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Pensar, razonando

Friday, May 21, 2010

Pensar, dudar, reflexionar, conocer, deducir, experimentar, son verbos conjugados por los científicos. Creer y obedecer son los verbos fundamentales, casi únicos, de toda doctrina dogmática. Conjugados en tiempo imperativo. Con ello, la práctica religiosa se ha convertido en el triunfo del no pensar.

Cuando se consolida el Zoroastrismo, en el siglo séptimo antes de Cristo, se experimenta un cambio radical en la mitología del Oriente Medio. Comenzaron negando legitimidad a todos los dioses antiguos de la zona, para poder defender la idea del Dios único, sabio y creador.

Cuando aparecen las numerosas iglesias cristianas, se puede decir que, la época de su formación, o separación de la corriente principal, marca también su propia organización básica y posterior desarrollo. Los cristianos orientales, como nestorianos, asirios, bizantinos, y coptos, tienen un cuerpo doctrinal coincidente, hasta su separación, con el de los cristianos europeos, como católicos romanos, anglicanos, ortodoxos, calvinistas o protestantes varios. Luego, se van diferenciando con el tiempo, tanto en su organización eclesial como principios doctrinales. Marcados éstos más bien por sutilezas y matices añadidos. En el fondo, una cuestión de soberbia, revestida de convencimiento en la propia razón. En cuestiones de fe, el empecinamiento suele ser la regla; creyendo auténtica la propia mayor cercanía a la divinidad, que movió a sus inspiradores. Como si se pudiera estar más lejos o cerca de un Dios que lo es todo. Si lo es todo, podríamos decir que no estamos ni lejos ni cerca, estaríamos en él, como parte del todo.

Un caso documentado de cómo el Hombre se puede sentir legitimado para modificar lo que cree leyes divinas, intocables por tanto, es el de los Diez Mandamientos. Los que, según la Biblia, fueron dictados directamente por Dios a Moisés en el Sinaí, por partida doble. El primer mandamiento, ordenaba el descanso los sábados, día en que la Creación ya había sido terminada. La escuela cristiana transformó el sábado en domingo. Fundamentándose doctrinalmente el cambio en la suposición de haber sido en domingo cuando Jesucristo resucitó. Se omite aclarar que, al asentarse en Roma, la cabeza de la Iglesia, lo único que se hizo fue seguir la tradición imperial romana, de celebrar en domingo el día del Sol, día de la resurrección de Apolo. No se podía ir directamente contra las costumbres del Imperio. Se adoptaron y adaptaron. Cambiando el nombre del resucitado. Al principio, los cristianos de los primeros tiempos, siguieron celebrando el día santo en sábado, como los judíos. Esta costumbre se fue abandonando, pasando a ser los sábados día especialmente dedicado a la Virgen María, en los países católicos.

El domingo era ya festejado como día de la luz, o día del Sol, en el Mitraísmo, Zoroastrismo y Parsismo, desde el segundo milenio antes de Cristo. Esto ha quedado bien patente en el nombre mismo dado al domingo en varios idiomas indoeuropeos, Sunday, Sonntag, cuya traducción literal es ‘día del Sol’. Resto lingüístico de las religiones astrales que, una vez, iluminaron el mundo. Era natural que el Sol, Astro Rey, ocupase un lugar preeminente entre los dioses.