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Ignorancia Rentable

Saturday, December 12, 2009

La ignorancia, el odio y el egoísmo, son las raíces de casi todos los males que nos afectan. Y no hay mayor generador de odios que el pretender la deslegitimación de otras creencias. Quien crea estar en posesión de la única verdad, es el más equivocado. Sólo que su egocentrismo y autocomplacencia no se lo dejan ver. No en vano, la soberbia fue el primer pecado, y sigue siéndolo, entre quienes se creen elegidos. Hay pueblos, civilizaciones enteras, que están volviendo a la Edad Media; la edad de la fe, cuando los caballos blancos bajaban del cielo, para luchar contra quienes profesaban otras creencias. Ahora, del cielo bajan aviones.

El mayor bien del hombre es su libertad. Las religiones actuales, en su inmensa mayoría, surgieron como religiones tribales, pertenecían a una etnia. Los principios implícitos en sus creencias, sobre la prioridad del pueblo escogido, prevalecen. Ahí se afianza la raíz del mal: en el arraigado y cultivado sentimiento de superioridad y exclusividad. Quienes la profesan, se sienten mejores hijos de Dios que el resto de la Humanidad, incluso exclusivos.

Las mayores expansiones, las más grandes conquistas, en materia religiosa, siempre han sido sangrientas. Progresar convenciendo es lento. A menudo ha dominado la impaciencia y el deseo irrefrenable de mover fronteras.

Las grandes religiones, ganaron terreno, siguiendo a los soldados de sus respectivos imperios. La gente de oficio arriesgado cree en suertes y milagros. Los militares suelen ser grandes creyentes. Todos los sistemas de creencias, de orígenes antiguos, se han servido de las armas para conquistar terrenos propios. En otros tiempos, ciertas comunidades religiosas no enseñaban a leer y escribir ni a los reyes. El saber lo reservaban todo para sí, en los conventos y grandes monasterios. Esa fue su estrategia para imponerse al mundo: cultivar la ignorancia de los demás, destruyendo sus bibliotecas, inculcando temor con sus anatemas. Lo que se podía, o no, leer, escribir y decir, venía fijado desde los palacios episcopales. Así se erigieron como únicos representantes y mediadores de Dios sobre la Tierra. Una usurpación de poderes que se ha revelado efectiva con los ignorantes, fomentados en masa. Durante siglos, su arma más segura y cruel fue el cultivo de la ignorancia. Quien ignora, cree y obedece.

Si nos molestásemos en ver los trasfondos de los más encarnizados conflictos actuales, hallaríamos disputas por la preeminencia de grupos religiosos. ¿Son necesarias todas estas guerras? Seguro que, al ciudadano no fanatizado, no le importa. Lo que sí se estancó, hasta casi desaparecer, fue toda la ciencia.

Se cultivó la alquimia, arrinconando la química. La astrología se convirtió en la reina de las artes adivinatorias, cayendo en el olvido los enormes conocimientos astronómicos. Cultivados, desde hacía bastantes siglos, en Alejandría, Babilonia, Nínive o Atenas. Las matemáticas perdieron la gran vigencia que tuvieron en Grecia, para ceder su lugar a la numerología adivinatoria. En fin, todo lo que era cultura científica, se convirtió en superstición y olvido. Creer, no es saber.