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Guerras Ideológicas

Thursday, April 17, 2008

Desde la antigüedad, los estamentos sociales más privilegiados han procurado mantener vivas sus fronteras y privilegios, manejando los pueblos a su antojo. Ya en el viejo Egipto, como en Mesopotamia, China o la India, para mantener las diferencias de clases, se prohibían los matrimonios mixtos. Las disparidades se mantenían incluso después de la muerte, en el más allá. Sólo los reyes, sacerdotes y aristócratas tenían acceso directo al cielo. La plebe se moría, simplemente. Todo lo más que consiguieron, en estadios culturales posteriores, fue la vaga promesa de poder sobrevivir, precariamente, entre el frío y húmedo subsuelo. El desarrollo posterior, llevó a los sacerdotes egipcios a admitir que también el pueblo llano podía tener la posibilidad de acceder a una vida de ultratumba aceptable. Pero, eso sí, pasando por un juicio de las almas, para valorar sus acciones terrenales. Por supuesto, en el más allá seguirían manteniendo su baja categoría social, para continuar sirviendo a sus señores.

Con posterioridad, comenzaron los concursos de méritos añadidos, a lo largo de la vida del creyente. La cuestión de fondo es que esos méritos eran, y son, valorados por quien recibe sus beneficios. Al final, todo se convierte en derechos del receptor y obligaciones del dador. La moral de los pueblos, que viene condicionada desde los estamentos religiosos, siempre reserva posiciones de privilegio para sus dignatarios. La credulidad humana, cuando se trata de asuntos que tengan que ver con la vida post-mortem, abre sus tragaderas, para ingerir lo que le echen. Hace unos años, me resultó sorprendente oír, en medio de una noticia de guerra, la garantía expresada por el obispo ortodoxo de Kosovo, a sus fieles serbios: “Quienes permanezcan en la provincia, defendiéndola, irán directamente al cielo.” Esto implicaba que habían de continuar matando y dejándose matar, pero eso no lo aclaraba el predicador. Lo importante era que los kosovares siguieran defendiendo sus templos. El primer pensamiento que se me vino a la cabeza fue: ¿de dónde habrá obtenido información tan confidencial el Pope? Al parecer, la manipulación mental de los serbios kosovares no era privativa de los sucesivos dictadores que gobernaron ese pueblo, como Josef Tito o Milosevic, sino, principalmente, de sus dirigentes religiosos, que identifican raza, religión e identidad nacional en un solo paquete. Cuando los dictadores han ido cayendo, quieren que los serbios sigan defendiéndolos a ellos y a su poder instituido. El problema principal de los Balcanes no es, básicamente, que sus habitantes pertenezcan a distintas etnias. Eso, con las actuales tendencias a la mayor facilidad de movimientos, se soluciona por sí solo, paulatinamente. Pero, si se le suma la pertenencia a diferentes corrientes religiosas, los enfrentamientos son inevitables y perdurables. Las religiones organizadas, prefieren cultivar sus cosechas de mártires, antes que permitir la apostasía de sus fieles. Cualquier guerra balcánica, se puede identificar como guerra de religiones. Con añadidos étnicos, territoriales, económicos, o lo que se quiera. Pero con una indudable base de lucha por el poder religioso. Y una decantación clara de los líderes carismáticos por aquellos que pertenezcan a su grupo. Sean o no justos. Los correligionarios siempre llevan la razón, porque defienden sus mismos intereses. Los muertos propios son nombrados mártires: santos camino del cielo. Los ajenos, agentes del Mal, esbirros de las Tinieblas, que se hundirán, por siempre, en las simas infernales.

¿Cuándo aprenderán, algunos líderes religiosos, a servir a la Humanidad, en vez de servirse de ella? Los tambores de guerra suenan, de nuevo, cercanos.