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Consecuencias Isaac Marín

Tuesday, December 25, 2018

Si algo debemos tener en cuenta, respecto a la potencia de nuestro cerebro, es que nuestros pensamientos influyen en nuestros actos. No podemos pensar, sin esperar consecuencias del pensamiento. Todo nos va formando: Ambiente, amigos, lecturas, pensamientos, y, por supuesto, obras. Al final, somos un compendio de todas las influencias que hayamos tenido. Incluso de nosotros mismos. Podemos desviar nuestra línea de pensamiento, si nos esforzamos en ello. Las consecuencias pueden ser que, al final, nuestra obra sea distinta a lo esperado de nosotros. Somos lo que pensamos, un producto de nuestro cerebro. Cada pensamiento genera su consecuencia. A partir de la aportación de conocimientos y sentimientos que le aportemos. Como formemos nuestro cerebro, él nos formará a nosotros.

La mente del Hombre, funciona como una esponja. Absorbiendo imágenes, ideas, conocimientos, de cuanto se pone a su alcance.

El primitivo, acosado por las necesidades y condiciones extremas de su vida diaria, no debió tener mucho tiempo libre para filosofar. Su problema cotidiano a resolver era, cómo llegar vivo al día siguiente. Lo patente es que, las condiciones de vida de cada pueblo, determinaron también la naturaleza de sus creencias y dioses.

En las sociedades primitivas, se consideraba, y aún se considera, que, quien está enfermo, es porque ha pecado, siendo, en consecuencia, un ser impuro, a quien sólo el agua o el fuego podían purificar. La realidad es que se peca más de pensamiento que de obra, porque el origen de las obras está en el pensamiento. Quien se permite pensar mal, acaba obrando mal. Considerando malo aquello que perjudique a otros, tanto como a uno mismo. El mundo no se acaba por eso. Simplemente, se complica.

Los Esenios, comunidad con la que se vinculaba a san Juan Bautista, fueron adventistas. Formaron la primera comunidad bíblica conocida que, desde su fundación, en el siglo tercero antes de Cristo, esperaba el Fin del Mundo, como un acontecimiento cercano. Así que, el Adventismo apocalíptico, no es cosa de nuestros días. Esta secta judía desapareció, organizativamente, a finales del siglo primero, tras la última destrucción del Templo de Jerusalén. Y el mundo sigue intacto. Claro que sus ideas han tenido consecuencias. La continuidad de las mismas está asegurada, porque sirven de instrumento de dominación. Instilar miedos en el alma de los pacatos, es labor primordial de los dominadores. Aquellos que quieren mandar sobre otros, poseyendo sus voluntades. Si no queremos ser esclavos de mentes ajenas, seamos nuestros dueños. Nuestra mente y creencias, las creamos nosotros.

Dentro del estilo literario babilonio, se puede decir que lo más característico son los escritos premonitorios o proféticos, en los que se achaca al pueblo la culpa por las desgracias acaecidas, a consecuencia de su impiedad y poco celo en cumplir las órdenes del rey y los dioses. Algunos de estos relatos pudieron servir de modelo a los escritores apocalípticos de la tradición hebrea. Es de notar que, ya en tiempos de Cristo, existían varias corrientes heterodoxas de interpretación bíblica, frente a la oficial ortodoxa rabínica, que prevaleció. Así que, nada nuevo bajo el sol.