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Magia de la Palabra

Wednesday, April 16, 2008

En el viejo Egipto, se decía que nada toma ser, si antes no recibió nombre. Con ello se quería expresar el convencimiento de que la palabra es el origen de las cosas. Esta doctrina está bien representada en todas las religiones animistas y espiritistas africanas. En ellas, es fundamental el poder de la palabra. Según los antiguos egipcios, Atom, dios creador egipcio, conocía todas las palabras que definen las cosas, desde la eternidad. Nombrándolas, las creó. La misma Biblia continúa esta doctrina. Yahvé nombraba las cosas antes de crearlas. Y Alá siguió la misma tendencia en el Corán.

En algunas doctrinas, no sólo se piensa que la palabra, por sí, tiene un poder determinado, sino que su misma grafía o sonido, aún careciendo de significado concreto, puede convocar poderes. Así se entiende en el Tíbet, donde existen sonidos sagrados. El poder de las palabras sagradas puede ser incrementado, o disminuido, según quien pronuncie el sonido mágico y en qué circunstancias se haga. En el Animismo, se considera también que toda persona transmite, emana, irradia u origina energías. Y una parte de estas energías es transportada y comunicada por sus palabras, por lo que las palabras encierran de medio poderoso.

Incluso existen palabras sagradas, que no se debían enunciar, como los nombres del Señor. Estaba prohibido “invocar el nombre de Dios en vano”. O, por el contrario, se asegura que, ciertas palabras, atraen sobre quien las pronuncia, los efectos deseados, sirviendo de llave al cumplimiento de sus peticiones. Esto último, está claramente conectado a los conjuros mágicos. Recordemos el Abracadabra, abridor de arcanos. Grabada esta palabra, en escala descendente, sobre un ónice, se colocaba sobre los enfermos, para bajarles la fiebre.

En el Hinduismo, los Hare Krishna, una corriente religiosa de moderna creación, y pretendida antigüedad, que ha trascendido las fronteras de la India, creen que, la pronunciación continuada del nombre del Señor Krishna, produce efectos benéficos sobre la persona que lo recita, contribuyendo decididamente a su salvación. La lógica de tal práctica es la siguiente: El nombre del Señor es parte de su mismo ser. Estando, tal nombre sagrado, omnipresente en nuestras mentes, nos encontramos acompañados por el Señor constantemente. En tal compañía, sólo se puede ascender a los reinos celestiales.

Estos nombres divinos, pueden estar incluidos en mantras, frases, letanías, advocaciones, sonidos o expresiones, a las que se atribuye un poder mágico. Es una práctica habitual, el pronunciarlos en situaciones difíciles, para atraernos su protección.

Esta técnica, seguida en la vida más prosaica, es usada, modernamente, en sicología, propaganda y mercadotecnia. La repetición constante de palabras, o consignas, hace que se fijen en la mente individual, influyendo en su pensamiento.

Dentro del Cristianismo, la repetición de letanías, jaculatorias u oraciones, también se invoca como medio de acercarse a Dios, hacerse perdonar pecados o acumular méritos, para alcanzar un objetivo. En el Islamismo, se confeccionan talismanes, con frases sacadas del Corán, portándolas al cuello, encerradas en pequeños estuches. Estas expresiones sagradas han de proteger al creyente, contra toda clase de contingencias, o malos deseos y maldiciones de sus enemigos. Su efectividad reside en el principio mágico de que el poder está encerrado en la palabra. Las jaculatorias, invocaciones a la divinidad, se repiten, desgranando las cuentas de una sarta de bolas, que ayuda a concentrar el pensamiento en el Ser Divino. Tales instrumentos contables son usados en numerosas religiones, desde la más remota antigüedad.