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Ciencia y Libertad

Saturday, December 26, 2009

La luz del saber ilumina las mentes. La razón, la ciencia, se impone sobre el atavismo. El hombre se completa, como ser humano, cuando sus pasos están guiados por la razón. El fuerte también ha de serlo en sus razones. Razonar más, cuanto más fuertes seamos. Para que no quepa duda de la fuerza de la razón.

Los líderes carismáticos, creyéndose imprescindibles, con tendencias dictatoriales, vampirizan a sus pueblos, para satisfacer, aún más, su hambre de mando. Ellos sobran. Los que quieren seguir siendo cabeza, a costa de lo que sea. Las creencias, la fe, no se asientan en razones, sino en sentimientos. Y no todos sentimos de igual forma. La razón acompaña con más frecuencia al débil, aunque nadie se la conceda.

En un mundo donde el pacifismo progresa, parece fuera de tiempo la institucionalización de la muerte violenta, como justificable a los ojos de Dios. Es increíble que, en pleno siglo veintiuno, siga instituida la pena de muerte en numerosos países, tenidos por cristianos. En las ejecuciones suele estar, para acompañar al ejecutado, a “bien morir” un sacerdote. Me parece un acto de suprema hipocresía. En este aspecto, como en muchos otros, Norteamérica no es un ejemplo moral para el resto de las naciones democráticas. Todos los imperios, a lo largo de la historia, adujeron razones morales, religiosas, justicieras, para excusar las conquistas que su hegemonía les proporcionaba. Los tiempos parecen no han cambiado, oímos ecos de aquellos mensajes.

La extrapolación de valores religiosos a la política, da nacimiento a credos nacionalistas. Basados en creencias cultivadas, por encargo. Con frecuente ayuda de las organizaciones de fe asentadas. Aún cuando haya ausencia de razones aquilatadas. Hace falta fe, para ser nacionalista. Porque las ciencias contradicen sus postulados.

Genéticamente, no existe ningún pueblo uniforme, sin mezcla. La Humanidad es una. Las claves genéticas de los seres vivos, evidencian que cada especie animal no es más que la expresión diferenciada de un mismo lenguaje celular. Somos todos parientes, más o menos cercanos, de todo lo viviente. Animales y plantas incluidos.

Clamar por la pureza de la raza de un pueblo, evidencia ignorancia u oscurantismo. Si lo que se pretende es transmitir la ignorancia. Puede haber unos pueblos más cercanos a otros, genéticamente, por la proximidad en el tiempo de su ramificación del tronco único, pero siempre encontraremos los puntos de unión. No hubo una Creación, exclusiva y separada, para cada pueblo singular. Como pretenden asegurarnos los textos fundacionales de alguna fe nacionalista, o nacionalizada.

La evolución es admisible, y la revelación fulgurante también, lo que resulta algo sospechoso es que, generalmente, sean políticos quienes reciban las inspiraciones desde lo alto. ¿Qué era Moisés, sino un líder? En este revoltijo de ideas mutantes, en que se han convertido los idearios, los únicos que juegan con ventaja son aquellos que se presentan como los más importantes del mundo. Los egocéntricos irremediables lo tienen claro: los protagonistas son ellos, los demás, comparsas.