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Ganas de Saber

Friday, May 21, 2010

Regalemos conocimientos y ganas de saber. Es lo mejor que podemos hacer por nuestros semejantes. Quien se vale de misterios, intrigas, secretos,…, para destacar, está haciendo trampas. No es de fiar. Los misterios herméticos no acaban por ocultar más que su vacuidad.

Los griegos, con el empleo de la lógica, fueron los primeros en sacar del mundo de los misterios, y del dominio de los seres divinos, muchos fenómenos naturales. Ellos buscaban la verdad, para compartirla. No para apropiársela. Con la difusión de las teorías bíblicas, el enfoque cambió: se hizo más importante estar en posesión del misterio, que de la verdad.

Con imaginación, empleando la lógica y procurando ampliar nuestros conocimientos, podemos transformarlo todo. Las ciencias, cualesquiera que sean, son las mejores colaboradoras del progreso, del cambio, del desarrollo cerebral, del conocimiento, del saber. Quizá por eso encontramos a sus mayores detractores entre los maestros del dogma. Son quienes se niegan a cambiar dogmas por conocimientos.

Toda verdad es parcial. El conocimiento de hoy, siempre será menor que el de mañana. La actual casi imposibilidad de llegar a demostrar una teoría sólida sobre el principio de los tiempos, que sea admitida con naturalidad, la han aprovechado los predicadores dogmáticos, para insistir en los insondables misterios de la divinidad. Posiblemente, podríamos orientarnos mejor, pensando que no es que Dios nos creara a su imagen y semejanza, sino que, los humanos hemos creado dioses a nuestra imagen y semejanza. Para engrandecernos. Ese sería el misterio de la esencia divina, tal como la concebimos, en general, derivada de la imaginación humana. La verdad científica no nos viene revelada, como un baño de luz celeste, que nos inunda desde el cielo. Hay que descubrirla, capa a capa, poco a poco, día a día, año tras año. Es el resultado del trabajo de generaciones de investigadores. Cada uno avanza un paso, grande o pequeño, pero imprescindible, en el camino del saber. Almacenar saber es la menos inútil de las acumulaciones.

Tras el Renacimiento, cuando se empezó a dejar atrás la total oscuridad científica a la que nos condujo la Edad Media, recomenzó el interés por las ciencias puras. Esta vuelta atrás, ayudó a reencontrar el camino del progreso científico, que se había perdido, en los mejores tiempos de la Gran Grecia, entre el cúmulo de supersticiones, creencias, y una mezcla de teorías, entresacadas de rancios tratados teologales, que se entretejieron con todo. La filosofía es la búsqueda de la verdad. La superstición, el camino de la confusión.

Cuanto más llena de misterios, más atractiva resulta una doctrina. Más cerca de lo sobrenatural parece estar. Aunque esa no sea condición indispensable para colocarse más cerca de la verdad. Quien basa su comunicación en el misterio, es que no ha entendido nada de lo que pretende explicar, ni le importa que tú lo comprendas. Su actitud está basada en la validez de la ignorancia, para explotarla. Él mismo no pretende saber, sino asombrarse de lo que desconoce. Sensación que intenta traspasarte.