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Cambios y libertades

Wednesday, April 16, 2008

La amenaza a la convivencia humana, no viene de ninguna religión en particular, sino de los fanáticos en general. Sean de la creencia que fueren. Hay fanáticos de cualquier creencia. En el fanatismo está el peligro, no en la creencia. Mal iría España, si la política exterior se hiciese según las conveniencias de Washington, y la interior se susurrara, desde Roma, en los confesionarios, cuando no se trate de forzar con manifestaciones ruidosas y emisoras trasgresoras.

Cualquier principio religioso, tiene implicaciones sociales. Y, al revés; las reglas sociales suelen tener justificaciones religiosas. En las comunidades primitivas, la imbricación de ambos principios, hace que los conceptos se confundan. Formando la vida religiosa y la social un núcleo inseparable. Si los condicionantes sociales forman parte del individuo, los religiosos son la esencia misma de lo que condiciona su espíritu. Así, cuando unos y otros se enmarañan, como sucede en toda sociedad ancestral, al ser humano le queda muy poco espacio para maniobrar su libertad. La petrificación social se produce, por generación espontánea.

Todo camino fija la meta. El hombre es su propio artífice. En él se hallan el origen y la causa. Todo su ser está, al tiempo, condicionado, y es condicionante. Cada cual se realiza, llevando a la práctica sus tendencias naturales. El individuo, en libertad, consigue la felicidad, ejerciendo la armonía de su propia naturaleza. Los conceptos de Bien y Mal, son siempre relativos. Lo que puede ser bueno para unos, en un momento dado, podría ser malo para otros, en ese o diferentes instantes.

La identificación armoniosa del individuo, consigo mismo y con el Universo, es lo que le confiere pureza, libertad y felicidad. Es la comprensión lo que conduce a la libertad. Para ser libre, se han de haber comprendido las verdades fundamentales de nuestra existencia, llegando a la iluminación temporal y, por ésta, a la liberación vital. Nada se alcanza soñando, sino realizando los sueños, en plena consciencia.

La libertad individual, a la que aspira el humano, no es nada irregular o infrecuente. Para encontrar personas felices, se han de buscar entre aquellas que se consideren libres. La libertad es la puerta. Puede decirse que esto es la regla, más que la excepción. Para que el individuo con buenas intenciones, se mueva en libertad, dentro de sus creencias personales, ha de disipar la rigidez del dogma. Los misterios asumidos como tales, no se aclaran solos. Se ha de buscar el reto de la revelación trabajada. Cada uno por sí.

Si bien el hombre primitivo, acosado por las necesidades y condiciones extremas de su vida diaria, no debió tener mucho tiempo libre para filosofar, pues su problema cotidiano acuciante a resolver era, cómo llegar vivo al día siguiente, lo patente es que, con el tiempo, las condiciones de vida de cada pueblo, determinaron también la naturaleza de sus creencias y dioses. En nuestro siglo, también están cambiando las cosas, de forma acelerada. La lluvia de conocimientos que nos alcanzan cada día, es más copiosa que la que pudo llegar a cualquier humano durante toda su vida, en otros tiempos. Nuestra mente no permanece inerte. Queramos o no, la voluntad no cuenta. La lluvia sigue empapándonos.