Dogmatismos y Fanatismos

Toda experiencia enseña . Cuando hablamos de dogmáticos y fanáticos, no debemos circunscribimos a quienes profesan principios de creencias inconmovibles. Podríamos incluir entre ellos, a ciudadanos, no necesariamente practicantes, pero que, una vez han adoptado una forma de pensar, o decidir, la convierten en principio indiscutible. El mundo está lleno de gente inflexible. Esa forma de actuar, siempre nos proporciona tropiezos inesperados en la rutina diaria.

Deberíamos aprender a no tener tantas reglas inconmovibles. Aunque sólo sea para poder adaptarnos un poco, cada día, a las novedades cotidianas. Podríamos, con más facilidad, tomar las cosas según vayan llegando. Siempre aprenderemos algo por el camino. Para esto ayuda el pensamiento científico, también el aventurero. A nuevos retos, nuevos remedios. Siendo flexibles, nos dolerán menos los encontronazos vitales. La vida sedentaria osifica. El aislamiento cultural al que ya se someten las naciones, con valoración pasional de lo religioso, que invade, claramente, los campos científicos y artísticos, terminará produciendo frenazos en el avance intelectual.

En el mundo de las ciencias no hay revoluciones. La evolución lo es todo. Siempre hay antecedentes. Nada nace sin generadores. El progreso de la vida está en evolución constante. Que permite adaptarse a las circunstancias todo lo viviente, para asentir su existencia. El hombre actual no es el de las cavernas. Sus miembros, su cerebro, su sistema inmunológico, han ido adquiriendo unos trazos y borrando otros. Sólo algunas cosas pretenden ser inamovibles, para ser consideradas auténticas. Entre ellas la fe. Fe en lo que sea. En sí mismo, en el propio Dios, en la nación, en el destino,…la fe es la atadura más poderosa con la que los caudillos pueden paralizar la mente de los pueblos, o arrastrarlos en la dirección que deseen.

El fanatismo es una enfermedad contagiosa. Actúa como las epidemias, contagia en masa. Cuando surgen corrientes exaltadas en una religión, parecen brotar, simultáneamente, movimientos fundamentalistas en las creencias contiguas. Como si ninguna quisiera ser menos ortodoxa que las otras.

Este fenómeno lo observamos en la actualidad. Cristianos, judíos y musulmanes parecen obsesionados por la vuelta a la más estricta ortodoxia. Que eso sea fruto del progreso, no alcanzo a verlo claro. Es como si los hombres santos dieran más importancia, de nuevo, al ‘no fornicar’ que al ‘no matar’. Al menos, así parece. Después de ver y oír la enorme facilidad con que sueltan arengas guerreras, mientras prohíben todo aquello que, aunque fuese remotamente, pudiese tener alguna connotación sexual.

El peligro de los grandes conflictos actuales es, que están dirigidos por hombres de fe. Creyentes en su propia verdad y, por tanto, negadores de la verdad ajena. Las distintas creencias de orígenes concatenados, como el judaísmo, el cristianismo, y el islamismo, son las más capaces de originar odios recíprocos. En ello les va la supervivencia. Han de mostrar, cada una de ellas, su precedencia sobre las otras, por el supuesto mayor apoyo divino a la verdad propia. Eso explica su mutuo encono milenario.

Añadir comentario