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Fanatismos Inducidos

Thursday, April 17, 2008

Los dictadores y personas autoritarias, quienes se consideren dueñas del dogma, aunque no maten, privan de la vida a sus víctimas. Dejan que la gente muera, sin haber tenido ocasión de vivir plenamente. Vampirizan a quienes tienen a su alcance.

El estímulo de doctrinas fanatizadas crea también un fanatismo de signo contrario.

Cuando la concienciación social es más elevada, se obra por solidaridad, no por miedo a las consecuencias.

Para beneficiar a otros, no hay que esperar a tener sentido de culpa.

Cuando uno se cree escogido por Dios para acabar con el Mal en el mundo, debería tener un psiquiatra bien cerca. La soberbia obnubila. La tragedia del mundo actual es que hay demasiados gobiernos en manos de fanáticos e iluminados. No se razona, sencillamente, se trata de anular la creencia diferente.

Faltan científicos razonadores en los puestos de mando y sobran hombres de fe. De fe en sus propias razones.

¿A qué países del mundo puede servir de ejemplo la política actual norteamericana?

No a Europa, ciertamente. El mejor plan de seguridad que podrían adoptar, sería el de tratar con justicia a sus actuales enemigos, que se los ha ido buscando, uno a uno. Torturando y humillando a los pueblos, no se conquista su amor. Los perros torturadores de Irak, han devorado el prestigio democrático de Norteamérica. Tanto como, la humillación constante del pueblo palestino, ha hecho olvidar la historia de víctima que podía alegar el pueblo hebreo. Ahora están, plenamente, situados en el lado de los verdugos. La regeneración depende de que haya un cambio político radical en los gobiernos actuales. Toda su credibilidad la han quemado.

Son hipócritas quienes piden la paz para sus pueblos, olvidando que su propia actividad es la de fabricar armamentos con los que alimentar las guerras que ellos mismos provocan. Produciendo, a su alrededor, una multitud de pueblos con los derechos disminuidos.

Venir ahora a Europa, a instalar un nuevo orden, está fuera de toda conveniencia. Se agradecería un apoyo a distancia. Europa debería ser estimulada, en todo caso, a continuar uniéndose, de forma autóctona y pausada. Sin prisas ni sobresaltos, con razones y buenos modos. Si no se hubiese celebrado la malhadada reunión de las Azores, en la cual todos los intervinientes europeos perdieron su crédito, sirviendo de alfombra al imperio, a estas alturas habría una Europa más coherentemente unida. Allí se destruyeron cincuenta años de colaboración y buenos deseos.

Toda intervención en la política europea de potencias extrañas a la Unión Europea, irá en detrimento de nuestra integridad.

Está claro que ni Rusia, ni Norteamérica pueden estar interesadas en potenciar una Unión Europea firme y estable. Somos la competencia. No hacen más que poner piedras en el camino. Si Europa quiere afirmarse como identidad común, de unos pueblos que van aprendiendo a convivir en paz, no podemos volver a beneficiar la política armamentística de bloques, que ha venido envenenando al mundo, desde la Segunda Guerra Mundial. Bush ya ha demostrado, en numerosas ocasiones, que le interesan más los negocios de armas y petróleo, que las personas que los padecen y Putin, el nuevo Gengis Khan, no le anda a la zaga. El futuro de Europa deberá estar en manos del Parlamento Europeo. Por mal que nos vaya, siempre nos irá mejor que depositando nuestra confianza en manos transatlánticas o transiberianas. El futuro de Europa ha de ser cuidado por europeos comunitarios restringidos. Ya está bien de imperios expansionistas.