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Los Amos del Bien

Saturday, December 27, 2008

En la verdad no es necesario creer. Se evidencia por sí . Las creencias se tornan más intolerantes e inflexibles cuanto más cerca están de lo improbable. Alguien que es obligado a creer, en contra de la evidencia, está sufriendo una violación de su espíritu. Quienes creen haber encontrado la fe y la verdad, sin dudarlo, no seguirán buscando, sino imponiendo su propia verdad. Dudar es tan humano que, quien deja de hacerlo, no avanzará más en su camino. Ha llegado al punto, sin retorno, de la intolerancia. Cuando se duda, se sigue buscando la verdad. Y perdonando las equivocaciones ajenas; como tendemos a excusar nuestros propios errores.

El peligro de los grandes conflictos actuales es, que están dirigidos por hombres de fe. Creyentes en su propia verdad y, por tanto, negadores de la verdad ajena. Las distintas creencias de orígenes concatenados, como el judaísmo, el cristianismo, y el islamismo, son las más capaces de originar odios recíprocos. En ello les va la supervivencia. Han de mostrar, cada una de ellas, su precedencia sobre las otras, por el supuesto mayor apoyo divino a la verdad propia. Eso explica el mutuo encono milenario de las distintas corrientes religiosas con origen bíblico. Buscan en las demás el error, el Mal. No admiten la posibilidad de ser ellos los equivocados. Cuando la fe en su propia infalibilidad ilumina a jefes de estados poderosos, puede saltar la chispa bélica, pasando del ámbito privado de la conciencia y lo religioso al público de la política común. Los conflictos actuales, del Oriente Próximo y Medio, con raíces milenarias, no pueden explicarse de otra manera. Aparte de la ambición posesiva que rodea al petróleo, como detonante y catalizador, hay, en todos los frentes, un enconamiento religioso: la convicción, en ambos bandos, de estar defendiendo, ellos solos, el Bien. De otra forma, no se comprendería esa arrogación defensiva del Bien, que sitúa, automáticamente, al adversario, en las filas del Mal. Pura pretensión moralista, que debería reservarse para el ámbito de lo privado. No para conquistar tierras y apropiarse de pozos petrolíferos. La moral propia es aplicable sólo a nuestras conciencias.