Go to content Go to menu

Evoluciones Inciertas

Thursday, November 13, 2008

Todo cambia, constantemente, lo único eterno es la continuidad del cambio. La evolución nunca es aislada. Cuando algo cambia, afecta a cuanto se relacione con el objeto del cambio. No pretendamos entes invariables, porque, al cambiar algo su entorno, cambia el centro y su mensaje. Lo perfecto hoy, puede ser obsoleto mañana.

La fe surge, y se mueve, en el terreno de los sentimientos. Se siente o no se siente. Pero, ni su ausencia, ni su presencia, cambian la esencia de lo creído. El hombre no deja de ser humano, profesando una fe distinta. Al contrario, hace honor a su humanidad, cambiando, evolucionando. Cuantos más cambios y mezclas, más evolución, más humanos somos. La pureza de raza es la permanencia en el origen. El estancamiento, el quedarse atrás. Si algo ha hecho que la Humanidad, en su conjunto, evolucione, ha sido su capacidad de adaptación, de mezcla, de ensamblaje. En ello nos va la existencia. No sólo física.

También intelectualmente necesitamos mezclas continuas, para no permanecer en desventaja, en lo primitivo. Las mezclas favorecen el cambio, la evolución, la búsqueda de la perfección. El Universo cambia, en su conjunto, constantemente, y así lo hace el humano. La fe, al relacionarse con los sentimientos, pertenece, por completo, al mundo interior del individuo. No es mensurable, ni homologable.

Generalmente, no vemos, oímos o percibimos directamente, a través de nuestros sentidos, sino que hacemos una interpretación conjunta de la percepción, filtrándola a través de nuestro cerebro. Lo que puede conducirnos a error, en algunos casos. Tenemos tanta mezcla de genes en nuestro árbol genealógico, que, a veces, se puede comprender que alguien reaccione con la frialdad de un ofidio, o el salvajismo de una fiera. No somos mejores ni peores, sino distintos, y distantes de nuestros orígenes.

Hasta ahora, sólo vuela nuestra imaginación, seguimos, afortunadamente, pegados a la tierra. Quienes se crean cercanos a los dioses, que vayan perdiendo toda esperanza. Somos humanos, ya es suficiente, en evolución incierta, pero constante. En el fondo, late el anhelo del conocimiento de lo eterno, de lo absoluto, del acercamiento a lo infinito, de identificación con lo divino. Sólo que ese viaje a lo desconocido se realiza en el interior de nuestro cerebro, no en el espacio. Los caminos recorridos siempre son desiguales para cada individuo. La fe pretende abarcar el Todo en sí misma. No aceptando como verdadero lo que de ella se salga.

Los viajes de la razón son más cortos. Nos acercan a la verdad paso a paso. Pero tienen la ventaja de ser más comprobables y comprensibles. Nos aproximan a verdades inmediatas, no menos importantes. Toda verdad es básica. Aunque la ignoremos, no deja de existir. La sencillez es lo más grande. Es el principio de donde todo nace, la madre que todo lo alumbra.

El hombre, como ser pensante y moral, ha de someterse a sus propias leyes. No puede pretender regir el mundo, haciendo acatar códigos hechos a la medida de los dioses. Las normas de conducta han de ser, en primer lugar, humanas. Las leyes celestes, dejémoslas para seres celestiales.