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Consecuencias Imprevistas

Saturday, May 22, 2010

Donde se mezclan, cada vez más, intereses ideológicos o religiosos, con territorios y economía, las consecuencias son previsibles. No hay acción pequeña, si la intención es grande. Nada se puede juzgar aisladamente, sino embutido en sus propios antecedentes y consecuentes. La acción, en sí, tiene tanta importancia como pueda tenerla la oportunidad y propiedad de lo actuado. Cielo y tierra, unidos bajo un mando, terminan, siempre, en cataclismo sideral.

Los ideales sin poder, desaparecen. La conquista de almas, conlleva la conquista de sus almarios. Los mandatarios egoístas, que pretenden dominarlo todo, son el color negro de la Humanidad. Absorben toda la luz, sin emitir alguna. Quienes se sienten exclusivos “hijos de Dios”, especiales en todo su ser, dejan para el resto de los humanos el calificativo de “hijos de los hombres”: el pueblo. Plebeyos desposeídos. Viendo el comportamiento irracional de algunos ideólogos y políticos destacados, sabemos que, si no expresamos libremente nuestras opiniones y actuamos en consecuencia, ellos nos pueden arrastrar, a todos, a una recesión de la sociedad humana. Como ya hicieran sus antecesores, en numerosas ocasiones. No se puede alejar el mal, produciendo más daños de los que evitamos. La prohibición de razonar es el mayor mal que se le puede causar a la Humanidad.

En las encuestas, las personas más partidarias de la continuación de las guerras ideológicas actuales, son aquellas de educación más conservadora y afectas a distintos movimientos religiosos. Parecería extraordinario, si no se pudiese aventurar que, el signo religioso de los adversarios, es suficiente causa para decidir su clasificación como enemigos.

Muchos hombres de fe piden respeto a sus creencias, aún cuando ellos tiendan a declararse enemigos de quienes no sigan sus propios mandamientos. Cruz, Media Luna y Estrella de David, tienen unos orígenes tan comunes y concurrentes, que, para diferenciarse, se excluyen. La misma cercanía de sus creencias les sirve de repelente, Con ello, los enfrentamientos son inevitables y perdurables. Las religiones organizadas, parece como si prefirieran cultivar cosechas de mártires, antes que permitir la apostasía de sus fieles. Pero, el contagio, por cercanía, es inevitable.

El trigo y la vid, en su forma de pan y vino, ya fueron usados en ceremonias religiosas de la antigüedad, antes de la era cristiana. En la ciudad griega de Eleusis, durante los cultos llamados ‘misterios’, se tomaban el pan y el vino, como identificación con Dionisios, Adonis, Demeter o Isis, según las advocaciones, ya que el origen de la ceremonia tuvo lugar en territorio egipcio. Aún guardando el mismo ritual, cambiaba el nombre del dios homenajeado. En tales fastos, la veneración al trigo y al vino, llegaba hasta el punto de considerar que personificaban a los dioses. Es decir, la ingestión de tales alimentos consagrados, equivalía a la incorporación del dios al creyente, asegurándole la resurrección. Nada nuevo bajo el sol. Los modelos ceremoniales son casi calcados unos de otros. Quienes tachan de curiosidad el deseo de saber, pretenden extender su neblina de ignorancia consciente, como fuente de toda verdad.