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Soberbia, Codicia e Ira

Thursday, April 17, 2008

La soberbia y la codicia son hermanas de la ira. Y esas son las tres pasiones dominantes entre dirigentes. Con ellas se destruye el mundo y desaparecen civilizaciones. No puede haber una alianza entre creyentes dogmáticos diversos, porque cada creencia dogmática cree tener la exclusividad de la verdad definitiva. Aunque la verdad personal sea la que cada persona alberga en su alma.

El pecado de soberbia: el de “seréis como dioses” del Génesis, es el más cercano al orgullo, el de sentirse mejor y con más derechos que los demás. Pero, ¿de qué otro pecado pueden estar más cerca los dirigentes de todas las creencias, al considerarse a sí mismos más próximos a la divinidad que el resto de los humanos? La historia y teoría religiosas están llenas de contradicciones.

El ínclito Pío IX, a finales del siglo XIX, fijó para siempre la preeminencia de la fe sobre la ciencia, así como la infalibilidad de los papas y el imperio del poder papal sobre el de los gobernantes laicos. Esa fue la gran labor de su vida, fijar su autoridad universal. Todo sea por evitar la soberbia… de los científicos.

Quienes se esconden tras la religión, para justificar sus ambiciones, no pueden ser hombres de Dios. Cualquier hombre religioso que manda matar, para imponer sus leyes, no puede estar en la senda recta del Dios que dice representar. Dios, en todo caso, para los creyentes, es el Padre de toda la Humanidad. Ante fanáticos que sostengan la rectitud de sus principios divisorios, a costa de la extinción del diferente, no se puede razonar. Ellos excluyen a todo el que no es su igual, en pensamiento y obra. ¡Suprema soberbia¡

La bondad es, siempre, fruto del amor, no del temor o el odio. La bondad existe en el ser humano, con independencia de las creencias. De todas. Si nos abstuviéramos de reclamar exclusividades divinas, ayudaríamos a construir un mundo mejor y más tolerante. Sería el mayor regalo que los hombres de buena voluntad podrían hacer a la Humanidad. Los dioses deberían existir para hacer felices a los Hombres. No son los hombres quienes hayan de procurar felicidad a los dioses. ¡Ellos son todopoderosos!
La tendencia más generalizada, actualmente, en las religiones monoteístas, es la de identificar la magia con engañosdel diablo, presuponiendo la íntima relación entre magos y demonios, como colaboradores. Esto obedece, indudablemente, a la creencia fomentada de que todo bien sólo puede provenir de Dios. Se olvida que, una gran parte de la magia, es bienintencionada, aun cuando subyazca en ella el pecado de soberbia. Pero, ¿de qué otro pecado pueden estar más cerca los ministros de todas las creencias, al considerarse, a sí mismos, más próximos a la divinidad que el resto de los humanos? La historia religiosa está llena de contradicciones.

En los tiempos más pujantes del cristianismo europeo, hasta el siglo XVII, las universidades de la Europa cristiana, regidas mayoritariamente por monjes y hombres de fe, enseñaban Astrología, con beneplácito eclesial. Otra cosa hubiese sido impensable. Los pudientes iban cargados de abalorios bendecidos, como salvaguarda contra los numerosos diablos que pudieran tratar de introducirse en ellos. En fin, los confesores personales estaban siempre dispuestos a dotar a sus confesados de suficientes repelentes contra el Mal, que los acechaba. Magia y religión se complementaban. ¿Son las bendiciones un derivado de la magia religiosa? Pues nadie que no fuese clérigo podía luchar contra los demonios. Intentarlo desde fuera, podía acarrear la muerte en la hoguera. ¿Tenía esto algo que ver con la codicia, la soberbia, o la ira?