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Sentido Trágico de la Vida

Tuesday, May 11, 2010

Cuando los credos ocupan la mente, no queda espacio para la lógica. El Bien y el Mal no son valores absolutos, ni pertenecen a nadie. Un buen día para el cazador lo es de tragedia para los cazados. El significado de las palabras varía según qué labios las pronuncien. El pensamiento forma a la persona, somos un producto de nuestro cerebro.

Faltan científicos razonadores en los puestos de mando y sobran hombres de fe. De fe en sus propias razones. Acompasar los credos excluyentes de distintas religiones se hace difícil. Sencillamente, porque las religiones dogmáticas no son democráticas. Tienen como fin la expansión de su propio credo. Y ninguno más. La paz siempre es razonada. Nuestros cielos e infiernos los llevamos dentro, auto-fabricados. El que los predicadores de guerras ideológicas se consideren portadores de la paz, resulta sorprendente. La hipocresía parece estar cercana. Oculta una lucha constante por el poder. Ellos son el alma de todas las guerras.

Hay quien predica el fin del mundo todas las mañanas. Eso les impide ser felices, o hacer feliz a nadie. Solo ven tinieblas y catástrofes en su cerebro. Y las reflejan en su vida. Alguien así sólo puede protagonizar y producir desgracias.

Los dioses todopoderosos, no aparecieron entre los humanos, hasta que fue concebido y organizado el poder absoluto, único, concentrado en un solo ser. A Moisés le sirvió de aprendizaje su crianza y escolarización en la corte faraónica de Egipto, cuando ya se había impuesto la supremacía del dios Aton, resultado sintético de concentrar los poderes de todos los dioses egipcios en uno. De aquí se derivó, consecuentemente, la monarquía absoluta de los faraones, con poderes divinos. Los pequeños dioses absorbidos, fueron degradados, reconvertidos en espíritus cortesanos. El paso de Moisés fue, simplemente, lógico, práctico, oportuno. Con pocas adaptaciones, tuvo a Jehová preparado para su presentación en sociedad. El tiempo ha demostrado que acertó. La ambición es una pasión sin límites. Lastimosamente, el nacimiento de nuevas civilizaciones siempre es sangriento. No hay creación sin destrucción. Cuando los cerebros desean un cambio, su infección es imparable.

La guerra está en las creencias. Quien trata de imponer las suyas, como las únicas verdaderas, no puede ser pacífico. Los fanáticos son guerreros, tanto como los guerreros son fanáticos. Quienes niegan derechos a los demás, es porque prefieren reservarlos todos para sí mismos. Pero, quien no concede derechos, pierde todos los suyos. Los fanáticos siempre están dispuestos a matar y dejarse matar por sus creencias. Son su razón para vivir. El sentido trágico de la vida, que adquieren quienes solo aciertan a ver una cara de la verdad, los convierte en fanáticos. Sobre todo, cuando prescinden de querer ver más facetas de la misma. La realidad es que, normalmente, conocemos una parte de la verdad total, pero, casi nunca, toda la verdad. Somos limitados. La verdad total es siempre mayor que nuestra capacidad de conocimiento. Porque estamos, eternamente, en el camino, mientras se gestan más verdades, que aún no nacieron