Go to content Go to menu

Dioses Mundanos

Saturday, April 26, 2008

Las invocaciones a la divinidad, ayudan a concentrar el pensamiento en el Ser Divino. Por eso han de se repetirse, para no permitir que el pensamiento se aparte del cielo.
Cuando rezamos, aunque no sepamos con certeza si algún dios nos estará escuchando, al menos nos consolamos suponiéndolo. Lo que nos ayuda a mantener la fe. Pues, nosotros, sí oímos nuestra plegaria. Puede que eso nos ayude a reunir la fuerza, tiempo e información que necesitamos, para llegar a conseguir nuestro deseo. Todo junto, podría lograr actuar con el poder de un dios privado, un numen, que nos lleve más allá de nuestros límites conocidos. Algunos milagros podrían explicarse así.

La magia, aunque pretenda tratar con seres o fuerzas espirituales, quiere resultados fácticos, inmediatos, terrenales, materiales. Que se atribuyen a la intervención de fuerzas, espirituales o telúricas, movidas por la mediación del oficiante. Esa es quizá su mayor diferencia intangible con la religión, que, generalmente, pretende conseguir posiciones favorables, no sólo en el presente, sino en una vida post-mortem.
Lo más probable es que, la creación y evolución de ambas creencias, hayan sido simultáneas o paralelas, pero, desde luego, intercomunicantes, convergentes. No se pueden separar, de forma aséptica, ambos conceptos. Lo normal es que, tanto la magia, más movida por pasiones, deseos y prácticas, como la religión, algo más etérea, llena de ideales y teorías imposibles, no respondan a un modelo único, cerrado. Realmente, son dos ramas divergentes del mismo árbol de las creencias. Proporcionalmente, se encuentran tantas ideas con base religiosa dentro de la magia, como ritos o prácticas, de pura y clara ascendencia mágica, en la religión.

Las más antiguas referencias, documentadas, que nos han llegado sobre magos - sacerdotes, quizá sean las concernientes a las religiones mágicas de Mesopotamia. Aún cuando, presumiblemente, su creación sea de época posterior a las egipcias.
En ambos casos, los estudios astronómicos (astrológicos) eran administrados, en exclusiva, dentro de las familias poderosas de las ciudades - estado. De estos privilegiados conocimientos esotéricos, se derivó la concentración de la riqueza en pocas manos. Aquellas de los que administraban los bienes del templo titular del patrono de cada ciudad.

La derivación más clara fue, la identificación del poder religioso con el temporal. Según el uso establecido, los sistemas de gobierno, en lo político y religioso, eran una misma cosa. Es decir, no existía separación jurisdiccional. Quien administraba el templo, regía la ciudad y sus bienes. Dado que el propietario nominal de la ciudad era el dios del templo patronal. Así, templo y ciudad formaban una sola unidad.

Si admitimos la existencia del alma, del espíritu, de un ente activo, pensante e inmaterial, ya sea individual, colectivo, o universal, no podremos oponernos a que alguien convierta ese algo en una energía vital, que une cuerpo y mente. Después, el dilema, no solucionado, de creer o no creer en la posible existencia del alma, o de esa fuerza vital, de forma independiente y posterior a la muerte del individuo como tal, es algo especulativo, o accidental. Una perspectiva más, entre muchas. Con el margen de probabilidades que se le quiera otorgar.

El mundo de la realidad y el de la fantasía, son complementarios y paralelos, aunque no equivalentes. Quienes especulan con entes intangibles, invisibles, remotos e incorpóreos, lo hacen con ventaja. Pues pueden dar rienda suelta a la imaginación. La fantasía lo transforma todo, a capricho del dicente. Los científicos deben demostrarlo todo.