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Hermetismos Circulares

Tuesday, April 15, 2008

Principio y fin de todas las cosas. El punto de partida es el de llegada. El círculo del derviche. El centro está siempre a la misma distancia, por mucho que gire. Hay quien, sin aclararlo, rechaza la democracia, por considerarla disgregadora. Lo estimado perfecto, la pirámide social, no se discute, se acepta. Con límites a la expansión del espíritu y la adquisición de conocimientos, no tendremos nunca la tentación de “querer ser como dioses”. Pretender avanzar, cambiar las cosas, querer saber siempre algo más, es considerado un pecado de soberbia, de vanidad, por quienes están en la cúpula …la tentación de Belfegor. Realmente, el peligro lo ven en el espíritu mismo de la ciencia. En ciencia no se cree, se investiga, se disiente, se prueba, se demuestra. La creencia es la antítesis de la ciencia. Si, quienes predican la verdad única, la que ellos representan, logran meterte en su botella inexistente, estás atrapado, perdido.

No pensarás más. A la mosca no se le muestra la salida de la botella, porque, realmente, está encerrada en sí misma. Se autolimita. La botella, es decir, el límite exterior, el de sus conocimientos, no se ve, porque no existe. La persona es lo que es, como suma y resumen de todo lo que ha sido. Las restricciones a su vuelo, le vienen dadas por la propia limitación de sus fuerzas. La formación marca el camino. Se te permite volar sólo en espacios acotados. Siempre áreas más pequeñas de lo que seas capaz de alcanzar. Y, si te pasas del límite, marcado por él, por ellos, por los perfectos, por los que se creen divinos, con derecho a limitarte, entonces estás trasgrediendo las reglas, sus reglas, has faltado, y sólo ellos pueden borrarte la mácula. Si no prometes volver al redil, te espera un castigo eterno, eterno, eterno….

Ya jamás tu vuelo será libre. Te moverás en círculos marcados, cerrados, sin atreverte a salir por el mismo camino que entraste. Principio y fin…Las creencias irracionales, las magias todas, no son sólo una droga del cerebro, sino cárceles del alma, del espíritu, del pensamiento. Sus defensores atacan a quienes se niegan a mover el mundo a su dictado. Y, si tienes prisas por llegar a otra parte, usando caminos diferentes, te harán saber que los atajos conducen al precipicio de “irás y no volverás”.

Parece que estamos siendo abocados a vivir otra época de pensamiento único. La dirección está clara. Todas las flechas orientan hacia un punto ideal, de donde ha de llegarnos la iluminación. Quien no sepa verlo, quedará en la oscuridad.
Cuando, los grandes comunicadores de verdades prefabricadas, empiezan a valorar la verdad mágica de sus palabras, por encima de la verdad científica, debemos principiar a temer, como rebaño dócil que se deja conducir, si nuestro pastor se ha confundido de estrella guía y nos puede estar conduciendo, él mismo, al precipicio.

Cuando nos hacemos preguntas, sobre algo que desconocemos, nuestra inquietud intelectual nos lleva a buscar respuestas. Y esto conduce a dos caminos de solución: La fantasía o la investigación. Si nos servimos de la imaginación pura y la inventiva, crearemos una fábula, más o menos razonada, pero irreal. Estos son los relatos que, sobre el origen del Universo real, y sus dioses de fantasía, encontramos en todos los sistemas de creencias. Tan variados, en sus miles de versiones, como cualquier literatura infantil fantástica. Cuando, en vez de fantasear, tratamos de investigar y razonar, para llegar a la verdad, estamos creando ciencia. Indudablemente, el camino de la ciencia es más difícil, lento y complicado que el de la fantasía. Cualquier pequeño paso adelante, en el mundo de las ciencias, no se da en el vacío, está cimentado sobre el trabajo, arduo y lento, de anteriores investigadores del conocimiento.