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Libertad Creativa

Tuesday, December 22, 2009

En general, no somos contrarios a la innovación, siempre que se respete también lo respetable. El mayor bien del hombre es su libertad. Aún cuando la libertad sea una utopía. Pues siempre tiene límites. Los que te fijas, o los que te fijan. Los naturales de la propia capacidad para ejercerla y los morales del respeto debido a otros.

Nadie debería ser libre para causar daño a otros, pero sí para proporcionar felicidad, satisfacción o placer, a quienes deseen compartirlo libremente. Sin causar, ni causarse, daño. El progreso viene sólo en libertad, a través de la razón. No podemos considerar enemigos a quienes no piensan igual que nosotros. Paz, armonía y libertad son como hermanas siamesas, no hay una sin las otras.

El ser humano, sin libertad no es nada. No habríamos salido de la Edad de Piedra. Seríamos simples autómatas, predestinados a repetir las órdenes que recibiéramos. La creación es el gran privilegio del hombre libre. Se sale fuera de los caminos hollados, para empezar a ser humano, de verdad, innovador, creador de sí mismo, libre de sobrevolar el terreno que otros sólo pisan.

La soberbia y la avaricia van, casi siempre, juntas, lo que parece una contradicción. Quien quiere tener mucho, está más orgulloso de lo que tiene, que de lo que es. Gran hombre es, quien ha logrado superar su propia pequeñez. Quien se desborda, hasta inundar el mundo. No es más grande quien más tiene, sino quien más da.

Igual que el individuo ha de sentirse libre, para no convertirse en un rebelde inútil, los pueblos han de participar de ese mismo sentimiento. Ahora nos consideramos libres, aunque no lo seamos en el sentido estricto. La libertad no es un hecho objetivo, sino un sentimiento. Sin esa sensación interna de poder realizar los propios proyectos, no existiría la civilización actual. La creatividad es hija de la libertad. A la que sólo pueden poner fronteras las creencias que nos limitan. Aunque no podamos cambiar el ‘ser’ de las cosas, sí podemos hacerlo con su ‘estar’. Es decir, la esencia puede permanecer, mientras las circunstancias cambian.

Sería funesto permitir que organizaciones financieras, dirigidas por muy pocos hombres, jueguen con el futuro de la Humanidad, desde la impunidad. Con óptica liberal, estaría mal visto actuar contra estas personas. Pero no son meros comerciantes. La libertad de actuación de los grandes capitales de origen dudoso, ha de tener límites legales. Bien definidos. Donde no quepa el premio a la mala fe y al engaño.

Actualmente, las grandes organizaciones de traficantes, indistintamente de armas, drogas y capitales, no son meras asociaciones de hampones. Existen algunos estados que, amparados en la tradición del consumo de ciertas drogas en sus países, y en la inviolabilidad de sus fronteras, no se paran en sus límites. Los traspasan. Esto debería ser considerado tanto como un ataque a la integridad de otros países. Actúan como destructores de civilizaciones. Esclavizando la voluntad de millones de consumidores.