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Paz Personal

Saturday, December 19, 2009

¿Cómo puede ser pacífico quien impone sus ideas? Aún sin pretenderlo, se convierte en un soldado, a la conquista de mentes indecisas. La paz más importante es la del espíritu. Nadie que crea en la razón única de sus propias ideas, y su derecho a imponerlas, es pacífico. Los dogmáticos, tratan de prevalecer con sus dogmas. Trampas para mentes esclavas. Atrapadas en las redes de verdades inamovibles. La ignorancia de los pueblos es rentable, sólo para las organizaciones de creencias impuestas.

Quien piensa por sí mismo, evoluciona. No somos la misma persona, ni un solo minuto de nuestras vidas. Cambiamos por dentro y por fuera, según cambia el aire de nuestro entorno. La paz de espíritu nace de nuestra identidad con la evolución continuada de nuestro ser. No somos hoy igual que ayer, ni idénticos que mañana. Quien tenga prohibida la evolución independiente de sus ideas, vive siempre en el pasado, vendido a sus compromisos.

Las ideas impuestas, van en contra de nuestra identidad evolutiva. Seguimos una línea de evolución continuada. No nos detenemos. Cuando lo hagamos, nuestra identidad habrá muerto.

La fábula sobre el Paraíso y la creación del primer hombre, ya existía antes de su plasmación en el Génesis. Tanto en Babilonia, como en escritos anteriores de la India. Esa labor de transmisión puenteada se ve, clara, en los libros básicos bíblicos. Cuando las ciencias avanzan, progresivamente, no podemos detenerlas o desmentirlas. Nuestros conocimientos actuales, han reducido a meras leyendas la casi totalidad de historias transmitidas, a través de los milenios. Pura poesía. Hermosísima, en muchos casos, Pero totalmente alejada de la realidad.

El poema más antiguo, de entre los conocidos en la civilización occidental, que canta la epopeya de la Creación, fue redactado en Babilonia, varios siglos antes de comenzar a escribirse la Biblia. El relato, llamado Enuma Elish, es de singular belleza: En él se describe la separación, por el Dios Creador, de las aguas primitivas. Dividiéndolas en aguas de arriba y aguas de abajo, a partir del caos primigenio. Y la posterior Creación del Mundo.

En toda Asia, es notable el número de montañas sagradas que, conforme evolucionaron las religiones del entorno, mantuvieron su carácter sagrado. Cambiando, sucesivamente, sólo el nombre de los dioses que en ellas se manifestaron, o habitaron. Como inquilinos sucesivos de una misma residencia. Igualmente, en África y América. Los dioses creadores solían morar en las montañas más altas e inaccesibles. A sus cimas podían acceder sólo los chamanes, brujos o sacerdotes. Era terreno vedado a los habitantes de la tribu, especialmente a las mujeres. Con lo que se trataba de mantener la sacralidad y privacidad del entorno divinizado.

El hombre, como ser pensante y moral, ha de someterse a sus propias leyes. No puede pretender regir el mundo, forzando la aplicación de códigos hechos a la medida de los dioses. Las normas de conducta han de ser, en primer lugar, humanas. Las leyes etéreas, inaprensibles, dejémoslas para seres celestiales.