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Piedras Consagradas

Wednesday, April 16, 2008

A veces, las piedras que, en épocas anteriores, tuvieron un significado religioso, pierden su sacralidad, para convertirse en símbolos de un pueblo. Podemos contar entre ellas el Lorelei, en el Valle del Rin, Stonehenge, al sur de Inglaterra, o el Roque Bentayga, en las cumbres de Gran Canaria. La sacralidad de un objeto no tiene por qué estar asociada con la santidad. Es, más bien, una propiedad de lo sobrenatural. A la que no hace falta añadir valores morales.

Moisés, a quien se puede considerar el padre de la religión judaica, vivió hace poco más de tres mil años. Quizá entre el 1300 - 1220 antes de Cristo, siendo faraón Ramsés II. Si los fastos del culto judaico tienen claras raíces egipcias, muchos de sus conceptos y preceptos anteriores, son de indudable ascendencia babilonia. Ya, quinientos años antes de Moisés, habían sido plasmadas leyes semejantes a las mosaicas, por el rey - sacerdote - semidiós Hammurabi, quien, según tradición, las recibió directamente del dios Samas, rey del cielo, personificado en el Sol. El Código de Hammurabi, escrito sobre piedra, aún se conserva en el Museo del Louvre.

Los templos de Amon-Ra, dios del Sol, eran espléndidos, con todos sus enseres de culto revestidos de oro. El recuerdo de tales templos, se ve vivo en la descripción dada por Moisés para el Templo del Señor. Lo que sí está claro es que, hubo un antes y un después, en la concepción del lugar de culto. Lo que, antes del Éxodo, debía ser un lugar pobre, sencillo, un simple montón de piedras sin labrar, lo más cercano a la Naturaleza posible, se transforma en un conjunto palaciego rutilante, tras la iniciación del Éxodo, bajo el peso y la influencia del oro tomado al pueblo egipcio

Los primeros reyes de Israel, fueron, a su vez, sacerdotes. Al estilo de la época. Los monarcas asumían las funciones sacerdotales, en todos los pueblos circundantes. En el caso de Israel, los reyes no fueron, en muchos casos, precisamente grandes ejemplos devotos para su pueblo. Según algunos escritos religiosos de la época, el primer gran contraventor de la Ley Mosaica, aparte del mismo Moisés, fue Salomón. Al construir el Templo que lleva su nombre, conculcó todas las reglas, dadas primitivamente en la Biblia.

El templo resultó ser lo contrario de lo prescrito a Moisés, por primera vez, en el Sinaí: ‘No os haréis dioses de plata, ni de oro. No subirás por gradas a mi altar. Mi altar será de tierra, o de piedras sin labrar. Claro que, posteriormente, según la versión rabínico farisaica de la Biblia, rechazada por Samaritanos, Esenios, y otras corrientes judías, Moisés recibió de Dios instrucciones minuciosas, sobre su nuevo diseño de altar y templo. Con indicaciones precisas de medidas, materiales, metales a emplear, cantidades de oro y plata que habían de usarse, maderas preciosas, bronce, piedras finas, sofisticados perfumes, etc. Del altar de doce piedras sin labrar, se pasó a construir un templo palaciego, adosado a la residencia real, con toda clase de lujos y multitud de sacerdotes. Todo parecía conducente a resaltar el esplendor de los monarcas.

Entre las indicaciones del Éxodo, para la construcción del Templo, se habla del fuego del sacrificio, en el atrio del Templo, donde, mañana y tarde, se efectuaban sacrificios de corderos, además de las víctimas donadas por los creyentes.

Claramente, el culto giraba alrededor del fuego y del oráculo divino en que se había convertido el Arca de la Alianza. Pareciendo inspirado en las ceremonias zoroástricas y parsis de Mesopotamia. El templo en sí, con columnas revestidas de oro y plata, puede haber tenido la misma disposición que los templos egipcios de Amon-Ra, atendidos por cientos de poderosos funcionarios sacerdotales. ¿Alguien conoce ejemplos similares?