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Lo Humano

Sunday, December 20, 2009

Lo Humano es un elemento único, con diversas apariencias. Sabemos, científicamente probado, que todos los humanos salimos del África más profunda, de un origen común. Sin embargo, si intentamos unificar criterios, encontraremos que seguimos siendo racistas extremos. No queremos ver la unicidad de la raza humana, desde su origen, sino que la contemplamos desde la diversidad de su desarrollo.

De todos los seres vivos, sabemos que no fueron, desde el principio, tal como son en la actualidad. Su estado y forma presente, sus cualidades y defectos, son consecuencia de la adaptación al medio, a través de infinitas generaciones, tras millones de años de transformación constante. Sin estas transformaciones paulatinas, no existirían actualmente. La misma raza humana se habría extinguido, como lo hicieron sus antecesores. Si esto es así, que nada vivo es estable, nada es estático, todo cambia, nada nos impide ayudar a la evolución, como se hace ya, conscientemente, para eliminar defectos genéticos heredados, en algunas familias. Se supone que la eugenesia será, cada vez más, una ciencia aceptada entre humanos, como ya lo es para la mejora de razas animales. Aún sin pretenderlo, deliberadamente, modificamos nuestras condiciones naturales, usando vacunas, medicamentos, cirugía, que producen cambios indelebles en nuestra naturaleza. También la selección de alimentos, ejercicios, estudios, etc. Todo es determinante para el cambio y mejoramiento de nuestras condiciones vitales. Sin que opciones políticas, o religiosas, tengan la posibilidad de apropiarse los resultados en beneficio propio, o detrimento de otros. El mérito es de la ciencia y los científicos, Que, haciendo uso de su libertad para investigar, divulgando los conocimientos adquiridos y usando racionalmente los avances logrados, se convierten en la vanguardia de la sociedad moderna. Sin ciencia no hay progreso, sino estancamiento. Permaneceríamos, irremediablemente, en el primitivo mundo de las creencias atávicas.

Hay quien no puede admitir que las verdades intelectuales pueden ser circunstanciales, relativas, según el medio en que se las considere. Los conceptos intelectuales son, siempre, poliédricos, multifacéticos. Mientras más los estudiemos, más caras pueden presentar. Cuando consideramos las distintas corrientes de creencias que pueden derivarse de un hecho único, como es el nacimiento de un fundador religioso, vemos que, una cosa es el hecho en sí, y otra, muy distinta, su interpretación humana.

Lo que es válido en la totalidad, no lo es en el detalle. Y, mientras más se considere el detalle de cualquier hecho, más lugar habrá de encontrar distintas verdades en toda circunstancia única. Porque, al final, lo considerado no es el hecho único, sino la forma en que lo interprete cada uno de los observadores. Y el retrato será siempre distinto, según quien lo narre. No miramos al hecho en sí, sino a su reflejo en nuestra mente. La verdad única tendrá siempre reflejos que no sabremos distinguir de lo real.

Lo que más nos diferencia, como humanos, es nuestro cerebro. Eso nos hace diferentes a todos. Basta que filtremos un solo hecho a través de dos cerebros, para que tengamos dos versiones distintas del mismo hecho.