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Hipocresías y Remordimientos

Wednesday, April 16, 2008

Quienes buscan realizar su vida, a través de la muerte de otros, han equivocado el camino y la meta. La vida se alienta con más vida, no con destrucción y venganzas.

La fanatización de occidente, no puede ser la respuesta a los actuales fanatismos orientales. En esta lucha por la primacía, que mantienen los clanes religiosos, deberían primar los intereses laicos de la inmensa mayoría de la población mundial. Las cabezas de las distintas corrientes de creencias, no deberían involucrar a todo el mundo en sus rencillas, sobre la primacía de una u otra teoría teológica.

Arrastrando a sus seguidores en sus luchas de poder, a través de las creencias, no sirven a sus dioses, sino a sí mismos. Avaricia, hipocresía y soberbia, son los tres grandes pecados de quienes se creen mejores, aplicándose, con ventaja, su propia baremación amañada. No deberíamos estar inmersos en una guerra de creencias particularizadas, sino en la inserción pacífica de la primacía de la razón universal, en la civilización actual. El poder concentrado en manos religiosas, siempre tiende a lo absoluto. El rival queda reconvertido en enemigo.

Las conciencias no se conmueven por los mismos motivos, en una u otra religión. En los sistemas de creencias asiáticos se da poca, o ninguna, importancia al arrepentimiento. Pues su expresión no modifica el hecho originario. Toda actuación pone en marcha sus consecuencias. Desde su realización. De forma irreversible. No cabe arrepentirse de lo actuado. Da igual que se cause personalmente un accidente por ir a una velocidad inadecuada, o que el suceso se haya originado por la imprudencia culposa de contratar medios de transporte impropios, para personas que no pueden eludir su uso.

Como en el caso del Yak 52. La responsabilidad está en el inicio de la acción, no en su desenlace. Nadie deseaba la muerte de los accidentados, pero el siniestro no habría ocurrido, si se hubiesen respetado las leyes de la prudencia. Ahora, nada puede volver a su origen. El agua que salía ayer de una fuente, no es la misma que sale ahora. El mal se esconde en el proyecto original, no en la obra finalizada. El arrepentimiento no influye en el pasado. Aunque el propósito de enmienda pueda orientar acciones futuras, la responsabilidad del pasado subsiste. La justicia solicitada por los perjudicados, puede sonarles a venganza a los causantes. Realmente, pocas veces hay diferencia entre una y otra. Sólo el punto desde donde se mire, difiere.

El “ojo por ojo y diente por diente” ya era ley en Mesopotamia, el actual Irak, mil años antes de Moisés. Y, entre los musulmanes, el Corán incluso perdona la venganza, promoviéndola.”Dios auxilia a quien castiga, del mismo modo que fue castigado, si luego es oprimido. Dios es absolvente, indulgente”.

El derecho consuetudinario de los pueblos, tiene sus raíces en los posos restantes de las distintas religiones que tuvieron asiento en su territorio. Las costumbres de la comunidad actual, guardan las huellas de su pasado. Por tanto, influyen en las leyes. No entienden de igual forma los derechos del individuo quienes hayan sido educados en distintos credos. Una vez se implante una corriente religiosa cualquiera, en una sociedad, su ética impregna todas las instituciones. Las leyes, las costumbres, las enseñanzas, la sociedad, en suma, cambian cuando se alteran las creencias. No es lo mismo vivir en una sociedad libre, de ciudadanos racionales, sin dogmas ni obediencias ciegas, que hacerlo en una dominada por creencias irracionales y doctrinas integristas. Con la estructura piramidal y aristocrática de la obediencia debida. En una sociedad así, sólo puede dominar la hipocresía institucionalizada. Deseemos el reinado de la razón. El fanatismo es como una enfermedad contagiosa; inficiona todo lo que encuentra a su paso.