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Egoísmos Ocultos

Tuesday, April 7, 2009

Todo cambia, todo avanza, todo se descompone, vive. Toda verdad, para ser efectiva, ha de adaptarse al nivel de conocimientos de quien la recibe.

Al leer textos antiguos, debemos tener en cuenta, siempre, que las afirmaciones hechas hace miles, o cientos, de años, no tienen una traducción inmediata y equivalente en nuestro tiempo e idioma. Los conceptos varían su valor, con la acumulación de conocimientos. Así, no podemos caer en el frecuente error de establecer escalas de valores, por comparación con nuestros esquemas actuales.

Elemental es, considerar que ninguna religión, al menos que conozcamos, nació como sistema cerrado. Todas han ido evolucionando, dando nuevo significado a verdades que dejaron, con el tiempo, de serlo.
La mayoría de los términos usados actualmente en religión, era desconocida a sus fundadores.

Simplemente, porque aún no se habían acuñado. El pensamiento abstracto no es propio del hombre primitivo. Y, por tanto, el valor que damos hoy a palabras y frases usadas en una época lejana de la Humanidad, está teñido, totalmente, de nuestros conocimientos, apreciaciones y mentalidad actuales. Con lo que, al interpretarlas con nuestra mentalidad actual, falseamos la evaluación original de su significado.

Los dioses cambiaron, con las condiciones de vida. El hombre primitivo no podía concebir que los rayos, truenos, tormentas y cualquier otra fuerza, energía, o función natural, actuasen por causas físicas. Las actividades más elementales, las atribuía a la acción de los espíritus internos de las cosas. En un estado más avanzado de pensamiento religioso, se asignó a la voluntad de un ser poderoso, que dominaba la parcela de naturaleza afectada. Así nacieron los dioses de los elementos. Thor, el dios escandinavo. Zeus, desde el Olimpo griego, Indra, en Persia y la India. O Júpiter entre los romanos, arrojaban rayos a sus enemigos. El mismo Jehová aparece rodeado de rayos y truenos en el Sinaí. Es del todo normal que, en una época en que el hombre vivía en íntimo contacto con la Naturaleza, los dioses fueran los señores de ésta.

Tal como es natural que, en la era espacial, los nuevos místicos hablen de extraterrestres, naves interplanetarias, lejanas galaxias y abducciones. Tales transportes serían el equivalente moderno del arrobo místico o éxtasis.

Las actitudes personales, pueden ser idénticas, ante doctrinas diferentes. Los fariseos de los tiempos bíblicos, equivalen a los fundamentalistas, tradicionalistas, conservadores, ortodoxos, integristas o intransigentes, de la actualidad. Observadores totales de los ritos, las formas, las ceremonias, las apariencias, la tradición y la ley. Se distinguen también por su intolerancia hacia quienes intentan actualizar las doctrinas, adaptándolas a los cambios sociales. Es decir, pretenden que sólo sea válida la verdad que ellos representan, considerándola inmutable. Hasta que ellos crean conveniente matizarla, en suma, cambiarla. Quienes ostentan el poder, lo que pretenden es que no cambie de manos, para seguir siendo ellos sus administradores. Esa es la fuente de su poder, que pretenden conservar. En fin, algo muy humano: Egoísmos personales, escondidos tras grandilocuentes y vacuas teorías justificadoras,