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Fanatismos

Wednesday, May 21, 2008

Fanatismos en general. Esto podría ser como una marca de identidad, para los creyentes fanáticos.
Quien sea fanático religioso, el mayor azote de la Humanidad, tiende a serlo en otros conceptos. En creencias raciales, sociales o políticas. Todo se convierte en cuestión de principios. Hay que cumplir con las reglas establecidas. Y éstas son inamovibles.

El que algunas naciones, pretendidamente modernas, conserven entre sus costumbres la de clasificar a los humanos por razas, como en los tiempos de la esclavitud, en que la cotización en el mercado, de un ser humano puesto a la venta, podía depender de su color de piel, raza y medidas antropométricas, es claramente aberrante.

Sencillamente, me parece un extravío mental el que esta costumbre racista haya quedado preservada entre las leyes norteamericanas. Y, peor aún, que traten de imponer tales leyes retrógradas a quienes proyecten visitarlos. Europa, como conjunto, tendría que rechazar tales pretensiones.

Ninguna nación debería aceptar que, a sus naturales, se les clasifique como si fueran objetos a vender en una subasta. Eso no es una identificación de personas, sino una separación de las mismas, según color de piel y características externas, que quedan impresas en el futuro de sus descendientes. El descendiente de un negro o mulato, en Norteamérica, no puede nunca ser clasificado como blanco. Y eso implica infinitas limitaciones en el futuro de tales personas. Si quisieran residir en esa nación. En ese país, que pretende ser considerado como el país de las libertades, todavía, los que pudieran ser descendientes de esclavos, aunque no lo fuesen, arrastran cadenas limitadoras. La libertad, para estos seres, consiste en conformarse con vivir dentro de unos límites condicionantes, fijados de antemano por el fanatismo de los otros.

Adán no hubo más que uno y era blanco, según sus autorizados descendientes, los propietarios exclusivos de los derechos bíblicos. Los demás humanos no son hijos de Dios, sino hijos de los Hombres. El Génesis sigue siendo considerado la palabra de Dios, dirigida a su pueblo. Hoy en día, cualquier doctor en genética, o en historia, podría escribir unas notas aclaratorias a todo el Génesis, que inocularía serias dudas en el corazón de los más creyentes, sobre la autenticidad de su autoría. Alguien se equivocó en la adjudicación. Dios no puede haber sido tan poco docto.

El poema más antiguo, entre los conocidos en la civilización occidental, que canta la epopeya de la Creación, fue redactado en Babilonia, varios siglos antes de comenzar a escribirse la Biblia. El relato, llamado Enuma Elish, es de singular belleza: En él se describe la separación de las aguas primitivas, dividiéndolas en aguas de arriba y aguas de abajo, a partir del caos primigenio, y la posterior Creación del Mundo.

También, un cierto antecedente del mito de Adán y su caída, a través del pecado, lo podemos encontrar en el relato mesopotámico de Adapa, el primer humano: Habiendo éste desobedecido al dios Aun, su creador, fue perdonado, pero cometió el error de no aceptar el licor de la vida que el dios le ofreció, en señal de reconciliación. La pérfida serpiente, aprovechó el momento para robárselo. Desde entonces, son los hombres, descendientes de Adapa, mortales.

No es nada raro que, la narración bíblica, haya tenido como antecedentes estos poemas babilonios, dadas las concordancias y el constante contacto, por su proximidad y convivencia, de ambas culturas. La opinión es libre.