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Estertores Castristas

Wednesday, December 31, 2008

Ahora que los mandos del contraespionaje español no son militares, necesariamente, como sucedía durante la dictadura franquista, podrían acostumbrarse a mantener informada a la sociedad civil, de forma más completa a como lo hicieran sus predecesores.

Hay algunos políticos, civiles, por supuesto, que parecen vivir en la inopia. ¿Les falta información, o es que prefieren ignorarla?

En Cuba se vive mal, eso lo tenemos claro. Y la CÍA es malísima, eso también. No desconocemos algunas de sus magistrales lecciones a torturadores sud- y centroamericanos de toda calaña, durante las pasadas dictaduras. Siempre con matices militaristas, inclinados hacia la derecha. Que pregunten al infernal Capitán Astiz argentino, en qué escuela aprendió a destripar señoras. O a Pinochet, dónde mandó educar a sus agentes secretos sin conciencia. Igual que hicieran sus colegas, los generales de El Salvador y Guatemala. En el país de la libertad, amaestrador de dictadores en medio mundo.

Pero, eso no puede servir de excusa, para mantener una policía política, con métodos basados en la herencia doctrinal del extinto KGB soviético, con reminiscencias del siniestro Beria.

El mayor bien del hombre es su libertad. Los cubanos no son ciudadanos libres de un país democrático. Castro es un dictador egocéntrico, y punto. Ya no importa su adscripción de origen. Ha perdido todo derecho a reivindicarla. Los dictadores son, básica y primordialmente, dictadores. El que su revolución comenzara con el apoyo popular de medio mundo, por los ideales socialistas que se adivinaban tras sus discursos, no justifica ese enriscamiento personalista que transmutó a Castro en un dios comunista, con vicarios y herederos nombrados a perpetuidad.

Empiezo a comprender su manifestada admiración por nuestro rey. Quizá lo que más admire de él sea la pervivencia de las familias reales.

La donación de medicamentos a Cuba no me parece mal. Pero que tengan claro los donantes que no son para el beneficio de los cubanos, sino para el provecho de sus gobernantes. Recomendaría únicamente a nuestros políticos que, cuando vayan a visitar a Castro la próxima vez, pidan aspirinas en una farmacia, o en las tiendas para turistas. Seguro que, si las encuentran, podrán ver que proceden de donaciones bien identificadas. Y que, además, se pueden adquirir sólo pagándolas con dólares, a precios más altos que en cualquier farmacia europea. Por supuesto, los cubanos de a pié, sin cargos políticos, no pueden acceder a las ‘shoppings’, tiendas con mercancías de importación. Y, si les permitiesen entrar, carecerían de dólares para adquirirlas.

Si quieren saber a dónde va a parar el río de dólares que aporta el turismo mundial a Cuba, que averigüen quien proporciona armas y expertos a las guerrillas sudamericanas y africanas.

Es posible que, a nuestros políticos, aún les sorprenda oír que son los mismos que concentran licenciados caribeños y saharauis, procedentes de las escuelas de contraespionaje castristas, en las Islas Canarias.

Con nuestros viajes y donaciones, podríamos estar subvencionando movimientos guerrilleros urbanos que, algún día, pudieran moverse entre nosotros. Con menos medios, se gestó Sierra Maestra. Castro, aunque viejo y caduco, sigue siendo un dictador absolutista, con aspiraciones de supervivencia, entre los herederos de su revolución personalista. No merece ser apoyado.