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Suicidas y Víctimas

Thursday, April 17, 2008

Morir en holocausto por sus dioses, ha sido habitual en algunas culturas. En la semita y la aria, la víctima debía considerarse bienaventurada por ser seleccionada para tan alto fin: el de morir por su dios. Las Cruzadas están en nuestra historia.

No era esto extraño para alguien formado en la cultura bíblica. Los sacrificios humanos fueron, siempre, una institución entre los pueblos semitas. Tal consideración se ha extendido a nuestros días. Ejemplos de suicidios rituales, para derivar los daños hacia quienes consideren enemigos de sus creencias, se están viendo, con frecuencia, entre algunos islamistas fanatizados. Claro que no sólo entre ellos. Las religiones de origen antiguo han tenido, todas, sus épocas sangrientas

Parece como si, las organizaciones religiosas pertinentes, escogiesen el camino del sacrificio, para testimoniar de sus creencias. Esto, de forma natural, repercute en un mayor apiñamiento en torno al credo de que se trate. El ejemplo de los muertos, sirve de fertilizante a futuras adhesiones. En esencia, no deja de ser una herencia del pasado más primitivo, propio de mentes esclavizadas. Todas las sectas del mundo, pueden ofrecer ejemplos, entre sus seguidores, de tan extrema abnegación. Parece haber técnicas refinadas para la fanatización, tanto individual como colectiva.

Un pasaje curioso de los Evangelios es aquel en el que Jesús recomienda el suicidio a quien escandalizare a un inocente, diciendo aquello de ‘más le valiera atarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al mar.’ ¿Es esto interpretable como incitación al suicidio? ¿O sólo se pide el sacrificio por una causa noble? Al fin, un suicidio con excusa incorporada.

Los holocaustos sangrientos, de animales o humanos, van cayendo en desuso, al abstraerse o sublimarse en los ritos mágicos y ceremonias religiosas. Pero no se excluyen totalmente. Prueba de ello es que, aún en la actualidad, no es raro oír hablar de muertes rituales y auto-inmolaciones. Por supuesto, en las culturas occidentales se pretende vincular dichos sacrificios a ritos satánicos, magia negra, vudú, brujería, fanatismo, o algunas religiones primitivas africanas, pero no siempre es así. Olvidamos, en tanto, que tales prácticas no han sido ajenas a los principios de las ‘civilizadas’ religiones elevadas actuales. Todos los sistemas de creencias de origen antiguo, han ido adaptando sus ritos y costumbres a lo permisible en cada época. La evolución de la sociedad es, siempre, un conjunto permeable.

Para propiciar el ofrecimiento de sacrificios, dedicación y donaciones, se ha de inculcar, antes, en el devoto el concepto de culpa y deuda. Tanto ante el ser divino, como con la organización que se atribuya su representación en la Tierra. El concepto de culpa puede incluso transmitirse de arriba abajo. Según la Biblia, si peca el Sumo Sacerdote, hace pecar a su pueblo. Este principio, de transmisión de culpa, es negado en el Corán. En cambio, algunas religiones orientales, admiten que las desgracias actuales pueden ser debidas a pecados acumulados en existencias anteriores. Según la Biblia, las culpas del Pecado Original se transmiten, desde la Creación, a toda la Humanidad. De generación en generación. Así, no sólo somos culpables por la culpa propia, sino por la heredada en nuestra cadena genética. ¡Complicado lo tienen los científicos que, además, sean creyentes!

Entre griegos y romanos, tanto las vestales como los guerreros, estaban mentalizados para aceptar como un honor, perteneciente a su distinguida clase social, ser ofrecidos en holocausto. Con ello, pasaban directamente a gozar del mundo etéreo de los dioses. El concepto de mártir, en cualquier religión, no es muy diferente en su esencia: Mártir es el fiel que obedece, sin dudar, los que él considera mandatos divinos. Hasta sus últimas consecuencias, dando su vida. Es la ofrenda de su sacrificio, por la propia víctima. Inmolarse por su dios es el máximo mérito que se le puede pedir a un fiel creyente, en cualquier religión. Así, ¿eutanasia no, inmolación religiosa sí?