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Almas y Espíritus

Monday, July 28, 2008

En el Espiritismo clásico, la muerte no existe, los muertos no existen. Esta sentencia, clave del Espiritismo, podría ser interpretada en el sentido natural de la presencia. Es decir, lo que ha muerto ha dejado de existir. Pero, al mismo tiempo, se podría decir que lo muerto ha dejado de existir como entidad unitaria. Ha dejado de ser lo que era. Sin desaparecer. Sin que, el cambio habido, anule su vivencia potencial, energética; pues la desintegración no significa desaparición, sino pasar a encontrarse descompuesta. Reincorporada parcialmente a distintas identidades, sin conservar la propia.

La creencia en la supervivencia del alma, y en la existencia de los espíritus, parece que es casi universal. Ello ha proporcionado un campo enorme a especulaciones fantásticas. Las distintas teorías sobre los espíritus y su esencia independiente de la materia, son lo que da base a las creencias animistas, espiritualistas y espiritistas. Tanto si lo consideramos desde un punto de vista mágico, como del religioso. El mundo de la realidad y el de la fantasía son complementarios y paralelos. La ventaja de especular con entes intangibles, invisibles, remotos e incorpóreos, es que se puede dar rienda suelta a la imaginación.

Si admitimos la existencia del alma, del espíritu, de un ente activo, pensante e inmaterial, ya sea individual o universal, no podemos oponernos a que alguien convierta ese algo en una energía vital, que une cuerpo y mente. Después, el dilema, no solucionado, de creer o no creer en la posible existencia del alma, o de esa fuerza vital, de forma independiente, y posterior a la muerte del individuo como tal, es algo especulativo, o accidental. Una perspectiva más, entre muchas.

En magia, para que sea efectiva la transmisión de poder a un objeto, mediante un conjuro, se requiere, normalmente, que un oficiante, sacerdote, brujo, chaman o mago, recite, cante, murmure o grite unas palabras determinadas, siguiendo el rito apropiado, en la creencia considerada, al tipo de encantamiento deseado. A tales palabras, dichas adecuadamente, según sea tradición, se les supone un poder desencadenante de las fuerzas propiciatorias. Esta expresión oral, va, generalmente, acompañada de ciertos gestos, signos o posturas. De su exacta ejecución, dependerá su eficacia. Una respuesta, efectiva y afectiva, a la necesidad de protegerse, de afirmar el yo contra el mundo. Por el contrario, una ceremonia ejecutada sin cumplir todos los preceptos, no sólo no cumple su fin, sino que puede ser fuente de pecado y condena. Tal se dice del lavado de pies y manos, en la Biblia, preceptivo antes de la Consagración, en el Judaísmo.

Digamos que el Hombre, en su inseguridad, ha tratado siempre de protegerse contra toda desgracia que le pudiera sobrevenir. Cuando no sabía de qué o cómo resguardarse, recurrió a la magia, para evitar ser alcanzado por el mal. Más tarde, buscó refugio en los sistemas religiosos.