacrificio, ni abnegación, sino afirmación. Al darse con placer y por placer. Quien sacrifica algo, espera un premio a su ofrenda. Quien hace algo por amor, no espera nada a cambio, se satisface en sí mismo. El amor es vida, el sacrificio muerte. Oír siempre la voz del corazón, la voz interior, nos indicará el camino correcto. Los placeres pueden venir de fuera, la felicidad siempre surge de dentro. Toda existencia humana, tiene su fundamento en la mente. Y, según el hombre vaya construyendo su intelecto, así será su vida. En definitiva, el pensamiento forma a la persona. Los pensamientos positivos, creativos, profundizadores, crearán una mentalidad expansiva, activa. Si nos ocupamos en pensamientos de odio, destructivos, ellos mismos nos anularán. La principal regla para sentirnos satisfechos es, hacer bien aquello con lo que nos sentimos identificados y no esforzarnos en cumplir reglas impuestas, artificialmente.

Somos un producto de nuestro cerebro. Si rechazamos la violencia, esto incluye los pensamientos violentos, que generan odios. Hemos de estimular la compasión, la amabilidad, el afecto, la amistad, la buena voluntad, para llenar el mundo con sus radiaciones. Para enderezar una rama, no hace falta partirla.

La mayor riqueza, es el vivir contento. La verdadera moralidad, ha de estar regida por la falta de egoísmo, la compasión y la ecuanimidad. El deseo de proporcionar felicidad a los demás, es un acto de expansión, ha de partir de la alegría propia. Hacer el bien, no es nada triste ni doloroso. Es una autosatisfacción. La disposición mental, implica el propósito de entrenamiento continuo de la mente, para llegar al conocimiento profundo del ser humano; ordenadamente, constructivamente.

Para liberarse, cada cual ha de andar su propio camino. Nadie puede hacerlo por otro. El camino que otros recorren, les adelanta el viaje a ellos, no acortan el tuyo. Todo ser humano tiene un punto de luz, que ha de encontrar. Pero sin limitaciones, ni sacrificios. Sacrificar, es destruir. Amar es construir.