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Pudrideros Separados

Saturday, August 23, 2008

Los alfanjes parecen hechos con mala uva. No sólo pinchan y cortan, sino que seccionan cabezas y cuerpos, de un solo tajo. En tiempos difíciles, crecen las creencias.

La fe predominante en un país, es decisiva para fijar perfil político a sus gobernantes. Puede haber matices, pero no cambios radicales. Los políticos no prescinden de la ayuda del clero organizado, para gobernar con tranquilidad. Sean o no practicantes asiduos. Una buena ración de hipocresía es imprescindible en la vida pública. Los administradores de creencias, creen su privilegio poder prevalecer sobre los civiles. Pretenden ser considerados casta aparte, reivindicadora de privilegios. Tener poder sobre vida y muerte. La soberbia es el pecado de los hombres santos. Los discursos políticos, hechos por hombres religiosos, o que aparenten serlo, son tratados como materia de fe. Adquieren un valor añadido.

Dicen hablar en nombre de Dios. Las organizaciones cercanas a la religión mayoritaria, en cualquier país, con cualquier religión, son las verdaderas ostentadoras de poder. Toda otra formación, social o política, que pretenda prescindir del poder religioso organizado, y, sobre todo, de su jerarquía, lo tendrá difícil. Por lejanos que se hallen sus polos ideológicos, la condescendencia pública es imprescindible. En tiempos de paz, las ideologías pierden aristas. Pero, siempre, los templos pretenden seguir siendo lo que son, centros de poder. En épocas de penalidades, las creencias crecen, dejando de trabajar los cerebros. El humano confía más en la oración, cuanto mayor sea su miseria. Quien no sabe protegerse, espera protección del cielo. En las aldeas africanas se maneja la tribu desde la cabaña del brujo. En los países más civilizados, los códigos de conducta se imparten desde los templos. Llámense éstos pagodas, mezquitas, sinagogas o basílicas.

La irracionalidad de las creencias, contrarias a toda ley natural, siempre que haya una creencia religiosa que la contradiga, se ha puesto de manifiesto una vez más. Cuando las ideas dejan de ser humanitarias, abandonan los límites de lo respetable. Sacrificar vidas humanas, para hacer respetar ideas arcaicas, me parece inhumano. Antes que como creyentes, debemos ser considerados seres vivos, en busca de felicidad. La imposición de creencias, que causen mal a quienes les son impuestas, me parece inhumano.

Si ya existen demasiadas reglas, para la segregación de humanos de distintas creencias, en barrios diferenciados, y hospitales específicos, para seguidores de distintos pastores. Con cementerios confesionales y prohibiciones específicas de matrimonios interconfesionales, etc., lo ilógico se extiende.

En Egipto, el milenario país, en el que convivieron todas las religiones posibles, se intenta prohibir, por ley, la donación de órganos a personas de distinta nacionalidad o confesión. Sorprende, pero no extraña, es derivación, de todo lo que significa fanatismo. Inspirador de guerras, y creador de enemigos. Nunca mentor de paz y cohesionador de humanos. Hay quien se pregunta si sería lícito que un corazón musulmán funcionara en un cuerpo cristiano. ¿Puede haber peligro de infección… ideológica? ¿o, corazón y cuerpo ir a distintos cielos? Los alfanjes son armas muy eficaces. Separan cuerpos y almas de un solo tajo.