Go to content Go to menu

Magia Medieval

Thursday, April 17, 2008

Las organizaciones de base dogmática, que han acumulado poder, a través del tiempo, están poco, o nada, interesadas en los cambios. Sean del tipo que fueren. Social, ideológico, o científico. Porque, cualquier cambio en lo instituido, durante siglos, les infunde temor, sobre la prevalencia de sus privilegios. A ellos les vale lo antiguo, lo tradicional, las costumbres centenarias, que llevan al pasado.

Toda innovación acarrea inseguridad a los poderes establecidos. El mayor freno a todo progreso, viene dado por las creencias previas. Para avanzar, realmente, muchas veces se hace necesario olvidar lo que ya dábamos por sabido. Debemos volver a probar la certidumbre de los caminos recorridos. La fe eterna es fluida, como todo producto de la imaginación. Maleable, porque los valores humanos suben y bajan en estima, según sean más o menos necesarios, en el momento en que se consideren. Es comprensible que los diferentes jefes religiosos, de distintas épocas, difieran en sus conceptos sobre el destino post-mortem de las almas, o fuerza vital. Han bebido de tantas y tan diversas fuentes, que no les resulta fácil aunar criterios.

Las organizaciones de poder esotérico perduran, porque se basan en la realidad del miedo humano a lo ignorado. Realmente, el poder de unos está cimentado en el miedo de otros. La obediencia de los miedosos, es proporcional al miedo que sepan imponer los poderosos. Quien sabe ganar, mantiene a los perdedores en la ignorancia.
La historia del avance de la ciencia, va unida a su resistencia continuada a los ataques de las organizaciones de creencias. A los dirigentes de los creyentes, nunca les ha interesado el avance de los conocimientos. Pues en éstos ven un enemigo. Para conservar el poder, siguen defendiendo los remedios medievales. Fórmulas mágicas, reliquias y encantamientos. Las ciencias actuales, pueden demostrar, que la mayoría de las creencias están basadas en supuestos falsos.

Tanto la quema de la Biblioteca de Alejandría, almacén prolífico de todos los conocimientos de la antigüedad clásica, que irradiaba sus conocimientos a todo el Medio Oriente, como la destrucción de Babilonia, cuna de los primeros conocimientos metódicos sobre astronomía y geografía, fueron fruto de fanáticos, enemigos de la verdad científica. Sus consecuencias han llegado hasta nuestros días. Resulta curioso constatar cómo, lo primero que saquearon las tropas invasoras de Bagdad, fue el insustituible Museo de Babilonia. Como una obsesión constante de los herederos de las culturas bíblicas, representadas por su presidencia y vicepresidencia. Una mentira, impuesta con saña, es más eficaz que cualquier verdad, defendida por la razón. Babilonia quedó considerada en la historia como el peor centro de corrupción de su época, cuando realmente fue el mayor centro científico de la antigüedad. Eso se ha tratado de ocultar La obsesión por impedir el desarrollo científico, que pudiera demostrar la falsedad de sus enseñanzas, alcanza a nuestros días.

La paz llega, no cuando se firma, sino cuando se acaba el rencor producido por el conflicto habido. Poder llegar a acuerdos entre países, siempre es posible; porque los países tienen fronteras tangibles, físicas. Llegar a firmar acuerdos interconfesionales, se queda en lo etéreo. Aquí, el conflicto ha migrado de lo territorial, que corresponde al petróleo, a lo religioso, que concierne a las creencias de los enfrentados. Pues las organizaciones de creencias pretenden abarcarlo todo. Así, cualquier pretensión de una, se interpreta, siempre, como intento de ocupación del terreno ajeno. Ceder es renunciar.