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Vivir el Pasado

Sunday, December 28, 2008

Las tradiciones son ya obsoletas, desde el momento en que nacen como tales. Quien pretenda revivir cosas vividas, yerra. La Naturaleza, de la que formamos parte, no conoce la regresión. Aún cuando podamos recrear circunstancias parecidas, en un experimento limitado, aislado. El resto de la Naturaleza continuará evolucionando. En el sentido natural, cambiante. Nada es igual a sí mismo, transcurrido un tiempo. Al cambiar el tiempo, cambian las circunstancias.

Por tanto, el medio cambiante en que se encuentre el objeto de nuestro experimento, será distinto, respecto a su entorno, transcurrido el tiempo que dure el intento de permanencia absoluta en el pasado.

El tiempo no se paraliza. Nuestra mentalidad habrá cambiado, con cada conocimiento adquirido.
La ley de la venganza, el talión milenario, perjudica más a quien la aplica, que a sus víctimas, porque alimenta odios primitivos. Ninguna guerra es justa. Aún menos, las heredadas. Quien las gana es, invariablemente, el mayor verdugo. Los pueblos que se sienten obligados a heredar la venganza, no vivirán nunca en paz. Siempre serán nómadas, huyendo de sí mismos, de sus propias acciones. Queriendo imponer justicia, su propia justicia, se sienten justos ante Dios y los suyos, pero no hacen sino acrecentar el número de sus víctimas y enemigos.

Los principios religiosos exclusivos, si cohesionan a un pueblo, también contribuyen a separarlo de otros.
Quien no quiere ver, se tapa los ojos. Quizá tema verse reflejado en las pupilas de sus víctimas. El muro que construye el gobierno israelí, con dinero aportado desde América, principalmente, y las organizaciones internacionales afines, cumple su propósito: arruina y diezma, aún más, al pueblo palestino. Y le imposibilita llevar una vida normal. Convirtiendo el paisaje en compartimentos estancos, donde hasta el horizonte está limitado. Pero terminará aislando a los israelíes del mundo. Al menos, tanto como a los palestinos de su tierra. Las injusticias no pueden ser eternas. Siempre revierten a sus autores. No hay muros más altos que los impuestos por las creencias. Llegan hasta el cielo.

Las resoluciones que puedan frenar los avances israelíes sobre tierras palestinas, son vetadas, sistemáticamente. Israel es la nación que más resoluciones de la ONU ha incumplido. Todas las reglas pueden ser alteradas, cuando las circunstancias, para las que fueron concebidas, cambian.

El pacifismo absoluto es, en sí, una regla perfecta, éticamente. Llevada a sus últimas consecuencias, conduciría al exterminio de los propios pacifistas. Si se tienen ideas, hay que estar vivo para poder defenderlas. Cristo no era pacifista inconsecuente. En el Templo blandió el látigo y, tras despedirse de sus discípulos, les recomendó que vendiesen los mantos, para comprar espadas. Cambiando la doctrina, no dejó de ser judío consecuente. Lo difícil es poder decidir en qué punto alguien pasa de la justicia a la injusticia. Ese momento, siempre será subjetivo y sujeto a variaciones.

Siendo pacifista absoluto, se puede ser tremendamente injusto. Más por omisión que por acción, eso está claro, pero, siempre, la omisión del pacífico, beneficia al violento. Cuando alguien es manifiestamente injusto y fanático, ante nuestros ojos, no podemos aducir pacifismo, para no intervenir a favor del violentado.