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Creencias envenenadas

Monday, August 17, 2009

El veneno está en las creencias, no en el ser de los pueblos. Todas las guerras tienen un trasfondo de creencias fanáticas. Sobre todo las monoteístas. Puesto que cada una de ellas exige la exclusividad para su propio dios. O, para la forma propia de entender y honrar a su dios. Los dioses pueden ser idénticos, o parecidos. Pero, la forma peculiar de dirigirse a ellos, busca resaltar la singularidad de cada uno. A partir de ahí, se exige supremacía del dios propio. Sin relevos.

Todas las guerras modernas tienen un trasfondo de dogmas fanáticos. Quienes están tras ellos, son los instigadores ocultos de las luchas. Aunque, ante los creyentes, se presenten como amantes de la paz. Con un trasfondo: que les den lo que exigen como propio, después, prometen paz.

Llevamos milenios luchando por, y contra, las creencias. Que no aportan nada definitivo a la Humanidad. Sino el cambio, en busca de la singularidad, con mayor relieve social para quienes las representan. Es indudable que, los dirigentes de creencias, sacan ventajas de las luchas. Por ello, puede pensarse que sean los más interesados en provocar enfrentamientos. Las luchas crean fanáticos y éstos son la mayor garantía de su perpetuidad. La sangre de mártires propios sirve, a cada bando, de fertilizante y cemento que afianza la propia tendencia. Brujos, magos, agoreros, profetas, sacerdotes, taumaturgos, viven de lo mismo: hacer creer. En el mundo de las creencias, no importa ser, sino parecer. La apariencia de verdad, es la imagen que perpetúa la mente, otorgando fidelidad.

De ahí que, toda ceremonia relacionada con creencias, necesite ser vistosa, impresionante: hecha para ser recordada. Y los personajes que la representen, han de distinguirse, visiblemente, del común de los mortales. El revestimiento externo de quien ostenta un cargo, ha de ser acorde con la importancia y función del mismo. En España, en tiempos aún recientes, no se concebía la autoridad de un Guardia Civil, sin añadirle el tricornio y un buen bigote. Los vestidos ceremoniales, ayudan a dar protocolo a la ceremonia. Haciéndola revestirse de una especial solemnidad, que impresione a quien la vive. Los reyes parecen más reyes, cuando brillan, coronados, junto al trono.

Es indudable que el tiempo no es estático. Aunque siempre arrastre rémoras que lo oculten. La época de los curas obreros, con alpargatas en el andamio, parece haber quedado congelada en el pasado. No eran creíbles, les faltaba protocolo, quitaba brillo a su labor y los ubicaba demasiado cercanos. Eso no es rentable, lo es más el misterio y la distancia. Resulta más utilizable la fijación de posiciones, situándose algunos escalones por encima del vulgo.

El mantenimiento de las tradiciones y su representación efectiva, tiene una finalidad práctica. Cuando se pierden las ceremonias tradicionales, se debilitan las ideas que las sostienen. Nada es gratuito. Los estamentos sociales mantienen las ceremonias, porque éstas los sostienen. Sólo el conocimiento da bases firmes. Las creencias son fuente de dudas, sobre lo que ignoramos.